Servicio Bíblico Latinoamericano
Abril de 2000
Sábado 1 de abril del 2000
HUGO
Os 6, 1b-6: Quiero misericordia y no sacrificios
Salmo 50, 3-4.18-21
Lc 18, 9-14: El publicano bajó a su casa justificado y el fariseo no
n nuestra cultura contemporánea, sentirse seguro de sí mismo equivale a despreciar a los demás. Pero, esa afirmación de sí no nace de una maduración de la personalidad, sino de considerarse superior a los demás, bien sea por las posesiones, por los conocimientos, por la posición social o por cualquier otra cosa accesoria. El hombre y la mujer contemporáneos se autoafirman en el tener.
Jesús afrontó la oposición de muchos que por conocer la ley y por estar cercanos a los círculos de poder se consideraban superiores a los demás, en especial superiores a los personas socialmente excluidas.
En la parábola que leemos podemos contemplar a un fariseo que se presenta en el templo lleno de su propia soberbia y desprecia al publicano porque lo considera un hombre pecador, un hombre impuro. Los publicanos ciertamente no eran pobres, pero sí eran los más despreciados en los prejuicios culturales por trabajar para el Imperio. El publicano encarnaba la suprema desvergüenza, la máxima falta de honor y la peor traición; gentes consideradas de mala calaña a los ojos de israelitas pobres y ricos.
Jesús desmiente esa supuesta supremacía de los "hombres justos" y prestigiosos sobre los "pecadores" y desprestigiados, con un argumento tan cierto como sencillo: no por creerse mejor se es efectivamente mejor que los demás. A los ojos de Dios y en el balance que cada uno hace de su propia existencia, lo único que cuenta es la verdad y el amor. El autoengañarse y despreciar a los demás dejan como único saldo el aislamiento y la infelicidad.
Domingo 2 de abril del 2000
Cuarta semana de cuaresma
FRANCISCO DE PAULA
2 Cr 36, 14-17.19-23: La ira y la misericordia del Señor se manifestaron por el exilio y la liberación del pueblo
Salmo 136, 1-6
Ef 2, 4-10: Están salvados por la gracia y la fe en Jesús
Jn 3, 14-21: Dios mandó a su Hijo para que el mundo se salve por Él
a sección del evangelio que hoy leemos es la segunda parte de la enseñanza que Jesús dirige a Nicodemo. Este había acudido a Jesús en la noche, por una parte por temor a sus colegas los Maestros de la ley y, por otra, porque esperaba que Él le revelara algún recóndito secreto. La respuesta de Jesús sorprende a Nicodemo: Jesús le demuestra que se requiere cambiar de mentalidad como primera condición para comprender el Nuevo Mensaje.
El evangelio nos presenta tres símbolos que a primera vista no tienen mucha relación entre sí. Primero, la serpiente del desierto (Num 21, 4-9). Luego, el Padre que entrega al Hijo y, por último, la luz que vence la tiniebla.
El primer símbolo está tomado de la cultura oriental. La serpiente representaba los poderes curativos. Los médicos antiguos llevaban un bastón, de metal o de madera, que tenía grabada la figura de una serpiente. El Antiguo Testamento narra cómo Moisés utilizó el símbolo de la sanación para tratar de curar al pueblo descarriado. Jesús retoma esa idea y la aplica a la muerte en la cruz. La figura del hijo del hombre levantado en la cruz es un símbolo de salvación para toda la humanidad.
La cruz era en el mundo antiguo un atroz castigo que sólo se aplicaba a los prisioneros de guerra o a los que se revelaban contra el imperio. El símbolo de la cruz espantaba a la mayor parte de personas porque les recordaba un abominable castigo. Con la muerte de Cristo, el símbolo del dolor y la arbitrariedad humana se convirtió en signo de salvación, de redención para todo el pueblo. Una situación de muerte fue trasformada en una ocasión para propiciar la vida. Como ocurrió con el pueblo de Israel durante el Exilio.
La deportación de los Jefes de Israel, las personas más prestigiosas, los sabios y los artesanos, cinco siglos antes de Cristo, dejó una huella indeleble en el pueblo. La dolorosa experiencia del exilio les ayudó a comprender que su fuerza radicaba en la confianza que tenían en el Dios de la Vida. De este modo una situación de muerte se convirtió en una ocasión para fortalecer su opción por le Dios de la Vida.
El segundo símbolo, nos presenta a Dios como un Padre generoso que ama tanto la humanidad que no duda en entregar a su propio Hijo. Este símbolo resulta difícil de entender para las personas que esperaban que el Hijo de Dios se manifestara por medio de cataclismos cósmicos. Jesús se manifiesta en su amor por todas las personas, en su servicio al pobre, en su aprecio por los excluidos, en fin, en todo aquello que parece débil, frágil y sin importancia para los individuos que ambicionan y detentan el poder.
En este mismo sentido Pablo exhorta a los efesios para que descubran que la riqueza de Dios es su desmedido amor por los débiles, marginados y excluidos. Las prácticas, obras y acciones que manifiestan el amor de Dios hacen patente la presencia de Cristo y anticipan nuestra propia resurrección. La resurrección comienza en la vida presente cuando trasformamos las promesas de Dios, su amor por toda la humanidad, en una realidad. Por esta razón, la salvación no consiste en una búsqueda de seguridades personales en el plano religioso, social y económico. La salvación consiste en vivir con generosidad y solidaridad el amor de Dios. El Padre generoso se da por completo y entrega a su Hijo para que nosotros vivamos en plenitud.
El símbolo de la luz que vence la tiniebla es uno de los más desarrollados por Juan. Expresa la lucha del bien contra la indiferencia, la negligencia y el pesimismo que rondan a la humanidad. Jesús ilumina nuestra existencia con una luz tan intensa que no queda lugar para el temor. La presencia de Cristo, entonces, nos impulsa a la búsqueda de la verdad, al deseo de iluminar bajo una nueva luz la realidad de muerte y de miseria que invade a la humanidad.
La lucha entre la luz y la tiniebla expresa el conflicto permanente entre las prácticas humanas que fortalecen la vida y aquellas que lanzan al ser humano hacia la muerte. El conflicto no se produce entre ideas difusas, sino entre acciones que se encaminan concretamente en un sentido o en otro. La luz se identifica con la búsqueda de la verdad, con la defensa de la infinita dignidad del ser humano, con la experiencia de una vida plena. La tiniebla se identifica con la violencia, opresión, explotación, marginación y alienación. La luz convierte la existencia en un camino gozoso de permanente encuentro con Dios y con la comunidad. La tiniebla expresa la angustia que produce la ambición del poder, el deseo de dominar a los otros y la angustia de la desesperanza.
Los tres símbolos (el crucificado, el Padre que envía al Hijo y la lucha entre la luz y la tiniebla) nos ayudan a comprender que la misión de Jesús consiste en trasformar situaciones de muerte en esperanza de vida. La acción de Jesús adquiere de este modo un significado fundamental para nuestra vida cotidiana. Nos llama a despertar y a descubrir que nuestra posición ante la vida jamás puede ser neutral. O estamos a favor de la vida o en contra de ella. Estamos en busca de la verdad o viviendo de las mentiras. Pero, como Nicodemo, necesitamos cambiar nuestra forma de pensar para comenzar a trasformar nuestra existencia.
Para la revisión de vida
Nicodemo se acercó a Jesús. Le movía la curiosidad, el deseo de escuchar una palabra especial, la revelación de algún oscuro secreto. ¿Por qué quiero yo acercarme a Jesús? Pero antes, ¿quiero yo acercarme por la razón que fuere a Jesús? ¿Deseo encontrarme con él? Si así fuera, si pudiera tenerle en frente y cuestionarle, ¿qué le preguntaría?
Nicodemo espera la llegada de la noche para buscar a Jesús. Era evidente su miedo a ser visto y delatado a esos judíos que por conveniencia no aceptaban al galileo. ¿Tenemos también el mismo miedo a que se nos descubra como seguidores de Jesús? ¿Seguidores de Jesús en sentido real y concreto, luchando por la justicia y la verdad?
Para la reunión de grupo
La muerte en cruz era un escándalo, la muerte más atroz. Esa experiencia de muerte es transformada por Jesús en símbolo de vida y libertad. Pero ya no se mata a los inocentes en cruces como la de Jesús. ¿Cómo es crucificada hoy día la gente que lucha por hacer del mundo un hogar donde se comparta el pan y el amor?
Dios mandó a su Hijo para que el mundo se salve por Él; no lo envió para condenar, sino para que el mundo se salve por él. Pero de hecho muchas veces el cristiano se siente más juzgado que salvado, y siente la moral como un deber exterior e impuesto. ¿A qué se debe? Si el Evangelio es Buena Noticia y Dios es pura voluntad de salvación, ¿qué es lo que puede estar no funcionando?
Para la oración de los fieles
-Para que sean iluminados nuestros corazones con la luz que brota de la esperanza de los débiles y marginados del sistema, roguemos al Señor...
-Para que nos decidamos sin demora a incluir en nuestra vida diaria acciones que, como las de Jesús, irradien luz y solidaridad, roguemos al Señor...
-Por los que no saben de dolores verdaderos, de injusticias planificadas, de pobreza globalizada, para que se abran sus ojos a la verdad, roguemos al Señor...
-Por los niños y adultos que hoy siguen muriendo "antes de tiempo", por los "pueblos crucificados", para que seamos para ellos señal y compromiso de liberación, roguemos al Señor...
-Para que nuestra conducta sea correcta e incorruptible, de forma que nunca temamos a la verdad ni prefiramos a las tinieblas, roguemos al Señor...
Para la oración comunitaria
Dios todobondadoso, Padre y Madre de la humanidad, que en Jesús has levantado ante el mundo la señal de que quieres que todos los hombres y mujeres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad: cuenta con nosotros para hacer patente ante el mundo esta salvación, mediante el testimonio de nuestra propia vida llena de tu presencia y de tu amor contagioso. Por Jesucristo nuestro Señor.
Lunes 3 de abril del 2000
RICARDO, SIXTO
Is 65, 17-21: Ya no se oirán gemidos y llantos
Salmo 29, 2.4-6.11-12a.13b
Jn 4, 43-54: La curación del hijo del funcionario oficial
n todas las épocas la gente está pendiente de las curaciones milagrosas, de las manifestaciones que se salen de lo común y presentan algún atractivo como espectáculo. Se diría que, en estos casos, la fe es proporcional a la novedad del acontecimiento. La lectura de hoy nos ilustra la actitud de Jesús al respecto. El no quiere hacer de la fe una feria, sino ayudar a que el ser humano conserve la esperanza.
Después de sus acciones en tierras extranjeras, Jesús vuelve a Galilea a enfrentar el ritmo de la vida cotidiana. Debe alternar, como es habitual, la enseñanza a los discípulos y la predicación a las multitudes. Acaba de llegar y un funcionario real sale en su búsqueda y le pide que intervenga a favor de un niño que está en peligro de muerte.
La respuesta de Jesús nos sorprende: "Como no vean señales espectaculares, no creen". Quizás los lectores del evangelio esperaban una acción excepcional de Jesús o tal vez el padre del niño estaba a la espera de un gesto maravilloso. Pero, no hay tal gesto, porque para Jesús lo esencial es la fe en el Dios de la Vida, la confianza en que siempre hay algo que se puede hacer para apoyar la vida. Lo más maravilloso es nunca perder la esperanza. Pero, esto no es un espectáculo exterior, sino que ocurre al interior de las personas, y cambia su manera de pensar y de actuar.
La curación del niño ocurre con la mayor sencillez. Es una expresión de fe. No hay ninguna aclamación de espectadores admirados por un prodigio. Sólo están en escena Jesús y el funcionario real. Al final y por boca de otros, el funcionario se de entera que su niño está fuera de peligro. Entonces, sin alarde, este hombre con toda su familia comienza a creer en Jesús, en la capacidad que este Hombre tiene para trasformar las situaciones de desesperación y pesimismo. La fe trasforma en vida todo aquello que comienza a morir por la desesperanza.
Martes 4 de abril del 2000
GEMA, GALGANI, ISIDORO DE SEVILLA
Ez 47, 1-9.12: Del templo saldrá un manantial de vida
Salmo 45, 2-9
Jn 5, 1-3.5-16: La sanación de un enfermo en la piscina de Betesda
a palabra Betesda significa "foso", como el que se usa para arrojar desperdicios, o guardar animales. Allí se concentraba un gran número de enfermos: ciegos, cojos y lisiados, a la espera de que brotara agua de la fuente y revolviera el agua de la piscina. Ellos creían que el agua se agitaba por la acción de algún ángel que bajaba del cielo, y que el primero que la tocara quedaría sanado. Lo cierto era que el agua no se movía mucho y los que se curaban eran muy pocos.
Jesús encuentra a un hombre que ha vivido postrado toda una vida (38 años). Su enfermedad le impedía moverse para ponerse en contacto con el agua curativa y no tenía dinero para pagarle a un ayudante que lo llevase hasta la fuente. Cuando Jesús le pregunta: "¿Quieres quedar sano?", el hombre enfermo le contesta que no tiene maneras para acudir a la salvación tradicional: "no tengo quién me lleve". Jesús, entonces, lo anima para que se incorpore y abandone el lugar. Pero, el enfermo no anda mucho porque los opositores de Jesús tratan de impedirlo. De este modo, la liberación del hombre se ve amenazada por el legalismo de unos pocos.
El episodio de hoy nos deja un mensaje muy claro: la salvación de Dios sale al encuentro del ser humano. Jesús es una fuente de agua viva que corre hasta donde se encuentran las personas marginadas y las libera. Él es el enviado de Dios que agita las estancadas aguas de la existencia humana y las reaviva poniéndolas en movimiento. Su acción no se detiene por las barreras humanas. Saca a la humanidad del turbio foso de la desesperanza y los convierte en un río que fluye constante y creciente hacia la plenitud.
Tremenda, la expresión del enfermo: "No tengo a nadie..." (Non habeo hominem). Muchas personas "no tienen a nadie". Están esperando que nosotros llenemos esa carencia, ese vacío.
Miércoles 5 de abril del 2000
VICENTE FERRER
Is 49, 8-15: Liberen a los cautivos y salgan a la luz los que están en tinieblas
Salmo 144, 8-9. 13cd-14.17-18
Jn 5, 17-30: Mi Padre sigue actuando y Yo también actúo
l primer relato del Génesis nos dice que Dios creó el mundo en seis días y el séptimo descansó. Sin embargo, la creación no cesa de renovarse nunca porque Dios en cada momento crea de nuevo el universo. La mano de Dios continúa actuando en la historia humana por medio de los seres humanos que hacen posible la vida frente al caos y la destrucción.
En el episodio que hoy leemos en el Evangelio, vemos como Jesús enfrenta a sus opositores con una certeza irrebatible: la obra más excelsa de la creación es el ser humano. Las realidades de orden cósmico, vegetal, animal, social y cultural están al servicio de la vida humana. Por lo tanto, la vida de un ser humano no puede estar sometida a los requerimientos institucionales y mucho menos a las prescripciones religiosas. Porque la voluntad de Dios es que el ser humano viva y que su existencia sea un camino hacia la plenitud. "Gloria Dei, homo vivens", decía san Ireneo de Lyon: "La gloria de Dios es que el ser humano viva".
Hoy vivimos una situación muy difícil. La naturaleza y la cultura de muchos pueblos está amenazada. Las leyes del mercado legislan por encima del valor de los pueblos y de las personas. Los seguidores de Jesús estamos llamados a hacernos de parte del Dios de la vida y a trabajar para que la creación continúe. Nuestra tarea es ser continuadores de la obra creadora de Dios. Porque la primera y la última palabra de Dios no es la muerte sino la vida. Defender la vida de la naturaleza, de los pueblos y de cada ser humano es continuar la obra que Dios, es actuar como Dios mismo, y es realizar la misión que El nos encargó.
Jueves 6 de abril del 2000
MARCELINO, EDITH
Ex 32, 7-14: El becerro de oro
Salmo 105, 19-23
Jn 5, 31-47: Moisés en quien han puesto su esperanza, será su acusador
l éxodo puso al descubierto la terquedad del pueblo de Dios. Moisés batallaba día y noche tratando de orientar la comunidad hacia la "tierra prometida". Exhortaba al pueblo para que se comportaran como una comunidad de seres humanos libres. Sin embargo, el pueblo prefería buscar seguridades inmediatas y se fabricaba ídolos a su propia medida. Ídolos que exigían la sangre de las personas, el poco dinero que llevaban, la atención y dedicación total. En otras palabras, ídolos que los esclavizaban y volvían insignificante la liberación de Egipto. El pueblo no quería ser libre porque la libertad le producía angustia. (Puede ser bueno recordar el libro de Erik Fromm, "El miedo a la libertad").
En este episodio, encontramos a Jesús discutiendo con los judíos acerca de la veracidad de su testimonio. El pueblo había hecho de la interpretación literal de la Escritura un camino hacia la esclavitud. Eran incapaces de reconocer la novedad de Dios por atarse a las antiguas seguridades. Como el pueblo hebreo lloraba en la antigüedad por las cebollas de Egipto y se fabricaban ídolos para mitigar la incertidumbre del éxodo hacia la libertad, así los contemporáneos de Jesús hacían de sus propias tradiciones y de algunas minucias de la ley una fuente de seguridad ante la incertidumbre que producía la propuesta de Jesús. Los judíos se empeñaban en mirar hacia atrás para no mirar el horizonte que abría el Maestro de Galilea.
La actitud obstinada y el temor ante la novedad impidieron que la propuesta de Jesús fuera aceptada. Mas, tal actitud no fue obstáculo para que Jesús realizara su misión.
Vivimos una situación muy parecida. Muchas teorías y doctrinas que en el pasado abrieron camino, hoy se convierten en un obstáculo para seguir avanzando, para abrir nuevos caminos. Pero, no podemos seguir dando las respuestas de siempre a las nuevas preguntas. El evangelio nos invita a innovar y a descubrir que Jesús continúa actuando en la comunidad y dando respuestas nuevas al hombre y la mujer de hoy.
Viernes 7 de abril del 2000
JUAN BAUTISTA DE LA SALLE
Sb 2, 1a.12-22: La presencia del hombre justo resulta incómoda para los déspotas
Salmo 33, 17-21.23
Jn 7, 1-2.10.25-30: Intentaban arrestarlo, pero todavía no había llegado su hora
a presencia de Jesús resultaba tremendamente incómoda para sus adversarios. Por esto, intentaban restarle importancia descalificándolo ante el pueblo. Una de las cosas que más le criticaban era que conocían sus orígenes humildes, su familia pobre y su condición de hombre sin estudios superiores.
Los opositores se imaginaban que el Mesías debía venir del cielo, o por lo menos de una familia prestigiosa o reconocida. Soñaban con un redentor todopoderoso que tuviera la fuerza de las armas o, al menos, la fuerza de la erudición rabínica. Pero Jesús con su estilo popular y su forma de hablar sin ambages no encajaba en este molde. Además de esto, no aceptaban a Jesús porque denunciaba la injusticia del sistema social y económico, encubierto por las instituciones religiosas. Les parecía absurdo que un hombre salido del pueblo tomara cuentas de sus acciones y los desenmascarara ante la gente. Buscaban la ocasión de arrestarlo y eliminar el peligro que representaba.
En la actualidad descubrimos situaciones similares. Muchas personas sencillas buscan la verdad de acuerdo a sus medios. Denuncian las situaciones injustas y desenmascaran los juegos del poder. Sin embargo, esta actividad no es bien vista por quienes manipulan el poder económico y social. La presencia de estas personas les resulta tan incómoda que buscan la manera de anular su acción. Algunas veces por la vía moral, descalificándolos en público. Otras veces por la vía psicológica, amenazándolos constantemente, limitando sus movimientos, creando la sensación de una amenaza permanente. Si esto no surte efecto, buscan la solución definitiva...
Sábado 8 de abril del 2000
DIONISIO, CONSTANZA
Jer 11, 18-20: Yo era como un cordero manso llevado al matadero
Salmo 7, 2-3.9-11
Jn 7, 40-53: ¿Acaso puede venir de Galilea el Mesías?
ara los fariseos, ignorar la Ley era causa de condenación. La mayor parte del pueblo sencillo y pobre no poseía un buen conocimiento de toda la extensa legislación mosaica. Es más, la mayoría sólo tenían noticia de unos pocos preceptos referentes a la convivencia social y al decálogo. Por esta razón, eran considerados unos malditos a los ojos de los doctores de la Ley.
La religión de Israel que era en sus orígenes una religión popular se había convertido en una religión de élite. La cantidad descomunal de tradiciones y preceptos paralelos a la Biblia no eran accesibles a la mayor parte de las personas. La teología era sumamente complicada y sólo se enseñaba en las escuelas rabínicas a selectos grupos de alumnos. A la mayor parte del pueblo le quedaba muy difícil conocer a Dios por medio de los complejos sistemas teóricos, esotéricos y teosóficos que estaban solamente en poder de los escrituristas. Los Maestros de la Ley como eran los únicos que tenían este conocimiento manejaban a la masa a su antojo. Contradecirlos era a sus propios ojos, ni más ni menos, que contradecir la misma voluntad divina.
Las despiadadas maldiciones que dirigen contra el pueblo sencillo e ignorante están contenidas en el libro del Deuteronomio. Se aplicaban en la época de Moisés contra aquellos negligentes que hacían caso de la legislación y se empeñaban en no cumplirla. A pesar de que estaban destinadas para otras ocasiones, los escribas las dirigían contra la gente ruda. Especialmente contra los campesinos y los extranjeros.
En la actualidad pasamos por una situación parecida. El pueblo sencillo e ignorante es víctima de las personas que controlan la ciencia y el conocimiento. En el plano religioso, la mayor parte de los fieles están muy lejos de comprender los complicados sistemas teológicos y las arduas disquisiciones eruditas. El pueblo quiere acercarse a Dios desde la sencillez del corazón, pero el rigor de ciertas ortodoxias se lo impide.
Domingo 9 de abril del 2000
Quinta semana de cuaresma
DEMETRIO
Jer 31, 31-34: La nueva alianza: escribir la palabra de Dios en nuestro corazón
Salmo 50, 3-4.12-15.18-19
Hb 5, 7-9: Jesús se ha convertido en autor de salvación eterna
Jn 12, 20-33: Si el grano muere da mucho fruto
urante mucho tiempo se ha pensado que el contenido fundamental del cristianismo era una doctrina. Pero, al leer atentamente los evangelios nos damos cuenta que los discípulos no proclamaban una doctrina, una teoría, sino la vida y obra de Jesús. O lo que es lo mismo: presentaban su experiencia de Dios en la persona de Jesús, y narraban la historia de Jesús de Nazaret. Toda la Biblia es así: no contiene teología dogmática abstracta, sino "teología narrativa".
El cristianismo se define como la adopción de una actitud ante la vida semejante a la actitud que el mismo Jesús tomó. "Creer como Jesús", diríamos, que es más que "creer en Jesús", y que incluye un amistad con él, su seguimiento. Es muy diferente aprender y dominar las enseñanzas de una doctrina a entablar una amistad con una persona. Lo esencial en el seguimiento de Jesús es el trato amable, la relación interpersonal, el conocimiento de su persona y, sobre todo, la aceptación cordial y la adhesión vital a la lucha por su Causa: el Reino. Sólo cuando se han dado estos pasos en esta dirección es posible avanzar hacia un seguimiento. Jesús no nos propone aprendernos de memoria la Ley y los Profetas sino aprender a vivir como Hijos de Dios, como él nos enseñó.
El seguimiento de Cristo es una propuesta abierta a toda la humanidad. Es un punto de confluencia para quienes buscan la verdad en la trascendencia, en la alteridad, en la ética. Pero, no siempre ha encontrado buenas respuestas. Incluso, en su nombre se ha hecho todo lo contrario. Existe siempre una tentación de cerrar las puertas y convertir el cristianismo en una religión de élites. Esa tensión entre la apertura y el enclaustramiento se nota también en la historia de Israel, y es un punto de no pocos conflictos.
En los textos proféticos hay dos tendencias opuestas: la ecuménica y la sectaria. La ecuménica aboga por la apertura de Israel a los paganos. La sectaria, por la confrontación de Israel con las naciones extranjeras. La ecuménica entiende la relación con Dios como una vinculación hecha a partir de las opciones vitales, la interiorización de la ley y, sobretodo, de solidaridad con todas las naciones. El profeta Jeremías toma esta orientación y propone al pueblo de Dios la celebración de una Nueva Alianza. Pero no una repetición de la antigua. Ni siquiera una reformada.
Jeremías ve la necesidad de fundar la relación con Dios en algo diferente a la Ley escrita en tablas de piedra. Porque la antigua alianza se prestaba para extremos. De un lado estaban los que la cumplían minuciosamente, pero ignoraban el Espíritu; cumplían con la forma de la ley para poder infringir su contenido; la reclamaban como patrimonio exclusivo de un pueblo para dejar a las demás naciones por fuera. De otra parte, estaban los que intencionadamente la ignoraban, para violar el derecho ajeno. La solución no era meter en cintura a los infractores, porque otro nuevo castigo sólo redundaría en beneficio de una nueva infracción. La solución era cambiar esos preceptos externos por actitudes vitales, por opciones de vida. En pocas palabras, hacerla universal y accesible a todos los seres humanos. Pero esta solución no estaba a la vuelta de la esquina.
El evangelio de Juan nos muestra cómo la propuesta de Jesús se abre a todos los pueblos. Jesús nos revela cómo la relación con el Dios de la historia no está restringida al cumplimiento de un conjunto de normas religiosas. La relación con Dios se funda a partir de Jesucristo en un vínculo de afecto con el Autor de la vida y en la solidaridad sin límites con los seres humanos excluidos y marginados, en el marco del proyecto de Dios: el advenimiento de su reinado. La función de los seguidores de Jesús, como harán Andrés y Felipe, es facilitar el contacto con el maestro, no tender un muro alrededor de él.
En este discurso de Jesús que nos presenta el cuarto evangelio, se insiste en que la humanidad es el lugar donde Dios se revela. Ya no lo hará en lo alto de una montaña sagrada como ocurrió con Moisés. Ni en el lugar más reservado del Templo como le ocurrió a Jeremías, sino en el encuentro existencial con Jesús. Encuentro que puede verificarse en cualquier cultura, lugar o clase social. La multitud judía y pagan