Enero del 2000
Sábado 1 enero del 2000
María Madre de Dios
Jornada mundial por la paz
Num 6, 22-27: La bendición del pueblo de Dios
Salmo responsorial: 66, 2-3. 5-6. 8
Gal 4, 4-7: Dios envió a su Hijo, nacido de mujer
Lc 2, 16-21: María meditaba estas cosas en su corazón
emos venido escuchando diversas voces frente al nuevo milenio durante los cinco últimos años. Sin duda se agudizarán en este penúltimo año de nuestro siglo veinte. Algunos auguran un futuro prometedor para la humanidad, gracias a los avances de la tecnología y a los acuerdos alcanzados sobre el respeto a los derechos humanos. Otros, por el contrario, se sumergen en actitudes pesimistas y aguardan con pavor la irrupción de algún evento catastrófico. Para unos pocos, el nuevo milenio no trae nada de importante, simplemente es otro cambio de fecha.
A los cristianos el nuevo milenio no nos puede dejar indiferentes. No es una celebración triunfalista que conmemore la victoria de la religión de la Iglesia primitiva sobre las religiones paganas de los pueblos de Occidente. Tampoco es una fecha que nos revele el misterio contenido en las cábalas del Apocalipsis. Es, sencillamente, una oportunidad para mirar al pasado, comprender el presente e intuir caminos para el futuro.
Frente a la fecha no hay que hacer grandes disquisiciones. Desde hace mucho tiempo se sabe que hay un pequeño error en los cálculos que se hicieron en el siglo VI d.C. para establecer la fecha del nacimiento de Jesús de Nazaret. De modo que nunca se sabrá con certeza matemática cuál fue el día en que nació Jesús, como no se saben con exactitud otros datos históricos. Lo importante es el significado que Jesús tiene para la humanidad.
Estamos casi al comienzo de una nueva era para la humanidad. La historia del siglo XX ha cambiado tan radicalmente la totalidad de la historia humana, como no lo había hecho ninguna época precedente. Esta es la primera vez en la historia de la humanidad en que el ser humano tiene capacidad para destruir la vida de todo el planeta y, también, para construir un nuevo orden mundial. Dos caminos opuestos que sin embargo corren ahora paralelos. Mientras una parte de la humanidad se empeña en defender la naturaleza, en racionalizar los recursos, en defender los derechos de los individuos y de los pueblos, la otra se empeña en desarrollar armas de destrucción masiva, en comerciar con la guerra y en hacer de la violencia y el genocidio un negocio rentable.
Los cristianos y el cristianismo en general no pueden permanecer callados e inmóviles frente a la historia y sus conflictos. Si seguimos a Jesús de Nazaret y creemos en él, nos debe importar de qué lado de la balanza estamos. Si estamos, por acción u omisión, del lado de la historia que niega el futuro y conduce a la muerte, estamos viviendo una historia de pecado y perdición. Si estamos activamente comprometidos con todas las personas que sin importar religión, raza o cultura, luchan por la defensa de la vida humana, la protección de la naturaleza, el uso adecuado de los recursos y la equitativa distribución de las riquezas, estaremos del lado de la historia de salvación y de gracia. Porque la muerte y la injusticia no son cosas abstractas e indiscernibles, sino opciones concretas que toman los individuos, los grupos, las instituciones, las iglesias y las naciones. Quien opta por un camino, niega y rechaza el otro. El camino de la violencia y la muerte niega el futuro, porque lo convierte en un eterno retorno de las mismas desgracias. El camino de la vida se abre al futuro porque proclama la capacidad de las criaturas para crecer y manifestar lo mejor de sí, lo nuevo e insospechado.
Precisamente las lecturas de hoy nos hablan del futuro. En el libro de los Números podemos leer la bendición que Dios dirige a su pueblo. Es una oración tan breve como significativa. Hace énfasis en el mayor don o regalo que se puede dar un pueblo: la paz. Sin este don, la vida de un pueblo se encamina hacia la ruina. Es el mayor bien, pero es también el que exige mayor esfuerzo y sacrificio. La bendición es una palabra de ánimo que intenta conjurar los males que pueden sobrevenir en cualquier momento sobre la humanidad.
Hoy se celebra en todo el mundo la jornada mundial por la paz. Es un momento fundamental que nos permite hacer memoria de nuestra experiencia personal y de la historia del cristianismo. Es un momento, igualmente, para recordar el misterio de la encarnación. Jesús es el mensajero de la paz. Su propuesta, a veces mal entendida, busca la creación de un nuevo modo de vivir en el que sea posible convertir la paz en una bendición cotidiana.
La propuesta de Jesús consiste en que las personas y las comunidades hagan de la vida social un espacio donde cada individuo se construya en armonía y equidad. De este modo, cada individuo podrá ser cada día un mejor ser humano. La vida se podrá ver y experimentar como un camino hacia la plenitud. Esto lo expresa en su propósito de convertir la comunidad humana dividida por la rivalidad en una nueva familia unida por la solidaridad. El futuro, de este modo, rompe con la repetición de un pasado de violencia y fracaso e inaugura una nueva era, un nuevo tiempo. Como bien dice Pablo, todos nos sentiremos hijos de un mismo Padre y, como hijos, herederos del don de la vida que Dios ha puesto en nuestros corazones.
La nueva era de la historia que Cristo inauguró está aún por comenzar. Pero, no va a comenzar con juegos pirotécnicos ni con grandes anuncios publicitarios, sino en la sencillez y simplicidad de la vida cotidiana que es el lugar donde ocurren los grandes cambios de la historia. Como ocurrió hace dos mil años en Palestina con el nacimiento de Jesús. Sólo los pastores tuvieron ojos para descubrir en un suceso ordinario como el nacimiento de un niño, el anuncio de la esperanza y la realización de las promesas. Con cada ser humano que viene a la vida se renueva la esperanza y se hace posible el cumplimiento de las promesas.
Nota
Desde tiempos antiguos se ha pensado que la paz es la ausencia de guerra. Sin embargo, la tranquilidad no es suficiente ni es causa de la paz. En muchos países no hay guerra declarada, pero sí existe mucha violencia. Violencia en el hogar porque lo padres reprimen con dureza a sus hijos y éstos responden con violencia a la agresión. Violencia porque los individuos no encuentran trabajo y deben llevar una existencia miserable y angustiada. Violencia que genera movimientos religiosos sectarios y fanáticos que están dispuestos a eliminar a quien no encaje en los parámetros de su doctrina. Violencia producida por la intolerancia en la vida cotidiana: la gente está dispuesta a asesinar ante el mínimo gesto. En fin, tantas formas de violencia que hacen imposible la paz.
Para la revisión de vida
Un nuevo año, la Jornada Mundial de la Paz y Santa María Madre de Dios. Un día muy especial, lleno de celebraciones, de sugerencias, de propuestas. ¿Con qué sentimiento comienzo yo este nuevo año? ¿Cómo entiendo yo la Paz? ¿Qué hago por ella?
"Año Nuevo...¿vida nueva?" ¿En qué? ¿Dónde? ¿Cómo?
Para la reunión de grupo
Cuando el pueblo fue liberado de la esclavitud de Egipto con grandes prodigios, el nombre de Yahvéh fue glorificado e invocado como fuente de bendiciones, como una forma de actualización de la elección divina. ¿Invoco y alabo yo el nombre del Señor, o mi oración es siempre para pedirle favores cuando tengo problemas?
He aprendido a llamar Padre a Dios, rezando el Padre nuestro, y he aprendido que yo soy hijo/hija de Dios; pero, además de saberlo, ¿lo siento, lo vivo, lo experimento? Mi condición de hijo/hija de Dios, ¿es sólo algo que sé, una idea en mi cabeza, o es también algo que siento y vivo?
María escucha a los pastores y medita en su corazón, es decir: ella tampoco lo entendía todo, también tuvo sus dificultades, sus dudas, sus sospechas; pero, siempre y por encima de todo, confió en Dios, consciente de que el hecho de que a veces no se le entienda no es sino expresión de nuestra pequeñez y nuestra limitación. ¿Cómo afronto yo mis dudas: con confianza o con recelosos y sospechas hacia Dios?
Para la oración de los fieles
Por toda la Iglesia, para que siga ayudando día a día a todas las personas en la tarea de buscar a Dios y encontrarse con El. Roguemos al Señor.
Por nuestra tierra, para que florezcan en ella la justicia y la paz florezcan, "se besen" y sean duraderas. Roguemos_
Por todos los gobernantes, para que sus conversación de paz pasen de las palabras y los gestos simbólicos a los hechos reales. Roguemos_
Por este nuevo año que comenzamos, para que hagamos de él una ocasión para crecer en fraternidad, en justicia y en solidaridad con los pobres. Roguemos_
Por los países desarrollados, para que cesen en su explotación a los países pobres y los ayuden a crecer, a prosperar y a vivir en justicia y en paz. Roguemos_
Por todos nosotros, para que el Señor nos conceda un año feliz y un amor al prójimo cada vez más auténtico y eficaz. Roguemos_
Para la oración comunitaria
Dios, Padre nuestro, que al comenzar un Nuevo Año nos concedes celebrar la Jornada de la Paz en la Festividad de Santa María Madre de Dios, concédenos también que nuestra vida sea, siempre y en todo, conforme a tu voluntad. Por Jesucristo.
Domingo 2 de enero del 2000
La Epifanía del Señor
Is 60, 1-6: La gloria del Señor amanece sobre ti
Salmo responsorial: 71, 2. 7-8. 10-11. 12-13
Ef 3, 2-3a.5-6: Los gentiles son coherederos de la promesa
Mt 2, 1-12: La visita de los Magos de Oriente
star atentos al presente no significa que olvidemos el pasado ni que ignoremos hacia dónde pueden ir nuestros pasos en el futuro. Esta es una lección que nos enseña la Biblia. Los profetas nos ayudan a mirar el pasado para aprender a comprender el presente. Pues quien no conoce la historia está condenado a repetirla, a cometer los mismos errores de antes. Con el agravante que no serán errores nuevos, sino la repetición de obstáculos que se hubieran podido superar si se conociera y se aprendiera de la historia.
Los profetas también nos ayudan a mirar de una manera nueva el presente para prever a donde conducirá nuestros pasos. A veces pensamos que la realidad en la que vivimos es absolutamente trasparente. Creemos que los acontecimientos no tienen otro significado que el que nosotros le otorgamos. Pero la realidad es muy difícil de comprender. Nadie o casi nadie sabe realmente por qué razón ocurre un acontecimiento. Necesitamos escuchar a los profetas y aprender a ver la realidad desde la perspectiva de Dios. Sólo con esta mirada podremos descubrir los conflictos y ambigüedades que laten en cada acción humana.
Las lecturas de este día nos hablan de la esperanza anunciada y de la promesa cumplida. La esperanza es el tema central del texto de Isaías. Este profeta esperaba que las promesas de Dios fueran un punto de encuentro de toda la humanidad. La fe en el Dios de la Historia es un camino de encuentro entre las naciones. El evangelista Mateo ve cumplidas las esperanzas proféticas en Jesucristo. La fe en Jesús se abre a todos los pueblos sabios que dan culto al Dios de la vida. Pablo nos dice además que la promesa que Dios le ha hecho a Israel es patrimonio de toda la humanidad. De esa promesa participan todas las naciones por voluntad de Dios.
Para el profeta Isaías los nuevos tiempos son como un amanecer. La oscuridad de la noche se disipa gradualmente y los rayos de luz comienzan a perfilar las oscuras siluetas en el paisaje. Con el alba asoman todos los ausentes: todos los que han partido por el exilio forzado o en busca de fortuna. Las caravanas se aproximan trayendo los mas preciados tesoros. Esta imagen tan conmovedora corresponde a la esperanza que el profeta tenía de ver convertida la tierra prometida en un lugar de encuentro de las naciones. En un espacio donde era posible la concordia y la paz.
El evangelista aplica esta misma idea al hecho del nacimiento de Jesús. Nos pone en escena a María, José y el niño en un humilde establo en las proximidades de Belén. Allí acuden unos sabios que vienen de oriente para rendirle homenaje al rey.
La imagen de un rey envuelto en pañales contrapuesta a la del rey envuelto en lujos y grandes poderes es el tema de la reflexión de Mateo. El evangelista pone en evidencia y contraste dos maneras completamente distintas de ver la realidad. De un lado está el Reinado efectivo de Herodes. Un hombre sanguinario, astuto y violento. Del otro, el Reinado de Dios inaugurado por Jesús. Un Reinado sencillo y efectivo que nace de la convicción de que el proyecto de Dios está vigente y a Él es a quien debemos obedecer. Este conflicto irá creciendo y tendrá su punto máximo en el enfrentamiento de Jesús con las autoridades judías unos pocos días antes de ser condenado a muerte.
Herodes el Grande se caracterizó por su agresividad y crueldad. Asesinó a muchas personas para llegar al poder y para mantenerse en el trono no dudó en eliminar muchas más, incluso a algunos de sus propios hijos. Herodes gobernaba bajo la tutela romana. Había puesto la Palestina en manos del imperio. Imponía muchas costumbres paganas que eran ajenas a la cultura judía. Su apertura a las naciones extranjeras era una manera de hacer caso omiso de las rígidas tradiciones de su pueblo. Su ideal de paz era el mismo ideal de paz romana. Esto es, buscar la tranquilidad del sistema social para asegurar la fortaleza del estado. Si tenía que reprimir brutalmente a sus compatriotas para evitar la protesta social o las reivindicaciones nacionalistas, no dudaba en emplear la brutalidad de las tropas romanas. Para evitarse conflictos con los jefes de Jerusalén, instaló en el templo a un grupo de sacerdotes que eran de su simpatía y desplazó a las familias que habían cuidado el santuario durante varios siglos.
La actitud de Jesús contrasta dramáticamente con la de este gobernante. Jesús anunció la venida del Reinado de Dios y lo hizo realidad con sus acciones. Sin embargo, nosotros ignoramos qué significado tiene la misión de Jesús para nuestra vida personal y comunitaria.
La misión de Jesús no fue un acontecimiento ocasional. Jesús es la respuesta a una larga espera del pueblo de Dios. En él se cumple el anhelo de los pobres: tener a Dios por rey. El nuevo rey no es un poderoso aristócrata ni un eficaz militar. El nuevo rey es un ser humano que, desde su debilidad y humildad, nos enseña a vivir "como Dios manda": en justicia, paz y armonía.
Hoy nosotros vivimos bajo el gobierno de muchas realidades que son contrarias al Reino de Dios. Nos sometemos a la violencia y la aceptamos muchas veces como un mal necesario. Creemos ingenuamente lo que nos dicen los periódicos, los noticieros y las imágenes, pero ignoramos por completo la opinión de nuestros hijos, compañeros de trabajo, esposo/a. Acudimos en tropel a las promociones del centro comercial, pero ignoramos lo que ocurre en nuestro hogar, barrio o parroquia.
Este comportamiento nos lleva a reconocer que somos gobernados por valores ajenos a nuestra dignidad como personas, a nuestra superación como individuos, a nuestra misión en la comunidad. Debemos cambiar nuestras actitudes y buscar que Dios gobierne nuestras vidas. Tenemos, por tanto, un gran desafío para el nuevo milenio: buscar caminos para que el ser humano valore su dignidad, su valor en la historia y ante Dios. Nuestra existencia no puede convertirse en un acontecimiento accidental. Nuestra existencia es un camino hacia Dios, "así tendremos a Dios por rey".
Nota: para un enfoque más centrado en los evangelios de la infancia recomendamos: "Los relatos de la infancia de Jesús: ¿teología o historia?", de Leonardo BOFF.
Para la revisión de vida
Dios, por medio de Jesús, se da a conocer a todas las gentes; no sólo al pueblo elegido, sino a todos los pueblos, representados en los Magos de Oriente. ¿Tengo yo ese mismo sentimiento de universalidad de Dios, o creo que sólo yo tengo la razón, que sólo yo conozco a Dios, que sólo yo estoy en la verdad, que sólo yo he recibido ese don de Dios que es su Hijo Jesús? ¿O pensamos tal vez que sólo nuestra religión es verdadera, que las demás son "falsas"?
Para la reunión de grupo
La nueva Jerusalén, la Iglesia, todos y cada uno de nosotros que la formamos, debemos ser morada del Señor donde El se pueda manifestar; no somos la luz, sino el instrumento que hace posible esa luz, en medio de una humanidad que se abate en las tinieblas. La Iglesia con sus orientaciones, yo con mi vida, ¿somos vehículo de la luz?
La salvación de Dios ofrecida en Jesús es universal; es decir: Dios quiere ser amigo de todos, por medio de Jesús. Yo, como cristiano, ¿me alegro de esta universalidad, o he caído en particularismos sectarios y antievangélicos? ¿Me creo superior a los demás, privilegiado por ser cristiano, o reconozco que, simplemente, mi suerte por conocer a Jesús significa que debo ser testigo suyo especialmente cualificado?
La Epifanía de Jesús, su manifestación a toda la humanidad, significa que hay más Pueblo de Dios que el que el Pueblo de Dios se imagina. ¿Procuro no caer en estrechez de miras, en fanatismos por mi pertenencia a la Iglesia y me alegro de que Dios se acerque a todos aquellos que andan buscándolo?
El Concilio Vaticano II nos ha hecho saber que la manifestación de Dios en Jesús no es la única. Dios se ha manifestado de muchas maneras también a otros pueblos... ¿Qué cambios de actitud y hasta de lenguaje implica este "descubrimiento"? ¿Qué cambios también implica en los fundamentos de la misión, de la evangelización a los pueblos no cristianos?
Para la oración de los fieles
Para que la Iglesia sea fiel y constante en su tarea de dar a conocer la Buena Noticia a todas las gentes. Roguemos al Señor.
Para que todos los catequistas sepan unir a una buena preparación para ejercer su ministerio el testimonio de su propia vida. Roguemos_
Para que cuantos viven sumidos en la duda, el temor o la intranquilidad se encuentren con Dios vivo y alcancen la luz y la paz que buscan y necesitan. Roguemos_.
Por cuantos buscan un mundo más justo y en paz, para que encuentren la recompensa a sus trabajos y desvelos. Roguemos_
Para que vivamos de tal modo la fraternidad con quienes nos rodean que seamos para todos un verdadero testimonio de fe y de amor. Roguemos_
Para la oración comunitaria
Dios, Padre nuestro, que en un día como éste diste a conocer a tu Hijo a todas las gentes de todos los pueblos; haz que quienes te buscan, encuentren y sigan las estrellas que Tú pones en su camino, y quienes ya te hemos encontrado podamos contemplar un día, cara a cara, la gloria de tu rostro. Por Jesucristo.
Para aquellos lugares en los que en este domingo no se celebra la Epifanía sino el domingo segundo de Navidad:
Para la revisión de vida
Muchas veces buscamos a Dios, lo necesitamos, queremos que El salga al paso en nuestro diario caminar, suspiramos por El_ Sin embargo El ya ha venido a nosotros, ya se nos ha dado a conocer en Jesús. ¿No será que a veces buscamos mal, que no lo buscamos en Jesús de Nazaret, en la Comunidad, en la Eucaristía, en los pobres, sino dónde y cómo a nosotros nos gustaría que estuviese?
Para la reunión de grupo
Muchas veces no somos capaces de descubrir la sabiduría-orden-belleza de Dios porque se ocultan tras el dolor y el sufrimiento humanos. ¿Soy capaz de descubrirla, gracias a Jesús que, pasando por el dolor y la muerte, les ha dado sentido y les ha dado la vuelta, mostrándonos la Gran Belleza de la Resurrección y la Vida?
Por amor, y sólo por amor, Dios nos has creado, nos ha hecho hijos suyos y nos llama a la vida para gozar por siempre junto a El. ¿Vivo mi fe con este sentido de gratuidad y de gratitud, o me pueden el temor, las obligaciones, los cumplimientos_?
La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros. Por eso, aunque todos los caminos llevan a Dios, Jesús es el camino claro, directo, despejado, sin atascos. ¿Verdaderamente es Jesús el Camino, la Verdad y la Luz de mi vida, o sigo otros caminos, tengo otras verdades y me ilumino con otras luces?
Para la oración de los fieles
Por toda la Iglesia, para que dé a conocer a todas las personas el verdadero rostro de amor de Dios nuestro Padre, como nos enseñó Jesús. Oremos.
Por todos los pueblos de la tierra, especialmente por los del Tercer Mundo, para que la paz y el progreso sean una realidad de la que puedan disfrutar. Oremos.
Por todos los enfermos, perseguidos, abandonados, ancianos, por los que viven solos, los emigrantes, para que sientan vivo y cercano el amor de Dios y el de las personas. Oremos.
Por cuantos nos confesamos cristianos, para que aprendamos a vivir nuestra fe con sentido de gratuidad y seamos agradecidos al amor de Dios nuestro Padre. Oremos.
Por todos nosotros, para que hagamos del amor fraterno y solidario nuestro mejor catequesis, nuestro mejor testimonio ante el mundo. Oremos.
Para la oración comunitaria
Dios, Padre nuestro, luz de quienes han puesto su confianza en Ti: que la tierra se llene de tu gloria, que todos los pueblos reconozcan y agradezcan tu amor, para que nosotros podamos vivir como los hermanos que somos. Por Jesucristo.
Lunes 3 de enero del 2000
GENOVEVA
1Jn 3, 22-4, 6: Cuanto pidamos lo recibimos de él
Salmo responsorial: 2, 7-8. 10-11
Mt 4, 12-17.23-25: Está cerca el Reinado de Dios
os enemigos de Juan Bautista seguramente cantaron victoria luego de que el profeta fue decapitado por orden de Herodes. Se imaginaban que no habría ninguno que tuviera valor para echarles en cara todos los crímenes y las injusticias que cometían. Los herodianos esperaban que con la muerte del profeta del desierto la denuncia contra la ineptitud de los reyes bajara de tono o desapareciera; pero no ocurrió así. De todas partes siguieron saliendo voces que descubrían las patrañas de la familia real e instaban al pueblo a no olvidar a sus profetas ni su mensaje.
Jesús se empeñó en continuar la misión de Juan Bautista. Al comienzo su anuncio fue muy parecido. Incluso algunos lo vieron como una reencarnación del Bautista.
Jesús retomó la propuesta de Juan y la trasformó por completo. Juan se había empeñado en mantener viva la línea y el estilo de los antiguos profetas de Israel. Jesús se empeña en hacer realidad las promesas de Dios anunciadas por los profetas. Juan insistió en la inminencia de un juicio violento. Jesús insistió en la necesidad de vivir reconciliados con el universo, y de amar a los enemigos. El mensaje de Juan estaba fundamentalmente dirigido a Judea y a Jerusalén. Jesús se concentra en Galilea y en los pueblos extranjeros.
Esta actitud de Jesús de abrirse a los extranjeros permitió a la Iglesia abrirse a las otras naciones y superar los estrechos límites de Palestina. Los cristianos rápidamente comprendieron que Jesús no sólo era significativo para la cultura judía sino que tenía un significado universal. La experiencia de Jesús resucitado podía iluminar la existencia de cualquier ser humano. Por esta razón, no dudaron en prescindir de las costumbres nacionales y en adoptar las lenguas y los usos de los pueblos a los cuales dirigían su mensaje. Con el paso del tiempo estos pueblos adaptaron el mensaje a su mentalidad y lo fueron trasmitiendo de acuerdo a sus valores.
Hoy nosotros enfrentamos el desafío de comprender que cada cultura tiene derecho a comprender el evangelio de acuerdo con su particular forma de ver el mundo. La evangelización no es un adoctrinamiento en una teoría abstracta y universal, sino una manera de descubrir la experiencia de Dios y la presencia de Jesús en cada pueblo.
Martes 4 de enero del 2000
RIGOBERTO, YOLANDA
1Jn 4, 7-10: Dios es amor
Salmo responsorial: 71, 2. 3-4ab. 7-8
Mc 6, 34-44: La multiplicación de los panes
bras son amores y no buenas razones dice el adagio popular y ésta parece ser la razón que movió a Jesús a actuar. El nunca motivó a sus oyentes a cambiar su manera de pensar amenazándolos con el fuego del infierno o con las penas del purgatorio. Su pedagogía se dirigía siempre a los gestos que revelaban el amor, la solidaridad y la vida fraterna.
Jesús enseñaba siempre con el ejemplo. Por eso, para la multiplicación de los panes, lo primero que hace es repartir las escasas provisiones del grupo. Jesús estaba convencido que acaparar los recursos en los momentos de crisis no era la respuesta frente a los necesitados. Para él, la solución era la solidaridad. Si partes lo tuyo y lo compartes, todos tienen y a nadie le falta.
Jesús actuaba por cariño con la gente y no porque se sintiera culpable de la triste situación de la gente. Él sabía que cada ser humano estaba en condiciones de liberarse y vivir una vida auténtica. Bastaba una mente abierta y una orientación oportuna para que cada grupo y cada individuo encontraran algún camino de resolver sus conflictos.
Para Jesús el amor por los que "andaban como ovejas sin pastor" era su forma de manifestar su conocimiento de Dios. Como nos dice la primera carta de Juan: amar al hermano/a es la única forma de conocer a Dios. El cristianismo está empeñado en este camino para conocer a Dios, aunque seguramente existirán otras formas.
Hoy, nosotros debemos preguntarnos cuál es la razón última que nos mueve a actuar. Puede ser un motivo altruista, un complejo de culpa, un prejuicio social, una convicción introyectada o cualquier otra cosa. Difícilmente lo sabremos plenamente. Pero, si pretendemos seguir el ejemplo de Jesús, debemos cerciorarnos de que actuamos por amor, por afecto, por solidaridad y no por otros motivos.
Miércoles 5 de enero del 2000
EMILIANA
1Jn 4, 11-18: Si nos amamos unos a otros Dios permanece en nosotros
Salmo responsorial: 71, 2. 10. 12-13
Mc 6, 45-52: Jesús camina sobre las aguas
on frecuencia estamos tentados a creer que nuestro grupo, comunidad o, en general, el cristianismo va a naufragar. Nos pasa algo parecido a los discípulos. Pensamos que Jesús es un fantasma que ronda intangible las naves de nuestros templos. Pero el tiempo nos demuestra que la realidad es muy diferente.
Jesús actúa en la comunidad. La Iglesia se mantiene gracias a la fuerza de su Espíritu y no sólo al esfuerzo de unos pocos. Basta echarle una mirada a la historia de las iglesias para ver cómo el resucitado hace una y otra vez resurgir la fe en la comunidad desanimada.
Con frecuencia los grupos, comunidades e iglesias enfrentan con poco éxito la adversidad del ambiente. Se descorazonan porque la realidad se muestra reacia a cualquier cambio. No pocos desisten y pierden la fe. Sin embargo, cuando se alza la vista sobre el mar de contrariedades y se supera el sentimiento de zozobra es posible reconocer que en medio de la turbulencia está Jesús actuando.
La certeza de que Jesús actúa entre nosotros no nace de una agudeza doctrinal ni de alguna explicación consoladora. Esta certeza nace del profundo afecto que le tenemos y que Él nos manifiesta haciéndonos comprender las vueltas y revueltas que da la vida. Como dice la primera carta de Juan: "Dios es amor y quien permanece en el amor permanece en Dios".
El amor a Jesús nos hace vencer el desmedido temor que tenemos a la oposición del ambiente. Andamos temerosos de que las cosas vayan mal, de que los grupos cristianos no caminen por los senderos que les hemos trazado, y mil temores más. Estos nos congelan y nos impiden actuar con creatividad y serenidad. Pero como dice la carta: "No hay temor en el amor, sino que el amor perfecto expulsa el temor, porque el temor mira al castigo; quien teme, no ha llegado a la plenitud del amor".
Jueves 6 de enero del 2000
MELCHOR, GASPAR, BALTASAR
1Jn 4, 19-5,4: Quien ama a Dios ama a su hermano
Salmo responsorial: 71,2.14 y 15bc.17
Lc 4, 14-22a: Hoy se cumple entre nosotros esta Escritura
uchas veces nos hemos preguntado por qué si las acciones de Jesús estaban de acuerdo a los profetas la gente reaccionó de una manera un poco negativa. Todos esperarían que si alguien hace algo positivo que la Biblia propone, todo el mundo esté de acuerdo con esa persona. Pero esto revela que una cosa es lo que la gente dice y otra muy distinta lo que la gente hace o permite que se haga.
La misma historia ocurre con muchos documentos, declaraciones, propósitos y buenos proyectos que las instituciones humanitarias proclaman para defender los derechos legítimos de los individuos, de los pueblos o de la naturaleza. Todos están dispuesto a aplaudirlos e, incluso, a publicarlos, pero muy pocos se comprometen a hacerlos realidad. Y todos nos preguntamos a qué se debe esta manera de actuar.
Frente a este problema hay más de una respuesta. El evangelio de hoy nos presenta una reflexión sobre los propósitos de Jesús y la reacción de la gente. En el pueblo de Nazaret, como en la totalidad de los pueblos de Palestina, todos estaban convencidos de las palabras del profeta Isaías, por eso lo leían cada sábado en la sinagoga. Pero muy pocos creían que esas promesas algún día se hicieran realidad. Cuando Jesús tomó la Palabra de Dios y comenzó a aplicarla en la vida cotidiana, todos se escandalizaron, pero ninguno se atrevía a reprobarlo. Jesús dejó a un lado los prejuicios de la gente y pasó de las buenas intenciones a los hechos. A partir de ese momento su mensaje se volvió incontrovertible y generó muchos conflictos.
Hoy, el evangelio nos invita a revisar nuestros propósitos y buenas intenciones. Tal vez todo el mundo esté de acuerdo con nuestros principios altruistas y nuestro amor al prójimo pero con la condición de que no se hagan realidad.
Viernes 7 de enero del 2000
RAIMUNDO
1Jn 5, 5-6.8-13: Quién tiene al Hijo tiene la vida
Salmo responsorial: 147, 12-13. 14-15. 19-20
Lc 5, 12-16: La curación del leproso
l evangelio de Lucas nos narra de una manera muy concisa el episodio de la curación del leproso. La lepra no sólo era una enfermedad incurable en esa época. Representaba igualmente el rechazo de toda la población y se atribuía a un castigo de Dios. Era considerada no sólo la peor peste, sino la máxima impureza, equiparada a la misma muerte.
Jesús sana al leproso limpiándolo de todos los prejuicios sociales que sumergían al enfermo en el total desprecio. Lo primero que hace Jesús es animar al enfermo para que supere los sentimientos negativos que le generaba su propia enfermedad. Los enfermos de lepra generalmente se sentían tan desgraciados que terminaban odiando su propia existencia. Jesús ayuda a este hombre a superar ese sentimiento negativo y depresivo y le ayuda a valorarse a sí mismo. Luego, lo anima para que muestre su cuerpo ante las autoridades y sea verificada su sanación. A partir de ese momento la persona sanada podía comenzar a vivir una vida normal.
Después de esta acción la gente buscaba a Jesús. Algunos por curiosidad, otros porque esperaban recibir algún favor y, muy pocos, porque querían seguirlo. Jesús rehuye este exceso de popularidad y, sin dejar de atender a la gente necesitada, dedica buenos ratos a la oración, al encuentro consigo mismo y con el Padre.
Nosotros hoy somos conscientes de que la enfermedad hiere el cuerpo y la mente. Generalmente la enfermedad no sólo destruye las células del organismo sino que destruye la confianza en sí mismo y la esperanza necesaria para continuar la vida. Necesitamos recuperar la sabiduría de Jesús y aprender a tratar a los enfermos no sólo con medicamentos para el cuerpo sino con fuerza para su espíritu.
Sábado 8 de enero del 2000
SEVERINO, LUCIANO
1Jn 5, 14-21: Dios escucha nuestros ruegos
Salmo responsorial: 149,1-2. 3-4. 5-6a y 9b
Jn 3, 22-30: El amigo del esposo se alegra con la voz del esposo
a Palabra de Dios vino a Juan atravesando la historia humana". El evangelista insiste en darnos una concisa descripción de las circunstancias en las que Jesús inicia su misión. Nos muestra por igual la acción de Juan Bautista. Ellos no actuaron al margen de la historia de su propia nación. Por el contrario, se dirigieron a su propio pueblo para transformar el mundo. De la mano de estos dos profetas nos revelará cómo Dios realiza sus designios para cambiar la historia humana desde abajo. Cambio que nace en lo humilde, sencillo y anónimo.
Juan Bautista buscó el desierto como un lugar de encuentro con el Señor y de ruptura con el poder del templo. Su mensaje preparaba la venida del salvador, el mesías que el pueblo esperaba anhelante. Juan anunció la liberación mediante la transformación de la comunidad humana.
El anuncio de Juan Bautista no se refería a un ejercito ni a algún poderoso gobernante. El anuncio del Bautista era algo más profundo y más humano. El salvador del mundo vendría para mostrar el camino por el cual el ser humano debe enderezar sus pasos. Un camino que no sería una marcha forzada. Un camino que pueden hacer los seres humanos en medio de las dificultades y las limitaciones de la historia. En pocas palabras, Juan nos muestra cuál es la importancia de Jesús en la historia humana.
Después de la muerte de Juan Bautista, Jesús continuó con su obra. Incluso, algunos de los discípulos de Juan pasaron a ser discípulos de Jesús. El evangelio de Lucas nos irá diciendo progresivamente cómo Jesús comprendió las palabras de Juan. Jesús anunció la urgencia y necesidad de una transformación interior de los seres humanos. Pues, éste es el camino para la constitución de comunidades de personas que vivan auténtica y solidariamente su existencia.
Domingo 9 de enero del 2000
Fiesta del Bautismo del Señor - Primera semana de Tiempo Ordinario
EULOGIO
Is 55, 1-9: La alianza del Señor
Interleccional: Isaías 12, 2-3. 4bcd. 5-6
1Jn 5, 1-9: El testimonio de la fe
Mc 1,7-11: Este es mi Hijo amado
a celebración de la festividad del Bautismo del Señor marca el final del tiempo de Navidad y el comienzo del tiempo ordinario. Hasta la celebración de la Epifanía, la reflexión se centraba en el misterio de la encarnación. A partir de este domingo la reflexión se centra en la así llamada "vida pública de Jesús".
Mucha gente se pregunta qué hizo Jesús en los 30 años anteriores a la recepción del Bautismo en el Jordán. Algunos hacen conjeturas acerca de una posible "vida secreta" y le inventan leyendas que, si bien son muy simpáticas y bien intencionadas, carecen de fundamento en los evangelios. Otros se empeñan en tratar de convencernos que en los primeros años de Jesús de Nazaret ocurrió algo que la Iglesia primitiva se empeñó en ocultar. Estas dos opiniones tienen algo en común: se concentran en un aspecto de la vida de Jesús al que los evangelios no le dan importancia y olvidan todo el caudal de noticias, reflexiones y formas de ver que sí están contenidos en el Nuevo Testamento.
Un criterio que puede ser muy útil para acercarnos a la vida de Jesús, consiste en prestar atención a todas aquellas informaciones, noticias y señales que nos da el Nuevo Testamento para conocerlo. Una de esas pistas de comprensión está en las citas, implícitas o explícitas, del Antiguo Testamento que sirven a los evangelistas para hacer sus reflexiones.
En el Evangelio hay una clara referencia a todas las reflexiones del profeta Isaías, especialmente su ideal de Mesías. Este profeta, por medio de unas imágenes poéticas muy claras y eficaces, nos comunica el ideal acerca del tiempo mesiánico que tenía el pueblo de Israel. El tiempo mesiánico era el tiempo de la redención, de la justicia y la reconciliación. El pueblo de Dios soñaba con esa era de concordia, paz, respeto y justicia que le permitiera a todos los seres humanos vivir dignamente y a cada comunidad o pueblo, vivir en autonomía. El Mesías más que el heraldo de un juicio severo contra los malvados, era el mensajero de un tiempo nuevo. Por esta razón, el profeta hace una síntesis de todo lo que ha venido planteando en los textos anteriores (Is 40-55).
La primera parte (Is 55, 1-3) está elaborada como un ingenioso aviso. El profeta llama la atención del pueblo como si se encontrara en un mercado popular. Al igual que lo hacen los vendedores de algún producto exótico, el profeta mete a los presentes en su mensaje ofreciéndoles aquello que era más urgente: el agua para mitigar el calor del medio día, el trigo para los que andan sin dinero y la leche y la miel para los niños que siempre están ansiosos de cualquier golosina. Todo gratuitamente, como en un gran baratillo que anuncia una oferta excepcional. Pero, luego, cuando captura la atención de la gente, los interpela con unas palabras que no pueden causar sino sorpresa: ¿por qué gastan el dinero en lo que no alimenta y el salario en lo que no satisface? O para decirlo de otra manera: ¿por qué gastan su tiempo y su esfuerzo en cosas inútiles y se olvidan de lo fundamental? Y esta pregunta la hacía al ver que los individuos se sumergían completamente en sus asuntos particulares y olvidaban el proyecto del pueblo de Dios.
De este modo, el ideal de ser un pueblo justo, una comunidad fundada sobre el respeto y la solidaridad se convertía en una idea vaga, en una simple buena intención que carecía de relevancia en los asuntos cotidianos. La pregunta de Isaías cuestiona, entonces, a la gente, hace caer en cuenta que la "buena intención" no es suficiente y que nuestro entendimiento puede estar embotado en las urgencias cotidianas, perdiendo de vista los grandes horizontes históricos, las oportunidades que brinda el Señor.
El mensaje central (Is 55, 3-11) consiste fundamentalmente en un replanteamiento del ideal de la monarquía. Desde antiguo, Dios había hecho una alianza con su pueblo, para tratar de conducirlo por el camino de la justicia y el derecho. La monarquía como institución contraria a los planes de Dios (1Sam 8, 1-21) había provocado graves inconvenientes que terminaron en la división del Reino. Pero, lo más triste era que el rey, que estaba en el trono para hacer justicia y defender el derecho de los débiles, era el que más oprimía y explotaba al pueblo pobre. Los reyes, de los que se esperaba fuesen constructores de la paz, se convirtieron en servidores de la guerra.
La parte final (Is 55, 6-11) es un himno que exalta la eficacia de la Palabra de Dios. Pero no una palabra que se mantiene al margen del sufrimiento de la gente, sino una palabra que busca transformar las situaciones adversas. Por eso se llama al malvado, al injusto y al violento para que reconozcan que los planes del Señor, esto es, el proyecto del Pueblo de Dios, están por encima de cualquier propósito mercenario. La eficacia de la Palabra de Dios se manifiesta como una renovada esperanza y confianza en que la vida triunfará sobre la muerte. Así se puede comparar con la lluvia que viene para renovar el desierto y convertirlo en un vergel.
Esta misma esperanza nos la comunica la primera carta de Juan. Este texto retoma la simbología del agua, de la sangre y del Espíritu y la aplica a Jesucristo. El agua es símbolo del origen del universo y, como en el anterior texto, es símbolo de la vida renovada. La Palabra de Dios es comparada con el agua en cuanto vivifica y transforma la existencia humana. El bautismo de Jesucristo es, en este sentido, un testimonio de que Dios actúa permanentemente entre los seres humanos mediante el Espíritu, transformando las situaciones de dolor y desesperación (sangre) en situaciones de fe y esperanza. No nos debe asustar la complejidad de la carta ni la profundidad de su simbología. Por el contrario, es un desafío para que nos adentremos en los textos del evangelio que nos explican el significado que estos gestos de Jesús tuvieron para las primeras generaciones de cristianos.
El evangelio de Marcos es uno de los primeros testimonios escritos de la misión de Jesús. Fue Marcos, tal vez, quien comenzó a reunir todos los materiales dispersos que daban alguna noticia sobre Jesús. Marcos juntó todos los refranes o dichos de Jesús, la doctrina más explícita acerca de la justicia divina, el reino y todo lo que se sabía acerca de la pasión y muerte del Maestro. Todas estas informaciones las revisó, amplio y sintetizó hasta formar el bello texto que hoy leemos. Este libro es fundamentalmente una comprensión de la misión de Jesús a partir del sacrificio en la cruz. El libro permanentemente nos muestra la dificultad que tiene la comunidad cristiana para reconocer en el hombre Jesús, al Hijo de Dios. Para Marcos, Jesús es el ser humano que nos enseña a vivir de la manera más perfecta. Pero, esto no lo hace con una declaración doctrinal, ni con un largo discurso moralista. Marcos nos enseña lo fundamental de Jesús contándonos la experiencia de vida del Maestro de Galilea. Escoge un comienzo muy sugestivo, que nos da muchas pistas acerca de lo que Jesús va a hacer y de lo que va a significar para su pueblo y para nosotros.
El episodio del Bautismo es muy breve. Parte de una presentación de Juan Bautista como el profeta solitario que vive en el desierto en medio de ayunos y con lo apenas necesario. Juan es un profeta radical que no da espacio para las medias tintas. No tiene tiempo para esperar nada sino que anuncia la inminencia del juicio de Dios contra Israel. El mensaje del Bautista es un anuncio del Mesías definitivo, del ser humano que encarnaría la verdad de Dios.
Jesús acude al llamado de Juan como uno de tantos Israelitas. Se hace sumergir en el río y recibe el bautismo de la conversión y el arrepentimiento. Pero, a partir de ese momento, Jesús comienza a comprender que su existencia tiene otro significado. Que él está llamado a anunciar la Esperanza, el gozo, la nueva vida.
El evangelista aprovecha este momento para presentarnos a Jesús como el "hijo amado". Atrás quedan los títulos y los compromisos del rey. Jesús en adelante enfrentará toda la violencia del sistema vigente con la sola fuerza de la Palabra y de una inquebrantable esperanza. Su bautismo le significa no una prerrogativa sobre los demás, sino una fuente de gozo y de servicio y, sobre todo, un compromiso. El compromiso de transformar esta realidad ayuna del Dios de la Vida en una situación de alegría y esperanza.
Nosotros hoy enfrentamos grandes dificultades con nuestro bautismo. No sabemos qué hacer con él. Lo recibimos como parte de una herencia de "buena fe" que nos han dejado nuestros padres, pero con el tiempo se ha convertido en algo irrelevante. Este problema, que nosotros lo percibimos con aguda conciencia, es apenas una lejana noticia para otros cristianos que no saben más de su Iglesia y de Jesucristo que de los programas que cada día dan en la televisión. Muchos pastores de devanan los sesos tratando de atraer a los fieles hacia una vida eclesial activa, pero los resultados están lejos de ser los esperados. Es oportuno preguntarnos: ¿por qué estamos en una situación de total indiferencia ante lo que significa el Bautismo? ¿Por qué nuestra vida cristiana se reduce a un paseo por los templos cuando es absolutamente necesario, por ejemplo con ocasión de un matrimonio, un bautizo, un funeral, etc.? De continuar por este camino, ¿a dónde irá a parar el cristianismo en las próximas generaciones?
Para la revisión de vida
El bautismo de Jesús es una expresión de solidaridad con el género humano; nuestro bautismo, aunque distinto del que realizaba el Bautista a orillas del Jordán, también es expresión de nuestra solidaridad con las personas porque nos identifica con Cristo. ¿Cómo vivo yo mi condición de bautizado: como un privilegio, un "seguro de cielo", o como una identificación con Cristo muerto y resucitado?
Para la reunión de grupo
El siervo de Dios trae el derecho y la justicia al mundo y así se convierte en luz de las gentes. ¿Soy como el siervo de Dios o me limito a hablar, a vocear, a discusiones teóricas interminables sobre ortodoxia, a_? En mi vida, ¿de verdad ayudo a la liberación de los hermanos o me limito a especular y teorizar?
El contenido central del mensaje cristiano nos lo recuerda San Pedro: Jesús de Nazaret es el Ungido de Dios que pasó haciendo el bien y liberando a los oprimidos. ¿Es ese el centro de mi fe o me pierdo en tradiciones, costumbres, rutinas y similares, olvidando lo esencial?
Al igual que Jesús es el Enviado del Padre, tal y como pone de manifiesto la escena de su bautismo, nosotros somos, a la vez, enviados de Jesús. El cumplió cabalmente con la misión que el Padre le había encomendado. Y yo, ¿también soy fiel y cumplo con la misión que Jesús nos ha encomendado, tanto a la Iglesia en general como a mi en particular?
Para la oración de los fieles
Para que la Iglesia siga proclamando día a día la verdad, promoviendo el derecho y llevando luz a los que caminan en tinieblas. Oremos.
Para que las iglesias jóvenes crezcan y se confirmen en la fe que han recibido. Oremos.
Para que todos seamos solidarios con nuestros hermanos necesitados, de modo que nadie carezca de lo necesario para vivir con dignidad. Oremos.
Para que vivamos nuestra fe con el gozo y la alegría de quienes se saben llamados a la libertad y a vivir para siempre junto a Dios nuestro Padre. Oremos.
Para que, por medio de la reflexión y la oración, busquemos siempre la voluntad de Dios para nuestras vidas y la sigamos con confianza. Oremos.
Para la oración comunitaria
Dios, Padre nuestro, que en el Bautismo de Cristo en el Jordán quisiste mostrarnos de manera clara y solemne que El es tu Hijo muy amado, enviándole tu Espíritu Santo; concédenos que, renacidos por el agua y el Espíritu, nos mantengamos firmes en el cumplimiento diario de tu voluntad, para que tu Reinado llegue un día a ser una realidad plena en nuestro mundo. Por Jesucristo.
Lunes 10 de enero del 2000
GONZALO
1 Sam 1, 1-8: Los padres de Samuel
Salmo responsorial: 115, 12-13. 14 y 17. 18-19
Mc 1, 14-20: Conviértanse y crean en el evangelio
esús continúa la misión profética de Juan Bautista. Llama al antiguo Israel para que abandone la mentalidad cerrada y abra su entendimiento a Dios. Por esto la insistencia en el "cumplimiento del tiempo". Los profetas tenían el deber de anunciar el vencimiento del tiempo que Dios había ofrecido como plazo para que el pueblo se arrepintiera. Con Jesús y el Bautista este plazo se ha vencido ¿qué puede, entonces, esperar el pueblo de Dios?
El pueblo de Dios era consciente que su historia avanzaba hacia un tiempo definitivo. Un tiempo en el que ya no eran posibles las dilatorias, un tiempo en el que la presencia de Dios en medio de su gente sería tan patente que no habría manera de ignorarla. Ese tiempo llega con Jesús y el evangelio nos muestra cómo progresivamente él mismo fue tomando conciencia de esta realidad.
La misión de Jesús comienza como la de cualquier otro profeta, pero, con el tiempo se va transformando. Un primer paso de esa transformación es el llamado de los discípulos. En efecto, Jesús no se entiende a sí mismo como un profeta solitario. No. Jesús asocia a su misión a hombres y mujeres con los que tiene una vinculación personal, directa, afectuosa. Por esto los llama por su nombre.
Los discípulos por su parte responden al llamado de Jesús dejando sus antiguas actividades. Caminan en compañía de Jesús y con él aprenden lo necesario para aprender a ver de un modo nuevo la vida.
Los discípulos se liberan de sus antiguas actividades pero no para dedicarse a un ocio improductivo. Ellos se hacen libres para asumir un proyecto creativo y original que les exigirá lo mejor de sí mismos. Este proyecto se llama "Reinado de Dios".
De este modo, la propuesta de Jesús continúa la línea profética, pero comienza a tener nuevos signos que, paso a paso, darán origen a un proyecto enteramente nuevo. Se abre así ante el pueblo una nueva alternativa que plantea renovados retos y esperanzas por construir.
Martes 11 de enero del 2000
ALEJANDRO
1 Sam 1, 9-20: El Señor se acordó de Ana y dio a luz un hijo, Samuel
Interleccional: 1 Samuel 2,1. 4-5. 6-7. 8abcd
Mc 1, 21-28: Jesús Enseñaba con autoridad
stamos habituados por las películas, la televisión y las ilustraciones de los libros de historia Sagrada a imaginarnos a Jesús elegantemente vestido y rodeado de grandes multitudes. Como si la gente acudiera donde un sabio opulento y famoso. El evangelio de hoy nos descubre los modestos pero significativos comienzos de la misión de Jesús. El evangelista nos dice cómo y, especialmente, por qué la misión de Jesús se fue progresivamente desarrollando.
Jesús abandona el desierto y la región de Judá como lugar de su acción misionera y se encamina a las montañas de Galilea, al norte del país. Vive en compañía de sus discípulas y discípulos en un pequeño pueblo de pescadores llamado Cafarnaum. Como todos sus compatriotas, acude el sábado a la sinagoga para leer la Escritura.
La sinagoga es, al comienzo, uno de los lugares donde Jesús desarrolla la misión por cuanto allí se reunía toda la gente del pueblo. Incluso los enfermos físicos y mentales que se quedaban en las afueras del recinto porque no eran admitidos dentro. Así vemos que la misión de Jesús comienza allí donde está el pueblo, en una pequeña aldea y luego se va expandiendo a toda la comarca.
La fama de Jesús fue creciendo debido a que la gente comenzó a ver en Jesús un líder diferente, una persona que hablaba con los hechos y no se intimidaba ante sus opositores. El pueblo sencillo seguía a los fariseos porque creía que eran hombres piadosos, pero reconocían que Jesús, sin ser un hombre ilustrado, era una persona digna de credibilidad. También la enseñanza atrajo a la gente, porque El no acostumbraba a hablar con palabras grandilocuentes sino con comparaciones sencillas tomadas de la experiencia cotidiana.
De este modo fue creciendo la importancia de Jesús y también el conflicto que vemos reflejado en su lucha contra el espíritu inmundo.
Miércoles 12 de enero del 2000
JULIÁN, BENITO, TATIANA
1 Sam 3, 1-10.19-20: Habla Señor que tu siervo escucha
Salmo responsorial: 39, 2 y 5. 7-8a. 8b-9. 10
Mc 1, 29-39: Curó a muchos enfermos de diversos males
ontinuamos el día sábado, día santo para los judíos, viendo lo que Jesús hacía a favor de los pobres y débiles. Su popularidad iba en aumento y los discípulos lo buscaban continuamente para que atendiera las innumerables demandas de la población. Más, debemos preguntarnos ¿cuál es la actitud de Jesús ante el crecimiento de su fama y prestigio? ¿Jesús cae en la tentación de dejarse absorber por el activismo?
La respuesta de Jesús es realmente sorprendente y novedosa. El madruga a la oración, para tener un momento de encuentro consigo mismo y con el padre. La popularidad y el reconocimiento no le restan libertad, por el contrario, lo impulsan a afirmar el espacio de soledad y de interioridad. La existencia de Jesús está al servicio de los demás pero no para ganar adeptos, sino como expresión de sus convicciones y de su experiencia de Dios.
Igualmente, Jesús no se deja absorber por una parte de la población en particular. Se pone en camino hacia otras comarcas para ir difundiendo el Evangelio en compañía de su comunidad. Su actividad misionero se centra en las personas necesitadas cualquiera que fuera el lugar donde se encontraran. La misión de Jesús no se centra, por lo tanto, en la construcción de edificios, sino en la construcción de la comunidad y en el servicio itinerante y oportuno a todas las personas ávidas de la Palabra de Dios.
De este modo, Jesús comienza a ampliar el campo de su acción misionera y va conformando un nuevo estilo de vida para los hombres y mujeres que los siguen.
Jueves 13 de enero del 2000
HILARIO
1 Sam 4, 1-11: Derrota de los israelitas y pérdida del Arca
Salmo responsorial: 43, 10-11. 14-15. 24-25
Mc 1, 40-45: Curación de un leproso
n su recorrido misionero Jesús optó por no entrar a los pueblos. Prefirió quedarse en las afueras, en la periferia. Allí se ubicaban todos los menesterosos, los inválidos y, especialmente los leprosos. La lepra era una enfermedad que aparte de la oprobiosa carga de sufrimiento físico conllevaba, también, la absoluta marginación social. Los enfermos de lepra no podían entrar a ninguna población. Vivían cuevas en lugares solitarios y aislados. Cuando iban por un camino debían anunciar mediante un grito su enfermedad. La gente corría despavorida al ver a un leproso para evitar cualquier posibilidad de contacto.
El contacto humano entre sanos y enfermos estaba prohibido por la legislación semita. Jesús se acerca al leproso y lo toca. De este modo rompe con las barreras culturales y los prejuicios sociales para ponerse a favor se los marginados. Jesús ve al ser humano aunque el cuerpo del individuo esté destrozado por la enfermedad y aunque se le haya impuesto una pesada carga de desprecio. Esta opción por el ser humano, por el infinito valor de la persona marcará el estilo de su actividad evangelizadora.
Después de la sanación Jesús le pide al leproso que no divulgue la noticia. Jesús le rehuye a la popularidad y trata de mantener en secreto el significado de su acción redentora. La acción misionera de Jesús no se basa en el éxito y el reconocimiento de sus acciones, sino en el servicio desinteresado. El sabía que la excesiva publicidad de sus señales y gestos podría generar rápidamente una fuerte oposición entre los letrados y los jefes del pueblo.
El "secreto" respecto a la verdadera identidad de Jesús es uno de los temas predominantes del Evangelio de Marcos. Es un recurso muy interesante que nos sirve para comprender paso a paso, siguiendo el ritmo del evangelio, las intenciones y el significado de la vida de Jesús.
Viernes 14 de enero del 2000
FULGENCIO
1 Sam 8, 4-7.10-22a: Clamarán contra el rey, pero Dios no les responderá
Salmo responsorial: 88, 16-17. 18-19
Mc 2, 1-12: El Hijo del Hombre tiene autoridad para perdonar pecados
esús retorna a casa, al "centro de operaciones". La primera vuelta por Cafarnaum está caracterizada por el crecimiento de la popularidad y el reconocimiento que la gente sencilla le da a Jesús. Por esta razón, Jesús siempre acude a la periferia, al borde de los caminos donde se encuentran los desempleados, los menesterosos, los enfermos y en general, todos los pobres. La vuelta al lugar de partida marca el comienzo de una espiral de conflictos que irá creciendo hasta el desenlace fatal en Jerusalén.
En el episodio de hoy, Jesús enfrenta uno de los problemas más graves de la mentalidad de sus contemporáneos: la segregación o exclusión de quienes eran considerados "pecadores". Entre el pueblo y, en particular, entre los escribas la buena salud era signo de la bendición divina y la enfermedad era signo de maldición. Especialmente cuando las enfermedades dejaban marcas en el cuerpo como la lepra y la parálisis.
Esta asociación entre salud y voluntad de Dios les permitía a los Letrados hacer una clara división entre las personas puras y las impuras. Puros eran aquellos que estaban en condiciones de participar activamente de la vida de la comunidad. Impuros todos los que sufrían alguna enfermedad, psicológica o física, o que tenían contacto con extranjeros. Por supuesto que las personas pobres y las personas sensibles estaban más expuestos a la enfermedad y eran excluidos sin otra razón que su dolencia.
Jesús ataca de frente esa mentalidad y se pone a favor de las personas humanas sin importar si están sanas o enfermas, si son puras o impuras. Para el maestro de Galilea vale el ser humano por lo que es y no por lo que sabe, tiene o padece. Por esta razón, afirma que el Hijo de Dios, el ser humano, tiene el poder de reconciliar a los excluidos con la comunidad. Ninguna situación de calamidad, opresión o marginación debe ser permanente. Para Jesús, el perdón de los pecados es la puerta de entrada para que el individuo integre su personalidad y se vincule creativamente a la comunidad.
Sábado 15 de enero del 2000
MAURO, RAQUEL
1 Sam 9, 1-4.17-19; 10, 1: La elección de Saúl como rey
Salmo responsorial: 20, 2-3. 4-5. 6-7
Mc 2, 13-17: No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores
ara las personas influyentes con las que Jesús entró en conflicto no sólo era escandaloso que se acercara a los pobres, sino, aún más, que compartiera con los recaudadores de impuestos, que eran considerados entre pobres y ricos, como los traidores de la patria. En efecto, los Publicanos o recolectores de impuestos eran personas que trabajaban para el imperio romano explotando a sus compatriotas. Por esta razón eran profundamente odiados y repudiados. La condición del publicano era la peor, aunque económicamente tenían mucha solvencia.
Pero Jesús fue más allá. No sólo se hizo amigo de ellos, los invitaba a cenar y aceptaba invitaciones. Jesús le propuso a uno de ellos, Leví el hijo de Alfeo, que hiciera parte de su comunidad de discípulos y discípulas. Esta acción, como es lógico, desató la furia de "las personas de bien" de Cafarnaúm. A lo que Jesús no respondió con grandes explicaciones y citando doctrina de aquí y allá, sino, en su particular estilo, con una frase lapidaria: no necesitan medico los sanos sino los enfermos; no he venido a llamar a los que se creen justos sino a los que son considerados pecadores. Con esto echó por tierra todas las pretensiones de exclusividad que se atribuían sus adversarios.
Llegados a este punto vale la pena preguntarnos qué nos ha quedado de la enseñanza de Jesús. De qué lado estamos ahora, del lado de los que miran a los excluidos con indiferencia o del lado de los que le tienden la mano y se identifican con ellos. En qué se han convertido nuestros templos, en lugar de "gente de bien" que no quiere saber nada de sus vecinos o en refugio de comunidades conscientes y solidarias. Vale la pena cuestionar nuestra práctica cotidiana, por qué ahí es donde Jesús pone el dedo en la llaga.
Domingo 16 de enero del 2000
Segunda semana del tiempo ordinario
MARCELO
1 Sam 3, 3b-10.19: Habla, Señor, que tu siervo escucha
Salmo responsorial: 39, 2 y 4ab. 7-8a. 8b-9. 10
1Cor 6, 13c-15a.17-20: Nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo
Jn 1, 35-42: Vieron dónde vivía y se quedaron con él
l pueblo de Dios ha tenido en su seno, durante toda la historia, diversas formas de servicios. En los primeros años de Israel existían líderes como los patriarcas Abraham, Isaac y Jacob que orientaban a sus familias en las cuestiones religiosas, en las cuestiones prácticas y en el ejercicio del derecho y la justicia. Luego viene Moisés quién organiza al pueblo en torno a la misma fe y al amor y respeto por la tierra. Después comienza la época de los Jueces que administran la justicia entre las diversas tribus y preparan la defensa de la tierra. Más tarde vienen los reyes y, con ellos, todas las calamidades que suponía un gobierno monárquico. En los comienzos de la Iglesia ocurrió algo similar. Las necesidades obligaron a las comunidades a crear nuevas formas de servicio como los diáconos, los presbíteros, los maestros, los profetas y las profetizas. Siempre se esperaba que quien prestara el servicio fuese una persona idónea. Esta relación entre necesidades de la comunidad y formas de servicio se denominaba "vocación" y "ministerio".
La vocación no era, ni es, un asunto misterioso, vedado para el común de la gente y dirigido sólo a unos pocos elegidos. No. La vocación es un llamado, una voz que desde lo íntimo nos hace ver la realidad y descubrir cómo podemos actuar para cambiar una situación difícil. Esto, nos lo muestra muy bien la primera lectura al ilustrarnos sobre la "vocación" de Samuel. El triple llamado y el doble despiste de Samuel nos ilustran cómo, a pesar de la buena voluntad, es necesario conocer la respuesta adecuada. La disponibilidad incondicional es la respuesta apropiada. Pero, no una disponibilidad "ciega" dispuesta someterse una autoridad absurda. No. Por el contrario, una disponibilidad para responder ante aquello que se manifiesta como original, autentico. Una voz que nos interpela y que nos abre los ojos para conocer bien la realidad, para ver la vida bajo una nueva luz. Sin embargo, Samuel no salió en estampida a ver qué podía hacer. Necesitó largos años de formación y servicio antes de dedicarse por completo a su ministerio.
Ahora bien, ese llamado personal y libre tiene un objetivo, una dirección. Nos revela el sentido de nuestra existencia. Somos llamados para algo. En el caso de Samuel, él estaba llamado a renovar la frágil y desgastada institución de los Jueces. Con el crecimiento de las tribus y el aumento de poder de las potencias extranjeras los problemas internos y externos llegaron a un límite casi inmanejable. La autoridad de los jueces y las jueces de cada comunidad no era suficiente para controlar las ambiciones sobre la tierra y los deseos de poder. Samuel debió enfrentar esta situación e intentar hacer ver al pueblo que la solución no era la monarquía. Porque, en efecto, como después se hizo evidente, el rey sólo aumentaría los impuestos, la guerra, la injusticia y la violencia. Sin embargo, se requería un nuevo tipo de liderazgo y se eligió un rey.
En el Nuevo testamento vemos algo similar. El estilo de vida de Jesús originó el discipulado. Hombres y mujeres interesados en emprender un nuevo camino se adhirieron a Jesús y a Juan Bautista. Cada uno con sus particularidades pero con algo en común: la necesidad de transformar a Israel y darle respuesta a las exigencias que hacían los nuevos tiempos. La propuesta del Bautista era conversión o castigo de Dios. La propuesta de Jesús era conversión y Reino de Dios. Juan insistía más en el aspecto punitivo, en la amenaza que crecía y podía destruir a Israel debido a la negligencia y a la prepotencia de los líderes. Jesús insistía en la necesidad de cambiar la manera de pensar y crear comunidades para suscitar una nueva realidad de convivencia pacífica y justa. Ellos sabían conjugar la vocación y las necesidades del pueblo. Por eso, su ministerio siempre fue oportuno y eficaz. Sin embargo, al igual que le ocurrió Samuel, la incomprensión y la obstinación de líderes y pueblo impidió renovar las vetustas estructuras sociales, religiosas y políticas de Israel.
El evangelio nos muestra cómo se fue creando el discipulado y la vinculación que existía entre Juan Bautista y Jesús. El discipulado ya existía en Israel, pero el sentido de fraternidad, compañerismo e igualdad lo aportó Jesús. Él acogía en su propia casa a quienes lo visitaban o se animaban con el proyecto del Reino. Hacían de la experiencia y el contacto interpersonal "vengan y verán", la fuente del conocimiento. De este modo, atendían la formación necesaria para ejercer un servicio o ministerio.
Por último, el apóstol Pablo en su carta, exhorta a los cristianos de Corinto a entender que el servicio al Señor no es un asunto puramente ritual o intelectual. Para él la totalidad de nuestro ser está comprometida. Es templo del Espíritu Santo. Nuestra apertura a Dios implica que nuestra mente se debe liberar de las obsesiones que la encogen, para avanzar hacia una libertad enteramente positiva.
Debemos entonces preguntarnos: ¿conocemos las necesidades de nuestra comunidad? ¿Nuestra iglesia es una verdadera comunidad o un lugar donde se dan funciones religiosas? ¿Hemos comprendido la dinámica en servicio y vocación? ¿Los ministerios que se ejercen en nuestras iglesias responden a las necesidades de la comunidad? ¿Cómo puede la comunidad suscitar nuevos ministerios?
Para la revisión de vida
La Palabra de Dios es verdad, y "la verdad nos hace libres"; pero nuestras palabras no son siempre verdad, y por eso, si no las confrontamos con la Palabra divina, nos pueden llevar a caer en dogmatismos e intransigencias. Mi palabra, mi vida, ¿liberan o esclavizan a mí y a quienes me rodean?
Para la reunión de grupo
Todo mensajero de Dios debe estar a la escucha atenta de la Palabra divina, si no quiere que su tarea sea inútil; por eso debemos abrir cada mañana el oído para escuchar esa Palabra. ¿Procuro conocer cada día más y mejor la Palabra de Dios, por entender lo que me dice cada día, o pienso que se trata de una palabra anquilosada, ya dicha de una vez para todas, y encerrada en unas fórmulas que basta con saberme de memoria?
No estamos del todo libres de un cierto maniqueísmo que nos lleva a ver lo material, lo corporal, lo sexual en concreto, como algo negativo, malo; por eso conviene que recordemos que nada humano (tampoco la sexualidad, por tanto) está fuera del ámbito de Cristo resucitado. ¿Es así mi visión de lo material, de lo corporal, de lo sexual, o sigo pensando que todo eso es malo?
Jesús invita a unos discípulos de Juan a seguirle y éstos lo hacen con esa prontitud que tiene el "del dicho al hecho"; no hay enseñanzas, sino cercanía, amistad, calor de personas que se encuentran; las enseñanzas llevan al proselitismo; la comunicación acerca a las personas. ¿Qué busco yo en Jesús, una doctrina o una persona, un ser vivo que da sentido a mi vida?
Para la oración de los fieles
Para que la Iglesia sea siempre un lugar privilegiado de encuentro entre Dios y los hombres. Roguemos al Señor.
Para que no busquemos nunca excusas a la hora de dar nuestro tiempo y nuestra persona a quienes lo necesitan. Roguemos_
Para que estemos siempre atentos a la Palabra de Dios, la acojamos con cariño en nuestra vida y la pongamos en práctica con diligencia. Roguemos_
Para que la causa de los pobres, de los débiles y necesitados sea siempre nuestra causa, como lo fue de Jesús. Roguemos_
Para que estemos siempre atentos a las llamadas del Señor y dispuestos a responderle con prontitud. Roguemos...
Para la oración comunitaria
Dios, Padre nuestro, que cuidas con amor de nosotros y de toda la creación; escucha esta oración que te dirigimos llenos de confianza en Ti y haz que todos los días de nuestra vida sean un constante trabajar para que tu Reino se haga cada vez más presente entre nosotros. Por Jesucristo.
Lunes 17 de enero del 2000
ANTONIO ABAD
1 Sam 15, 26-23: Obedecer vale más que un sacrificio
Salmo responsorial: 49,8-9. 16bc-17. 21. 23
Mc 2, 22-18: vino nuevo en odres nuevos
a parte que hoy leemos es el centro o núcleo de una sección que comenzó en Mc 2, 1-3 y finaliza en 3, 17 12. Esta parte comenzó con un llamado a los discípulos y discípulas. Entre los llamados había simples trabajadores y "pecadores" como los recaudadores de impuestos. De esta manera Jesús empieza a conformar una comunidad que tiene, entre otras, dos características: la solidaridad y la no-exclusión. Esta nueva comunidad rompe con las antiguas instituciones de Israel simbolizadas por el Sábado y el ayuno. Porque, como vemos en el día de hoy, estos eran dos preceptos que tenían un peso enorme y que no se podían, bajo ningún pretexto, eludir.
El texto de hoy nos presenta la controversia en torno al ayuno. Los sacrificios, la ceniza, el sayal y el ayuno eran manifestaciones de duelo; de arrepentimiento de los pecados. La religiosidad que había nacido de un esfuerzo de liberación y organización había, tristemente, terminado convirtiéndose en una cosa amarga y opresiva. Los preceptos religiosos insistían en temas irrelevantes y difíciles de entender.
Por fortuna, Jesús, representó una ruptura contra ese modo de vivir la relación con Dios y con los hermanos. Él hizo de la fiesta, del gozo, el motivo principal de celebración. Por eso, su argumentación en contra de los legalistas que le pedían una doctrina para justificar su acción no es de carácter dogmático. Jesús recurre a la experiencia de la vida cotidiana y a un símbolo muy importante en el Antiguo Testamento: el matrimonio. El banquete de bodas representaba la alianza de Dios con su pueblo. El era el novio y, el pueblo la novia. De este modo, Jesús hacía patente que su practica se ajustaba más a la voluntad de Dios que las rígidas prescripciones de los maestros de la ley.
Al final, Jesús representa este cambio de perspectiva con otros dos símbolos que coinciden con el tema de la boda: el vino fresco y el vestido nuevo. Las endurecidas instituciones de Israel representan los odres viejos que no están en condiciones de contener el dinamismo de la comunidad de Jesús, expresado por el vino nuevo. Si se intenta meter uno en otro, al final se perderán los dos. Lo mismo con el vestido, no hay que ponerle pegotes nuevos a la ropa vieja, porque al final se echa a perder el vestido antiguo y el paño nuevo que puede servir para otro vestido.
Martes 18 de enero del 2000
FAUSTINA
1 Sam 16, 1-13: Samuel unge a David como nuevo Rey
Salmo responsorial: 88, 20. 21-22. 27-28
Mc 2, 23-28: El sábado se hizo para el ser humano y no el ser humano para el sábado
esús se enfrentó, en medio de grandes conflictos, con un problema al que hoy también nosotros nos enfrentamos: la burocracia. En efecto, la multitud de cargos, instituciones, personas prestantes, dignidades religiosas, jerarquías del sacerdocio y demás, habían creado un complejo sistema de leyes del cual era imposible prescindir en la vida cotidiana para hacer cualquier tramite normal.
El sábado, por ejemplo, que había sido creado para favorecer la gratuidad de la familia, la escucha de la palabra de Dios, el encuentro de la comunidad, en fin, la liberación del ser humano, se había convertido en una oprobiosa e insoportable carga. Muy pocas personas estaban en condiciones de entender, aplicar y, mucho menos, las mil quinientas y más prohibiciones que regían en el día sábado. Para vigilar su cumplimiento y castigar a los infractores, a veces con la pena de muerte, había toda una corte de gendarmes constituida por fariseos, maestros de la ley, levitas, sacerdotes, dignatarios de cada pueblo, etc. Ellos conformaban una sólida burocracia que velaba por el drástico cumplimiento de los requerimientos legales. La burocracia y su mamotreto de normas habían logrado desplazar el interés genuino por la formación de la comunidad y la liberación del ser humano, que constituían el fin último del precepto del día sábado.
Jesús y su comunidad se abren camino en medio de esta resistencia y proponen una nueva alternativa: las instituciones, las leyes, las cosas están al servicio del ser humano, según el designio de Dios, y no a la inversa.
Miércoles 19 de enero del 2000
MARIO
1 Sam 17, 32-33.37.40-51: David venció a Goliat con una honda y una piedra
Salmo responsorial: 143, 1. 2. 9-10
Mc 3, 1-6: ¿Está permitido en Sábado salvar la vida de un ser humano o dejarlo morir?
ontinuamos con el enfrentamiento de Jesús y la burocracia religiosa. Esta vez no en el campo abierto sino en la sinagoga.
La sinagoga era una construcción destinada a la enseñanza de la Palabra de Dios y a la reunión de la comunidad, el día sábado. Lamentablemente, representaba igualmente un lugar de exclusión. Allí no podían entrar enfermos, extranjeros, prostitutas, recaudadores de impuestos ni ningún otro pecador o impuro. Incluso, las mujeres debían ocupar un lugar marginal, separadas de la asamblea por una reja, una pared o algún tabique. Esto hacía, que la sinagoga en el día sábado fuera el punto más delicado para la burocracia israelita. El Templo, el Sábado y la sinagoga eran intocables.
En la época de Jesús las cosas habían llegado a tal extremo, que muchos rabinos o maestros consideraban que quien cumpliera el precepto del sábado cumplía la ley. No importaba la justicia ni el derecho ni la solidaridad. La dignidad y el valor del ser humano no eran relevantes. Por esto, Jesús se revela y se hace solidario con el hombre o la mujer postrada, abatida y excluida. Para él, toda ley que no favoreciera la vida humana no era ley divina.
Así que Jesús, contraviniendo a sus adversarios, se pone de parte del hombre que tenía el brazo paralizado. Porque lo fundamental no era cumplir con los reglamentos creados por la burocracia religiosa sino permitir que los seres humanos se liberaran, extendieran sus brazos y llegaran a ser personas activas y capaces en el seno de la comunidad. Por eso, Jesús le pide al hombre que se levantara y se pusiera en medio de la asamblea y extendiera el brazo. Para rescatarlo de la marginación y animarlo a ser el mismo, a presentarse como es, a no esconder el defecto que le causaba el rechazo social.
Esta actitud a favor de los seres humanos era incontrovertible. Por esto, aunque había una prohibición bajo pena de muerte a quien transgrediera el sábado, los fariseos y los herodianos no pudieron hacer nada. Ir en contra de las acciones de Jesús era ir en contra del bien particular y común. Así que no les quedó otro camino que la conspiración.
Jueves 20 de enero del 2000
FABIÁN, SEBASTIÁN
1 Sam 17, 32-33.37.40-51: Saúl se enoja contra David
Salmo responsorial: 55, 2-3. 9-10. 11-12. 13
Mc 3, 7-12: Todos los que lo veían querían tocarlo
uego de la controversia en la sinagoga, Jesús se dirige al lago donde está congregada una gran multitud. A diferencia de Juan Bautista que convoca y llama principalmente a los judíos, Jesús hace un anuncio y un llamado universal. Por eso, el texto nombra a las dos principales regiones de Palestina (Galilea y Judea), al centro de poder, Jerusalén, y cuatro pueblos extranjeros (Tiro, Sidón, Trasjordania e Idumea). El número siete representa la totalidad de las naciones.
Jesús se encuentra con la gente en lugares alternativos al espacio institucional (sinagogas y Templo). Por eso, al mar acuden en masa los excluidos: enfermos, poseídos y extranjeros. Él libera al ser humano de los establecimientos que en nombre de Dios oprimen a las personas que no encajan en los estrechos parámetros sociales, religiosos o culturales. La gente lo busca porque él es una fuente de vida, un líder, un "médico" que sana física y psicológicamente. La multitud reconoce que él es una persona que le ayuda a descubrir el propio sentido de la existencia y que la motiva a recuperar la fe en la comunidad humana.
Sin embargo, allí Jesús encuentra conflicto con los "espíritus inmundos" que no le dan tregua. Ni en el campo abierto ni en la sinagoga. Pero, para evitar confusiones, es mejor aclarar éste término. En el evangelio la expresión "espíritu inmundo" es simbólica. Denomina el ánimo triunfalista y belicoso de ciertos seguidores de Jesús que lo proclamaban rey, con el único objetivo de propiciar una protesta popular. Tienen el deseo de convertirlo en un simple instrumento de sus ambiciones. Intenciones con las que Jesús está en desacuerdo. Por eso, aunque los "espíritus inmundos" lo proclaman "Mesías", él los reprende y los conmina a no hacerle mala publicidad. Así, se continúa desarrollando el tema del "secreto mesiánico", como una clave para comprender las genuinas intenciones de Jesús. Tema que es muy importante para entender a Marcos.
Viernes 21 de enero del 2000
INÉS
1 Sam 24, 3-21: No levantarán la mano contra él porque es mi elegido
Salmo responsorial: 56, 2. 3-4. 6 y 11
Mc 3, 13-19: Llamó a los/las que quiso y los/las hizo sus compañeros/as
oda la actividad que Jesús ha desplegado en Galilea confluye, en este momento, con el nombramiento de los «doce». Ellos representan el nuevo Israel que nace al margen de las antiguas instituciones. Sin embargo, no son un grupo homogéneo. Los sobrenombres o apodos nos darán la clave para entender la heterogeneidad del grupo.
Para hacer este nombramiento Jesús "sube" a la montaña. En el Antiguo Testamento los lugares elevados son el símbolo de la manifestación de Dios. Como le ocurrió a Moisés y al grupo de ancianos en el monte Sinaí, Jesús llama a un grupo de personas con los que tenía un vinculo inmediato, una amistad. Los doce son el símbolo del pueblo de Dios, como las doce tribus eran símbolo del antiguo Israel. Les propone continuar con la labor que él ha realizado en Galilea. Ahora, el encargo de anunciar en el evangelio se convierte en una tarea de la comunidad. Además, les da autoridad para expulsar los espíritus inmundos" o ideologías que agobiaban al pueblo sencillo.
El grupo de los doce, como las doce tribus, dista mucho de ser un conjunto homogéneo. Los apodos o sobrenombres de algunos nos dan la clave de las distintas tendencias que caracterizaban a varios del grupo. Primero está Pedro llamado piedra. Esta palabra puede significar que el es el más decidido del grupo, pero, igualmente, que es el más obstinado. La dureza de la ideología de Pedro lo lleva a estar en permanente conflicto con Jesús. Los «hijos del trueno» representan a los Israelitas que gustan entender la voz de Dios como un estruendo terrible que atemoriza a los extranjeros (cf. 1 Sam 7, 10). Luego vienen en serie los nombres de otros discípulos y cierra con el nombre de Simón el fanático. Este último es el representante del celo por la religión, por el cumplimiento de la ley. Su nombre está en paralelo con el de Simón Pedro/piedra.
Sábado 22 de enero del 2000
VICENTE MÁRTIR
2 Sam 1, 1-4. 11-12.19.23-27: ¡Ay, Flor de Israel caída en las alturas!
Salmo responsorial: 79, 2-3. 5-7
Mc 3, 20-21: Su familia decía que había perdido la razón.
partir de esa sección, el evangelista pone de relieve una serie de reacciones a la práctica de Jesús de parte de diversos grupos sociales y religiosos, de la gente común y de la propia familia. Jesús continúa reuniendo a la multitud en espacios alternativos a los tradicionales centros de poder.
Jesús se reúne nuevamente con la multitud en la «casa», señalada con bastante frecuencia como lugar donde vive la comunidad de discípulos. «La casa» es símbolo de la nueva realidad propiciada por la acción de Jesús. Atrás quedan las frías e impersonales vinculaciones religiosas producto del fastuoso templo de Jerusalén y de la rigidez dogmática de las sinagogas. La casa constituye el nuevo hogar y la nueva escuela. Así se superan los estrechos límites de la familia ancestral, constituida por lazos de sangre. Igualmente, se plantean alternativas a las jerarquías de las escuelas rabínicas, basadas únicamente en el prestigio del rabino y el aprendizaje de memoria de la escritura y las tradiciones orales.
Sin embargo, las reacciones no son favorables. La sinagoga y sus administradores se confabulan con los esbirros de Herodes para eliminarlo. Sus propios parientes y allegados van a buscarlo aduciendo que ha perdido la razón. Para sus parientes la nueva práctica de Jesús, su particular estilo de vida, es, simplemente una locura. De este modo, se consolida una reacción adversa a su mensaje. Esta tendencia irá creciendo a lo largo de todo el relato hasta llegar al conflicto con sus propios seguidores y la negación de Pedro.
Domingo 23 de enero del 2000
Tercera semana del tiempo ordinario
IDELFONSO, VIRGINIA
Jonás 3, 1-5.10: Los habitantes de Nínive cambiaron su forma de vivir
Salmo responsorial: 24, 4bc-5ab. 6-7bc. 8-9
1 Cor 7, 29-31: Soluciones de emergencia, para momentos apremiantes
Mc 1, 14-20: Conviértanse y crean en el Evangelio
os profetas surgen en tiempos de crisis. Son hombres y mujeres que se enfrentan a una realidad confusa y compleja. Su oficio no es adivinar el futuro, sino, discernir el presente. Comprenden que determinadas políticas, prácticas y doctrinas van a desencadenar ciertas situaciones en el futuro. En las lecturas de hoy, nos vamos a acercar a tres diferentes actividades proféticas. Primero la de Jonás, el legendario personaje "que habitó tres días en el vientre de la ballena". En segundo lugar, el profeta Pablo que nos presenta soluciones concretas a la difícil situación de la comunidad de Corinto. Por último, Jesús, quien actualiza el mensaje de los profetas del Antiguo Testamento y lo renueva, a la luz de las nuevas situaciones en los nuevos tiempos.
El libro de Jonás es en la Biblia uno de los relatos más breves y más cautivantes. Nos presenta la conflictiva experiencia de los profetas. Aleja de nuestra mente la idealizada imagen de un iluminado divino y nos hace reflexionar sobre la experiencia de un hombre que no comprende muy bien el objetivo de su misión. De ahí su desconcertante conducta. Primero huye por temor a ser rechazado o a quedar en ridículo ante una nación extranjera. Luego, cuando después de mil avatares alcanza éxito en la misión y logra que la ciudad abandone la violencia y mala conducta (Jon 3, 8), se da a la amargura. No podía soportar que Dios fuera "tierno y compasivo", mucho menos con extranjeros. Así que Dios lo reprende por falta de compasión.
Jonás representa a todos los profetas que, a pesar de su buena voluntad, caen en la tentación de pensar sólo en su prestigio y que se desaniman porque sus vaticinios no se cumplen. Sin embargo, el relato está hecho para lo contrario. Para mostrar que a Dios le interesa siempre defender la vida y favorecer a los inocentes. Ese interés por la situación concreta de las personas y las comunidades es el que refleja Pablo en sus cartas.
Pablo envía una extensa carta con reflexiones y recomendaciones para la comunidad de Corinto. Le preocupa intensamente las tergiversaciones que han introducido en la comunidad algunas personas que están influidas por corrientes religiosas ajenas al cristianismo. Individuos que intentaron imponer modas religiosas complicadas, extravagantes y, sobre todo, innecesarias. Pablo enfatiza que el estado civil, el sexo, la clase social y la actividad laboral, no son un obstáculo para seguir al Señor. La urgencia del momento y el estilo de vida cristiana exige que la persona no se distraiga en aparatosas penitencias, sacrificios y abstinencias, sino que se concentre en el cumplimiento de la misión.
Para Pablo lo fundamental de la actividad de la comunidad estaba en comprender el momento presente y actuar de manera que la comunidad se convirtiera en motivo de esperanza. La inminencia de un cambio definitivo en la humanidad obliga a los cristianos a comprender con visión profética las características del tiempo presente. Esa urgencia ante la realidad es lo que caracteriza el anuncio profético de Jesús.
Jesús comienza su llamado con las palabras "el plazo se ha cumplido" indicando, con esto, que el anuncio profético de Juan Bautista no fue algo irrelevante. El juicio de Dios sobre Israel era inminente. La negligencia, la torpeza y la obstinación de los dirigentes y de los fanáticos nacionalistas conducirían a la nación a la ruina. Jesús contradice así el triunfalismo religioso imperante entre rebeldes y oficialistas. Estos creían que Israel estaba destinado a ser el centro del mundo y que sus doctrinas eran "infalibles". Para una persona reflexiva y crítica como Jesús, este modo de pensar sólo manifestaba terquedad y prepotencia. Por esto los llamaba a la "conversión".
La "conversión" es un cambio de mentalidad, una manera nueva de ver la realidad. Esto se puede alcanzar únicamente si se hace una ruptura con el pasado y se cuestionan las falsas seguridades. Es al mismo tiempo, una crítica contra las formas de vida alienadas, opresivas y pesimistas que se suelen apoderar de los pueblos en momentos de crisis. La conversión exige cambiar la manera de pensar para cambiar la forma de vida. Cambiar la ideología para cambiar la práctica. A la vez exige, que la nueva mentalidad se manifieste en prácticas alternativas. Si antes imperaba el pesimismo y la alienación, el cambio exige que se comience a ver la realidad de una forma crítica y que se construya la esperanza.
La conversión anunciada por Jesús venía de la mano con la certeza que el Reinado de Dios se aproximaba a la existencia concreta de la persona y de la comunidad. Pero el Reinado de Dios no es un juicio implacable y catastrófico que calcina la existencia de las personas. Todo lo contrario. El Reinado de Dios es algo enteramente positivo y transformador. Es una irrevocable exigencia de justicia y de felicidad que son irrenunciables para el ser humano. Es un compromiso por construir la esperanza y un sentido de vida que plenifiquen la existencia humana, a nivel personal y comunitario.
La conversión, el Reinado de Dios y "el cumplimiento del plazo" no alcanzan la plenitud de su significado si no se tiene fe en el Evangelio, en la buena noticia que es la persona de Jesús. Los nuevos tiempos que anuncia Jesús exigen una conciencia renovada que le permitan a cada ser humano y a cada comunidad, percibir la realidad con ojos limpios, con mirada nueva. Esta nueva percepción es la única que permite preparar la "venida del Reinado de Dios". Es la mirada que nace de la esperanza y la confianza en Dios de la Vida.
Este anuncio de Jesús hizo mella en algunas personas de Galilea. El texto nos recuerda el nombre de dos parejas de hermanos. Los primeros, Simón y Andrés, sencillos trabajadores independientes. Ellos se dedicaban a la pesca artesanal y utilizaban redes pequeñas, como las que usaban los pescadores pobres. Los segundos, Santiago y Juan, pescadores de mediana categoría que trabajaban a las órdenes de su padre Zebedeo. Ellos dejan atrás la tutela paterna y emprenden el seguimiento del maestro.
Jesús llama a los cuatro para ser "pescadores de personas". De este modo, sin desconectarlos de su mundo cultural, de su realidad cotidiana, les propone un proyecto alternativo. Un proyecto que no consiste en hacerle propaganda a alguna doctrina en particular o en ejecutar dispendiosos y sacrificados ritos piadosos. Todo lo contrario, Jesús lo único que les pide es su amistad, su adhesión personal. De este modo, el seguimiento de Jesús se presenta como un camino alternativo a la rigurosa ascética del Bautista, a la elitista escuela de los fariseos y al furibundo fanatismo de los Zelotas.
El seguimiento entraña ruptura. La predicación de Jesús no va dirigida al vacío, sino que cuestiona también y primeramente a sus discípulos. Ellos deben iniciar un proceso que les permita criticar sus antiguas prácticas y cambiar de mentalidad. Así, Jesús muestra caminos alternativos para mantener viva la profecía y la esperanza del pueblo de Dios. No ya con una preferencia por Israel, sino con una apertura al mundo entero. No con grandes masas anónimas de la población sino con comunidades que están dispuestas a ser fermento de esperanza. No increpando exclusivamente a reyes y grandes líderes, sino dirigiéndose a hombres y mujeres sencillos. Sin embargo, esta nueva práctica no es algo fácil, que esté "a la vuelta de la esquina". La alternativa cristiana y el seguimiento de Cristo son más una tarea que un hecho, son más una esperanza que una evidencia. El evangelio nos mostrará cómo resulta de complicado este camino.
Para la revisión de vida
Con frecuencia pensamos que ser cristiano consiste en ratificar el credo a pie juntillas y aceptar sin fisuras en nuestra mente todos los dogmas y proposiciones que la Iglesia nos haga; olvidamos que lo esencial no está en la mente sino en el corazón y en la vida, que lo esencial es el encuentro personal con el proyecto de Dios, su propuesta, en la Causa de Jesús. ¿Qué es mi fe, un sistema de pensamiento y de creencias, una simple amistad con Jesús, una apasionanada opción vital por su Causa (el Proyecto de Dios, ¡su Reinado!, razón de mi vida)?
Para la reunión de grupo
Muchas veces sucede como el caso de Nínive, la gran ciudad no creyente que, con la predicación del profeta, se convierte y se salva; mientras que los que nos confesamos creyentes nos creemos con privilegios y exentos de toda necesidad de conversión. ¿No son muchas veces los de fuera mejores que los que nos decimos cristianos? ¿No son ellos un ejemplo para nosotros?
Es muy frecuente que caigamos en extremismos de uno u otro sentido, sin saber poner las cosas en su sitio adecuado ni darles su valor exacto. ¿Sé valorar adecuadamente las cosas en mi vida, poniendo lo principal como principal y lo secundario como tal, pero sin caer en despreciar o devaluar estas últimas?
Jesús comienza su actividad pública con un mensaje breve pero denso: "Conviértanse y crean la buena noticia"; éste es el compendio de toda su misión: que el Reino de Dios está ya cerca. Y esa debe ser nuestra tarea: convertirnos y "apuntarnos" a la causa del Reino. ¿No me agarro con frecuencia a hábitos demasiados arraigados, costumbres demasiado inveteradas, tanto que parecen necesarias, imprescindibles, esenciales (aunque no lo sean) y me olvido de convertirme día a día al Reino de Dios?
Para la oración de los fieles
Para que la Iglesia siga anunciado la proximidad del Reino y la necesidad de convertirnos para acoger la Buena Noticia. Oremos.
Para que todos los cristianos que titubean o vacilan a la hora de vivir su fe encuentren en Jesús la fuerza necesaria para no tener miedo a nada ni a nadie. Oremos.
Para que sepamos vivir en continua conversión, sabiendo que eso nos hará más humanos y más felices. Oremos.
Para que la Buena Noticia del amor de Dios sea recibida y acogida por todas las gentes de todos los pueblos. Oremos.
Para que vivamos siempre conforme a lo que creemos y demos testimonio ante todos de los verdaderos valores. Oremos.
Para la oración comunitaria
Dios, Padre nuestro, Tú que todo lo puedes, ayúdanos para que sepamos convertirnos a Ti cada día, de modo que llevemos siempre una vida según tu voluntad y así podamos dar abundantes frutos de Amor y de Justicia. Por Jesucristo.
Lunes 24 de enero del 2000
FRANCISCO DE SALES
2 Sam 5, 1-7.10: Tú eres el pastor de mi pueblo Israel
Salmo responsorial: 88, 20. 21-22. 25-26
Mc 3, 22-30: Una familia dividida no puede subsistir
l evangelio nos presenta a Jesús en diversos lugares. Primero junto al mar, rodeado de grandes multitudes. Luego en la sinagoga y, por último, en "la casa". En estos sitios encuentra diversas formas de oposición y de descalificación.
Primero, sus parientes van en busca de él, creyendo que está loco. Ahora, los letrados de Jerusalén lo califican de servidor de Belcebú. Jesús, sin embargo, no responde agresivamente. Los convoca y cuestiona su manera de pensar con argumentos obvios e irrebatibles. Además les hace caer en cuenta que descalificar a otros, sin comprender el objetivo ni el sentido de sus acciones, es sumamente peligroso. Se puede descalificar el mismo Espíritu Santo que actúa donde quiere y cómo quiere.
Jesús criticó agudamente a los letrados porque, como buenos conocedores de la ley, cumplían con la forma pero traicionaban el espíritu. Ellos estaban muy seguros del poder y el prestigio alcanzado con el conocimiento de la Escritura y estaban atentos a descalificar a todo aquel que excediera los límites. Jesús les cuestiona esa falsa seguridad y les advierte la gravedad de sus procedimientos. Pone en evidencia que los letrados sólo buscaban el control de la gente sin importarles el infinito valor de las personas. Demonizar a los otros en nombre de la ortodoxia, la ley o las buenas costumbres, es sólo una velada manera de defender oscuros intereses.
Jesús tuvo que hablar siempre muy claramente para poner en su sitio a sus detractores. Él sabía lo peligroso que resultan los tribunales que están a la caza de las personas que tienen una opinión propia o que están en desacuerdo con la verdad oficial. Y, más peligroso aún, considerar que las acciones de los demás son obras del demonio.
Hoy asistimos a un proceso similar. Muchos movimientos religiosos y grupos fanáticos se dedican a calificar de demoníaco todo aquello que no entra en su estrecha visión del mundo. La mayoría son sectas que alienan a sus seguidores y reducen su conciencia a un saco de prejuicios, temores y mojigaterías. Esto, que puede parecer un poco folklórico, encierra un gran peligro. Con el tiempo, estos grupos consiguen su objetivo verdadero, el poder, y comienzan a oprimir a todos los que se le oponen. Es lo que han hecho muchos grupos que en nombre de Dios arman guerra santa y comienzan a imponer a las malas sus estrechos criterios.
Martes 25 de enero del 2000
La conversión de San Pablo
Hch 22, 3-16: El Dios de nuestros padres te ha elegido para que conozcas su voluntad
Salmo responsorial: 116, 1. 2
Mc 16, 15-18: Vayan por el mundo entero y prediquen el Evangelio a toda la creación
a conversión de San Pablo ha sido tema de inspiración de muchos artistas. Siempre lo pintan con una mano hacia el sol, envuelto por amplios ropajes, cayendo de un fastuoso corcel. El libro de los Hechos de los Apóstoles nos lo presenta de manera muchísimo más sencilla. Utiliza varios símbolos como la luz, la caída, la ceguera, las escamas en los ojos y el camino.
"El camino" como expresión de la apertura de la Iglesia a todos los extranjeros es uno de los principales símbolos de los Hechos. Pablo mismo dice "yo perseguí a muerte este nuevo camino" para ilustrarnos la forma dinámica y abierta como se concebía el cristianismo. El camino era símbolo del cambio de mentalidad, de la transformación que Jesús indicaba como necesaria para aceptar el "Reinado de Dios". El camino era expresión del itinerario que debían recorrer las personas y las comunidades que querían abandonar la forma de la persona y la sociedad viejas y adentrarse en la aventura de construir formas alternativas nuevas de vivir la existencia. El camino era expresión del proceso como se constituía el nuevo pueblo de Dios gracias al éxodo de Jerusalén a Roma.
Sin embargo, este camino no estuvo absolutamente claro para Pablo desde el comienzo de su conversión. Su carácter obstinado y su fanatismo religioso, expresados por los símbolos de la ceguera y de las escamas en los ojos, serán un grave obstáculo para la apertura de la Iglesia a todos los seres humanos, sin importar su raza, nación, condición social, sexo o cultura.
Los Hechos de los Apóstoles nos muestran la obstinada manera de proceder de Pablo. Después del tiempo de formación en Antioquía, el Espíritu lo anima a dirigirse a Roma, centro del mundo pagano. Él, por el contrario, se empeña en ir hacia Jerusalén, centro del mundo judío. El forcejeo entre Pablo y el Espíritu nos lo relata la segunda parte del libro de los Hechos (Cap.13-28). Los avatares y vicisitudes por los que debe pasar el "Apóstol de los gentiles" nos muestran las dificultades que tuvo la Iglesia en su comienzo para integrar diversas culturas y, sobretodo, disímiles tendencias teológicas e ideológicas. Al final, como lo muestra el texto que hoy leemos, "el Apóstol de los gentiles" descubre que es "testigo" de Jesús ante el mundo entero, para proclamar que Jesús es el Mesías.
Cuando Pablo descubre el significado de "ser testigo", deja el tono fanático y beligerante con que había anunciado a Jesús en sinagogas y en plazas públicas. Comienza a proclamar el evangelio con un nuevo estilo más conciliador y tolerante. Esta conclusión está expresada en los últimos versículos del libro de los Hechos: Pablo reconoce que Israel se niega a crecer y abre completamente las puertas al "nuevo camino": la universalidad de la comunidad cristiana. Así, finaliza por completo la etapa del antiguo Israel y comienza la nueva etapa del pueblo de Dios.
El evangelio coloca como promesa, una práctica habitual de la Iglesia. Las comunidades primitivas se empeñaron en conservar el sentido y el significado de las prácticas de Jesús. Por esta razón, continuaron "el camino de Jesús" anunciando el evangelio a todos los seres humanos, combatiendo las ideologías que dominaban a las personas alienadas, arrojando las serpientes del egoísmo y la injusticia y sanando el corazón de aquellos que habían perdido la esperanza y el sentido de vida.
Pablo mismo, a pesar de sus ambigüedades, encarnó el ideal del Apóstol. Sin perder tiempo se puso en camino hacia la misión universal, aunque continuamente perdió el rumbo. Proclamó el Evangelio a judíos y gentiles, aunque se empeñó demasiado en tratar de enderezar el rumbo de su propio pueblo. Combatió las ideologías y las mentalidades que oprimían a hombres y mujeres de diversas culturas, el mismo luchó contra su tendencia judaizante y al final salió victorioso. Se comunicó en nuevas lenguas, dejando a un lado su preferencia por la lengua materna. Bebió el veneno mortal del fanatismo religioso y, por gracia de Dios, sobrevivió y abrió los ojos.
Ahora, el camino de Pablo se nos presenta como un desafío. Nosotros estamos en riesgo permanente de creernos demasiado convertidos. De ir, con la mejor intención, en contra de las orientaciones del Espíritu. De empeñarnos en caminos que no nos conducen hacia la universalidad sino al sectarismo. Debemos, pues, como el Apóstol Pablo, ponernos en guardia y aprender a re-leer nuestra propia historia personal y comunitaria a la luz de la práctica de Jesús para ver hacia donde apuntan todos nuestros esfuerzos.
Miércoles 26 de enero del 2000
TIMOTEO, TITO
2 Sam 7, 14-17: Yo seré para él un padre y él será para mi un hijo
Salmo responsorial: 88,4-5. 27-28. 29-30
Mc 4, 1-20: La parábola del sembrador
uego de una secuencia que había comenzado en el Mar de Galilea, pasa por la sinagoga y termina en la "casa" de Jesús, se inicia una nueva secuencia en el lago de Galilea. Esta segunda vuelta es un poco diferente de la anterior. En la primera el mensaje acerca del Reinado de Dios se hace principalmente por medio de las curaciones de enfermos y endemoniados, el cuestionamiento directo de los criterios de fariseos y letrados y por el llamado al grupo de seguidores. En esta segunda parte, comienza una enseñanza dirigida directamente a la multitud. De este modo, Jesús comienza a formar a su audiencia y a distinguir en ella a los entusiastas superficiales de los que tienen serias intenciones de seguirlo.
Esta parábola nos revela diversos momentos por los que pasó la comunidad de discípulos. Cada terreno se identifica con una actitud o un rasgo del carácter de una persona o un grupo. Primero, la "tierra dura", que es el grupo que se identifica con las instituciones y a los que nos les importa que Jesús diga la verdad. Luego, aquellos que junto a Jesús rebosaron de entusiasmo, pero las dificultades de la vida mermaron su brío y terminaron por desistir. Enseguida, está el grupo de los que se dejan envolver por las urgencias inmediatas perdiendo por completo el gran horizonte del reino. Por último, el grupo de la tierra buena, de la actitud comprometida. A estos se les valora igual, aunque fructifiquen cantidades diferentes. Es oportuno destacar, que la parábola pone como criterio para medir la eficacia la capacidad de dar fruto, esto es, de realizar prácticas cotidianas acordes con el evangelio. La eficacia no se mide por la adhesión verbal a Jesucristo o a su doctrina, sino por la manera de hacer fructificar la palabra en el seno de la comunidad humana.
El evangelista enfatiza en la aplicación eclesial de su mensaje. Para él, la enseñanza de Jesús recae directamente sobre las prácticas de la comunidad. El carácter o talante de los diversos es un indicativo de su actitud respecto al evangelio y a Jesús. Por esto, hay individuos y grupos a los que les importa más la dureza u ortodoxia de su mensaje que la palabra de vida que Jesús les propone. Otros, que no pasan de la emotividad de una reunión bien organizada y otros que ignoran completamente la palabra atafagados por las exigencias que impone la ideología de turno. Por fortuna, existen grupos y personas que realizan una práctica que demuestra que es posible seguir a Jesús a pesar de las dificultades. Son grupos interesados en defender la vida del ser humano, en comprender el caminar del pueblo de Dios y en vivir prácticas de solidaridad y respeto. Por sus frutos los conocerán como dice el evangelio.
Jueves 27 de enero del 2000
ÁNGELA DE MERICI
2 Sam 7, 18-19.24-29: ¿Quién soy yo, mi Señor, y qué es mi familia?
Salmo responsorial: 131, 1-2. 3-5. 11. 12. 13-14
Mc 4, 21-25: La lámpara no se hizo para meterla debajo de la mesa
uego de la charla con sus discípulos y discípulas, Jesús los/las exhorta para que comuniquen aquello que han aprendido de él al interior de la comunidad. Por eso hace referencia a que lo oculto se hará público. Así se indica que la enseñanza cristiana aunque necesita paciencia y dedicación no es un conocimiento para "iniciados, para los que pertenecen al grupo sino que debe ser accesible a todos. El Evangelio y la verdad no son para unos pocos privilegiados, son patrimonio del pueblo de Dios y, por tanto, de toda la humanidad.
Lo anterior no quiere decir que la comunidad cristiana y las personas tengan que vivir "en la calle", sin derecho a su "intimidad", a su "sentido de grupo". Todo lo contrario. El dicho pide que primero se elabore, se crezca, se reflexione en la intimidad, al interior del grupo y la persona, pero que luego esto encuentre camino hacia la multitud. De este modo se equilibra la vida comunitaria con la actividad social.
En la mitad se inserta un dicho o refrán muy conocido "el que tenga oídos, que oiga". Con esto, se llama la atención de la comunidad para que no hagan caso omiso de la enseñanza del evangelio. Para que no lo pongan junto a otras doctrinas o entre las muchas cosas que se saben, como si fuera receta de cocina. Es la misma advertencia que Jesús hace a la multitud (Mc 4, 9). Ninguno de los que ha escuchado el mensaje está eximido de comprenderlo.
Viernes 28 de enero del 2000
TOMÁS DE AQUINO
2 Sam 11, 1-4.5-10.13-17: David manda asesinar a Urías
Salmo responsorial: 50, 3-4. 5-6a. 6bc-7. 10-11
Mc 4, 26-34: La semilla tiene su propio dinamismo
sta pareja de parábolas explican la dinámica de crecimiento del Reinado de Dios. Ambas se refieren a semillas, a la siembra y al cultivo. De este modo, no sólo se facilita la comprensión de la audiencia rural, sino que se relaciona la palabra de Dios con los grandes símbolos que representan la vida: la tierra fértil, la semilla buena y el crecimiento vigoroso de la planta.
En la primera parábola la actividad del ser humano se limita a lanzar las semillas en todo el campo. La semilla tiene su propio proceso. La tierra es buena. La semilla tiene en sí misma la fuerza para crecer. Germina y produce el fruto a su tiempo. El crecimiento es gradual, pero seguro. El sembrador apenas si se entera. Luego vuelve el sembrador a recoger el fruto. Como se ve, a esta semilla no la ataca ninguna plaga, no cae sobre mal terreno y produce abundantemente porque ha sido cultivada en tierra buena. Como en la parábola del sembrador (Mc 4, 1-9), la tierra buena representa a los individuos y grupos que están receptivos a la palabra de Dios y que luego la practican. Revela a la vez que el Reinado de Dios no depende del empeño de algún grupo en particular, sino posee en sí mismo la fuerza para crecer. A la comunidad le corresponde preparar permanentemente las condiciones para su irrupción.
La siguiente parábola compara el reino de Dios con la minúscula semilla de la mostaza. Esta es una de las plantas más grandes del huerto, a pesar de que tiene un origen tan modesto. Sin embargo, su función no es hacerle sombra a las otras hortalizas, sino ofrecer cobijo a las aves peregrinas. Con esto, se pone a punto la verdadera trascendencia del Reinado de Dios como proyecto alternativo. El reino no opaca a otros proyectos que están al servicio del reino, como las plantas del huerto. El Reinado de Dios no es el imperio de la comunidad sobre los otros. Todo lo contrario. Está allí entre los otros proyectos, como la mostaza entre las otras plantas, para ofrecer su sazonado fruto y ofrecer refugio a aquellos que no tienen ninguna defensa.
De este modo, el par de parábolas revelan la especial dinámica del reino que se basa en la solidaridad, en la sencillez y en la confianza en la propia fuerza y virtud.
Sábado 29 de enero del 2000
VALERIO
2 Sam 12, 1-7.10-17: David reconoce su pecado
Salmo responsorial: 59,12-13. 14-15. 16-17
Mc 4, 35-40: ¿Quién es éste? Hasta el viento y las aguas le obedecen...
odo este relato tiene un valor simbólico. Las comunidades, representadas por las barcas, se disponen a cruzar el lago en dirección de los pueblos extranjeros. Atardece, y los discípulos a pesar de haber hecho la jornada con Jesús, aún no lo conocen. De repente, se enfrentan a las olas y el viento, símbolo del ambiente adverso. Vence el miedo y los discípulos se apresuran a despertar al maestro, creyendo que ignora la suerte de la comunidad. Al final, Jesús los reprende por la falta de confianza. Sin embargo, ellos se quedan en el desconcierto, preguntándose ¿quién es él?, sin acertar a salir del asombro.
Este episodio representa la situación de la comunidad de discípulos. Ellos, a pesar de haber compartido con Jesús, de haber aprendido en el día a día, no comprenden sus palabras, ni sus intenciones. Esta incomprensión es la causa del pánico que sienten ante la hostilidad del ambiente. Acuden a él como un recurso de emergencia, considerándose desprotegidos y desvalidos. Prescinden de la fe que el Maestro ha tratado cimentar durante toda la jornada. Al final, a pesar de la eficaz acción de Jesús, la comunidad de discípulos no se resuelve a conocerlo. Solo cambian el miedo por la incertidumbre.
Mucha gente hoy considera que Jesús duerme. Esperan siempre una intervención mágica de parte de él. Se repliegan ante las adversidades de la vida cotidiana y corren detrás de Jesús como un recurso de emergencia. Esto, revela una fe incipiente e indecisa. Una extrema falta de confianza en las propias capacidades. En la acción de Dios en las personas. Jesús cuestiona esta manera de proceder y exhorta a las comunidades a fundamentar la fe, a solidificar los cimientos, a edificar sobre la roca. La fe madura es aquella que cuenta con Dios y actúa con él.
Domingo 30 de enero del 2000
Cuarta semana del tiempo ordinario
MARTINA
Dt 18, 15-20: La promesa: un profeta como Moisés
Salmo responsorial: 94,1-2. 6-7. 8-9
1 Cor 7, 12-35: Dios ha pagado el precio de su libertad, no permitan que otros los esclavicen
Mc 1, 21-28: No enseñaba como los Letrados sino con autoridad
a palabra Deuteronomio viene de Deuteros = segundo, y Nomos = ley. Es la segunda versión de la legislación mosaica La primera parte está distribuida en los cuatro primeros libros del Pentateuco, especialmente en Exodo, Levítico y Números.
El Deuteronomio fue elaborado a partir de pequeños fragmentos que fueron compilados por el autor o los autores a lo largo de más de seiscientos años. El material que conocemos tuvo un origen muy diverso. Una parte pertenece a la gran tradición oral que la confederación de tribus empleó para regular la aplicación de la justicia al interior de la comunidad y entre las tribus durante el tiempo de los Jueces. Otra parte proviene de las tradiciones del reino del norte, elaborada por grupos que se oponían a la monarquía y proponían legislaciones alternativas para tratar de cambiar el despótico gobierno instalado en Samaría. Otra parte, es elaboración de tradiciones orales del reino del sur, vigentes en tiempos del rey Josías. Esta diversidad fue re-elaborada después del destierro por los sacerdotes y los sabios, hasta alcanzar al forma que hoy conocemos.
Este documento tuvo varias ediciones en las que fue sucesivamente ampliado. Insiste en la necesidad de vivir unas relaciones interhumanas justas. La ley no es, en este documento, un fárrago de decretos aislados. Cada precepto está en función de defender la vida y la dignidad de cada persona en la comunidad. La ley expresa la vida íntima de la comunidad, la necesidad de que cada persona tenga lo mínimo para sobrevivir y nadie viva en una situación oprobiosa y miserable. De este modo, la ley deja de ser una ominosa obligación y pasa a ser un «don» que otorga Dios a todo el pueblo. Este don o alianza se fundamenta en el derecho de cada familia a poseer lo mínimo necesario, esto es, un pedazo de tierra donde pueda cultivar y donde pueda vivir sin ser una carga para los demás: "Como Yavé ha hecho don de este país su pueblo, nadie puede apropiarse de la tierra (Dt 15, 4)".
Para este autor la alianza, la ley o «don» debe ser interiorizada. La convivencia en el país que Dios ha dado al Pueblo peregrino exige un cambio de mentalidad que se traduce en una organización social donde el derecho divino prevalece sobre todas las instituciones. Lo central de este derecho es la justicia interhumana entendida como fundamento de la convivencia social. "El rey debe ser hermano y recortar ventajas e intereses personales. Este abrirse generosamente a los otros es lo que demuestra la pertenencia a Yavé y lo que permite la pertenencia a este pueblo".
En esta misma línea, se ubica la promesa acerca del profeta venidero. Este profeta se compara con Moisés, por cuanto es portador de la palabra de Dios. No viene a recordar al pueblo una u otra cosa. Viene para indicar cuál es el rumbo que el pueblo debe seguir. El profeta se preocupará por mantener vivo el Espíritu de la ley, tema en el que insiste el Deuteronomio. De modo que no se convierta en una mera formalidad, sino que exprese las necesidades vitales de la comunidad y de cada ser humano.
El Deuteronomio da inicio a una tendencia que Jesús llevará a la perfección. Para Jesús, y en general para todos los profetas, lo fundamental de la ley es preservar la dignidad, la intimidad y el valor de cada ser humano, el derecho a vivir en una comunidad donde sea valorado por lo que es y no por lo que tiene. De este modo, la legislación deja de ser un precepto que rige alguna cosa en particular, y se convierte en expresión de las necesidades vitales del ser humano. A esto llama la Biblia "llevar la ley en el corazón".
Esta nueva manera de ver la ley es la que aplica Pablo en la carta a los Corintios. Él aconseja, sugiere, opina, exhorta y amonesta teniendo en cuenta la situación de la comunidad, en el marco social, y la situación de la persona, en el marco de la comunidad. No impone criterios rígidos que agobien la conciencia de las personas, sino que busca que cada persona esté a gusto con su situación.
La comunidad, preocupada por opiniones adversas al matrimonio, le pregunta al apóstol Pablo: ¿Sería preferible no casarse? ¿Por el peligro de la prostitución cada uno debe tener su propia esposa, y cada mujer su propio esposo?¿ Tanto la esposa como el esposo deben seguir cumpliendo los deberes propios del matrimonio? Pablo no da a este tema tan difícil una respuesta simplista. Porque lo fundamental para él no es si todos deben casarse o todos deben quedarse solteros. Para el apóstol lo más importante es que cada uno en su estado, en su condición social, busque a Jesucristo con decisión y entusiasmo.
Para Pablo lo importante es que cada persona de la comunidad cristiana se sienta a gusto y motivada para servir. Por eso su mensaje no orienta a los que están casados, sino que se preocupa por los judíos y por los esclavos. Los judíos para que no renieguen de su cultura y tradiciones, pero para que tampoco se la impongan a los demás. A los esclavos los anima a no desanimarse por su condición y a buscar una oportunidad para liberarse. De este modo, ninguno se puede sentir ni inferior ni superior a los otros. Todos son iguales porque al interior de la comunidad se respeta la diferencia. Este es el principio de Igualdad.
En todos los casos, situaciones, estados civiles, posiciones sociales... Pablo insiste en la urgencia de buscarse un camino para vivir la libertad que nos dejó Cristo y, siendo libres, preparar la irrupción del Reino. El Señor vuelve cuando la comunidad, libre ya de trabas sociales, culturales o ideológicas, da testimonio de un modo de vivir alternativo y liberador.
Esta capacidad, para discernir cada situación en particular, fue una de las cosas que más admiró la multitud de Jesús. Mientras otros maestros y líderes respondían con exhaustivas explicaciones y citando códigos, preceptos y doctrinas, Jesús respondía con la verdad simple y llana.
Jesús estaba interesado en la situación particular de cada ser humano: en sus sufrimientos, en las ideas que lo atormentaban, en aquellas cosas que le impedían ser libre y espontáneo. Este interés no obedecía a un interés político encubierto, sino a una genuina valoración de cada persona que encontraba en el camino. Muchos movimientos y grupos muestran interés por los individuos mientras estos sirven a sus intereses proselitistas, mientras son sus adeptos, luego, si disienten, los ignoran o los marginan. Jesús se manifestó abiertamente contra este modo de actuar y lo declaró abiertamente: el sábado, o sea la ley, las costumbres, todo lo prescrito, está al servicio de cada ser humano y no al contrario.
Precisamente, su lucha contra los demonios fue una lucha contra las ideologías instaladas en las sinagogas que buscaban un mesías glorioso, un militar implacable, un reformador religioso. Jesús nunca se identificó con estos propósitos. Por esta razón, conmina a los "espíritus inmundos" o ideologías opresoras a guardar silencio y a no tratar de seducirlo con falsas aclamaciones y reconocimientos.
El pueblo sencillo reconocía esta lucha contra el formalismo de la ley la ideología que la sustentaba. La propuesta de Jesús los liberaba de la pesada carga moral, económica y cultural que suponía cumplir los más de seis mil preceptos que estaban vigentes para regular todos los aspectos de la vida personal y comunitaria. Mucha gente se preguntaba: ¿no será este hombre el nuevo legislador? ¿No será el hombre prometido como remplazo del profeta Moisés? ¿No será la propuesta de Jesús, el Reinado de Dios, la "nueva ley?" ¿Por qué sus acciones liberadoras y su lucha contra el mal es tan eficaz?
Hoy debemos preguntarnos ¿Hemos seguido la propuesta de Jesús de que cada ser humano tenga un valor infinito? ¿Creemos que nuestra tarea, como anunciadores de la buena nueva, es ayudar a todos los seres humanos a liberarse de las trabas que nos les permiten crecer con libertad y espontaneidad? ¿Tienen carácter normativo la Buena Nueva de Jesús, o la tomamos a la ligera como las noticias de cada día?
Para la revisión de vida
La palabra de Jesús fue siempre una palabra autorizada, llena de verdad y de vida; por eso expulsaba demonios y liberaba a los oprimidos por el mal. ¿Somos verdaderos discípulos de nuestro Maestro? ¿Es nuestra palabra, como la suya, una palabra autorizada y eficaz, que engendra libertad, justicia, paz, esperanza, amor y vida a los hermanos más necesitados?
Para la reunión de grupo
Una constante tentación de la gente religiosa es la de pretender forzar y manipular la divinidad. ¿Busco en mi vida a un Dios doméstico y domesticado, hecho a mi imagen y semejanza, de acuerdo con mis conveniencias personales, ideológicas y sociales, o le acepto tal cual El es y se me da a conocer?
Todos y cada uno de los miembros de la comunidad tenemos que realizar la misión que el Señor nos encomienda; casados o solteros, lo importante es responder a su llamada y no utilizar esa condición para establecer categorías entre nosotros. ¿Cómo colaboro yo, con los dones que el Señor me ha dado, a la construcción de una Comunidad rica por su variedad, y a la implantación del Reino entre nosotros?
Jesús actuaba de tal manera que nadie quedaba indiferente ante él; unos lo admiraban, otros no podían soportar su libertad y su cercanía a Dios Padre. Mi actuación, la de mi comunidad, ¿interpela a la gente que nos ve y nos rodea, impresiona, cuestiona, hace reflexionar, alegra, libera, trae paz, justicia y esperanza, o deja indiferentes a los demás?
Para la oración de los fieles
Para que la Iglesia tenga siempre una palabra creíble, basada en su compromiso real y eficaz con los pobres. Roguemos al Señor.
Para que los pobres, los enfermos, los ancianos, los emigrantes y todos los que sufren escuchen la Buena Noticia de su liberación en palabras y en hechos. Roguemos_
Para que tanto los que viven el celibato como los que ha construido una familia sepan vivir en fidelidad a lo que Dios ha pedido a cada uno. Roguemos_
Para que los gobernantes sepan trabajar eficazmente por el bien común, preocupándose de manera especial por los pobres. Roguemos_
Para que nuestros hermanos difuntos vivan ya la plenitud de vida junto a Dios. Roguemos_
Para que todos nosotros sepamos hacer de nuestra fe, nuestra vida y demos testimonio autorizado ante todos de Jesucristo Muerto y Resucitado. Roguemos_
Para la oración comunitaria
Dios, Padre nuestro, Tu que nos has amado y nos amas hasta el extremo, enséñanos a amar a los demás con todas nuestras fuerzas, y que nuestro amor no se quede en buenas palabras sino que se traduzca en obras de justicia, de amor y de servicio a favor de todas las personas. Por Jesucristo.
Lunes 31 de enero del 2000
JUAN BOSCO
2 Sam 15, 13-14.30; 16, 5-10: Absalón se subleva contra David
Salmo responsorial: 3, 2-3. 4-5. 6-7
Mc 5, 1-20: El endemoniado de Gerasa
uego de la tormenta en el lago durante la cual los discípulos manifiestan su desconcierto y temor, Jesús desembarca solo en un pueblo extranjero. La comunidad no acompaña a Jesús en este avance porque no comprende la misión de Jesús y, sobre todo, no confían completamente en él. De esta manera, Jesús sobrepasa geográfica y simbólicamente los límites de Israel y ofrece la salvación y llama a la misión a todos los marginados de otras culturas.
Ni bien Jesús se baja de la barca, cuando se encuentra con el endemoniado. Este hombre representa la condición de muchos seres humanos que viven encadenados (cepos) y ocultos (entre las tumbas). Había adoptado el nombre de "legión", palabra latina usada para denominar a las tropas romanas, expresión de la brutalidad, la codicia y la opresión del impero.
La actividad de este endemoniado está en relación con un oficio que era desempeñado solo por los esclavos, por las personas de ínfima condición social: cuidar cerdos. El imperio romano sustentaba toda su economía y, por tanto su política, en el sistema esclavista. Los esclavos constituidos principalmente por prisioneros de guerra, estaban obligados, sin importar su raza, sexo o edad, a ejercer las más duras labores de producción agrícola y ganadera. Muchos se rebelaban y huían a la montaña, pero terminaban atrozmente asesinados por las tropas imperiales o por la misma gente de los pueblos que temía una represalia. Para Roma, la rebelión era el crimen más grave que se pagaba con la pena capital.
La gente había intentado someter el endemoniado a la fuerza, pero no lo había conseguido. Él buscaba liberarse por medio violentos: escondiéndose en los montes y rompiendo las cadenas. Pero no lo había conseguido. Por esto, continuaba oculto entre los muertos y se hería con las piedras.
Jesús libera al endemoniado devolviéndole su rostro humano: limpio, vestido y bañado. Sin embargo, los propietarios de los cerdos no se alegran por esta situación. Les entra pánico ante el inesperado cambio. No comprenden por qué Jesús siendo un extranjero quiere cambiar la situación, así que le ruegan que los abandone. Al final, el hombre se anima a seguir a Jesús. Pero, no va detrás del Maestro sino que recibe el encargo de comunicar esta buena y nueva noticia, la liberación, a los suyos.