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Febrero del 2000

Martes 1 de febrero del 2000

SEVERIANO

 

2 Samuel, 18, 9-10.14b.24-25a.30; 19,3: ¡Ojalá hubiera muerto yo en vez de ti!

Salmo responsorial: 85, 1-2.3-4.5-6

Marcos 5, 21-43: Niña, ¡levántate!

 

 

 

unque el evangelio de Marcos fue escrito para comunidades que superaban los límites judíos, no deja de ser impresionante lo que señala el texto de hoy: Jesús quebraba la legalidad tocando con sus manos elementos llamados «impuros» por la ley: una mujer con hemorragias y una niña difunta. Para Marcos, «la buena noticia de Jesús» rompe todos los moldes y se presenta como liberadora de ataduras: enfermedades, muerte, y especialmente, de las conciencias frente a la servidumbre de la pura ley.

La mujer con flujo de sangre era impura, no podía mezclarse con la gente, y dejaba impuro a quien ella tocara. El evangelio pone a esa mujer impura como protagonista de un gesto sanador de Jesús, la pone en medio de la gente y tratando de tocar al mismo Jesús, y tocándolo efectivamente. Nosotros también estamos muy lejos del mundo cultural y religioso judío del tiempo de Jesús, y nos es difícil percibir todas estas alusiones que el evangelio contiene: todas aquellas prescripciones de la ley respecto a pureza e impureza nada tienen que ver con la actitud de Jesús: su Buena Nuevo lanza por los aires hechos añicos todos estos prejuicios y discriminaciones que tanto han hecho sufrir a tantas personas sencillas y pobres o enfermas. Jesús mira el mundo de otra manera e ignora positivamente esa legislación que humilla y discrimina.

La palabras para la niña son simbólicas: "Levántate". Las curaciones de Jesús no son malabarismos mágicos que él hiciera para lucirse, ni aun con la buena intención de mostrar la presencia de Dios... La presencia de Dios Jesús la manifiesta siempre en una acción sobre las personas que las lleva a "ponerlas en pie", sacarlas de su postración o marginación y devolverlas a la plenitud de fuerzas para una actitud de servicio reasumido... Jesús libera con una "libertad de" (frente al mal) y una "libertad para" (para llevarnos al amor que es servicio).

 

 

 

Miércoles 2 de Febrero del 2000

La Presentación del Señor

 

Mal 3, 1-4: ¿Quién podrá resistir el día que venga el mensajero del Señor?

Salmo responsorial: 23,7.8.9.10

Heb 2, 14-18: Tenía que parecerse en todo a sus hermanos

Lc 2, 22-40: Mis ojos han visto al salvador de Israel

 

 

 

a presentación del Señor es una fiesta muy antigua de la Iglesia. Su origen se remonta al siglo IV. La liturgia subraya el carácter mesiánico de la presencia del Salvador ante la humanidad. La paz y la justicia son las primicias del tiempo de salvación. Por eso, se entonan cantos y himnos que exaltan la lucha del bien contra el mal, de la luz contra la oscuridad. En algunas partes se llama "fiesta de las candelas", por las velas que se encienden al comienzo de la ceremonia y que recuerdan que Cristo ha iniciado una nueva era.

Los textos enfatizan la vinculación entre las promesas que Dios ha hecho a Israel y su cumplimiento en Jesús de Nazaret. La primera lectura señala cómo la irrupción del Mensajero definitivo del Señor será de tal manera definitiva y magnífica que el pueblo no podrá menos que reconocer que Dios siempre actúa a favor de ellos como lo hacía desde antiguo.

En la carta a los Hebreos, el escritor se enfrenta a una dificultad que ya enfrentaron los antiguos profetas. Muchos esperaban un Mesías que irrumpiera de la nada con grandes tormentas y tempestades y que juzgara al mundo con cetro de hierro. Sin embargo, la irrupción de Jesús fue muy diferente.

Por último, el evangelio, nos muestra la presentación de Jesús en el Templo y su consagración al Dios de Israel por ser el primogénito. Las profecías de Simeón y de Ana relacionan la misión de Jesús con las antiguas promesas de Dios.

La profecía de Malaquías se ubica en los años siguientes al retorno del exilio. Tal vez en la segunda o tercera generación de los que volvieron. Muchos se sentían decepcionados porque las utopías planteadas por los profetas Ageo y Zacarías no se cumplían. Es más, muchos dudaban que el Reinado de Dios irrumpiese en la historia humana. Por esta razón, el profeta desarrolla su profecía por medio de preguntas. Con ellas cuestiona las conjeturas, opiniones y dudas de las personas escépticas y cínicas que habían perdido la esperanza y que se burlaban de todos los que confiaban en el Señor.

La crítica del profeta se dirige contra la negligencia de los líderes religiosos y políticos; contra los varones que abandonan sus familias y se casan con extranjeras para mejorar la situación económica y ganar en prestigio social; contra los que se negaban a favorecer a los más pobres negando su aporte económico a la comunidad. Pero, la "punta de lanza" de la crítica del profeta nos es un regaño en contra de sus detractores. Lo esencial para el profeta es la memoria histórica. Por eso, parte del amor que Dios tiene por su pueblo y termina con promesas que avivan la esperanza en el futuro.

El texto que hoy leemos se encuentra en la sección que se centra en la purificación de la comunidad. En ella, se intenta que la comunidad perciba que la injusticia es una falta que atenta contra la existencia misma del Pueblo de Dios. La injusticia no es un mal entre otros, sino el comienzo de todas las calamidades. Por eso, la comunidad debe superar esta contradicción en su seno y celebrar su fe alegrándose porque se vive y se practica la justicia.

El profeta compara el pecado de la injusticia con una mancha o con una impureza en el metal precioso. Por eso, toma el símbolo del jabón y del fuego para representar la acción del enviado de Dios. El mensajero del Señor tendría por tarea poner en evidencia todas las manchas, todas esas cosas que le impedían constituirse en un auténtico pueblo consagrado al Dios de la vida. El fuego, es un símbolo cuyo significado tiene mayor alcance. Se compara al mensajero ya Dios con un forjador de metales que somete al crisol el metal que desea trasformar. El fuego, destrucción y nuevo comienzo, libera al metal de todas las partículas entrañas y lo deja listo para convertirse en la joya que elabora el artista. Con esto, Malaquías pone en evidencia el proceso que debe recorrer Israel si quiere hacer realidad las promesas del Señor.

Sin embargo, ni la poesía ni la crítica social del profeta conmovieron al pueblo. La imagen que la gente, especialmente los poderosos, se habían formado del enviado del Señor era realmente diversa de aquella que proponían los profetas. Todos esperaban un militar invencible, un sacerdote prodigioso o un príncipe poderoso. Ese era el "Mesías" que se habían forjado y, no pocos, llevaban sus ilusiones a un extremo en el que mezclaban magia y religión: esperaban a un ser superior a los humanos que cambiara las cosas con un golpe de mano y, como por arte de magia, empezara una era de armonía más allá de la historia. A estas expectativas se enfrentó, cuatro siglos más, el autor de la carta a los Hebreos.

En la carta de los Hebreos se plantea un problema que se había suscitado por las falsas ilusiones de algunos miembros de la comunidad. Muchos, intentaban hacer de Jesucristo un individuo tan alejado de los problemas históricos y enfatizaban tanto su divinidad que Jesús de Nazaret terminaba por no ser un ser humano. Por eso, el autor se empeña en mostrar que Jesús pertenece a nuestra historia, y sobretodo, en demostrar que Dios actúa en la vida humana a través de un hermano nuestro. De un ser humano que sufre, envejece, vive y muere como cualquiera de nosotros. Y que, el significado de la salvación no es la enajenación del mundo, sino la transformación de la realidad de muerte en realidad de vida, la realidad de pecado en realidad de gracia.

El evangelio de Lucas coloca a Jesús en clara relación con las profecías veterotestamentarias. Un rito, la purificación, que era una actividad habitual luego del nacimiento de un hijo, se convierte en ocasión para que el evangelista nos presente a Jesús en el marco del Templo y frente a los símbolos del Israel esperanzado (El anciano Simeón y la profetisa Ana).

La purificación era una ceremonia que tenía por función purificar a la madre luego del parto. El contacto con la sangre y la placenta inhabilitaban a la mujer para presenciar el culto. Por ley, debía presentar una pequeña ofrenda y realizar la ceremonia de "purificación", esto es, de reencuentro con lo sagrado. Lucas aprovecha esta ocasión y avanza en su presentación de Jesús.

En los primeros capítulos Jesús es presentado por medio de las voces celestiales. Ahora, por medio de las voces humanas Jesús es presentado como la esperanza del pueblo de Dios y, especialmente, como "luz de las naciones". Las palabras de Simeón enfatizan el significado de Jesús frente a Israel y a su significado salvífico universal. Esto es, una confirmación de las profecías bíblicas que le daban un significado muy amplio a la acción de Dios en Israel, de modo que la salvación alcanzaba a todas la naciones por medio de Israel. Pero a la vez, las palabras de Simeón ponen en evidencia que la presencia de Jesús va a desatar una contradicción y un conflicto tan fuerte, que sus palabras serán causa de división. Ana tiene la función de continuar hablando de la esperanza de Israel a todas las personas que acuden al templo.

Sin embargo Lucas, no hace crecer la esperanza de Israel a la sombra del Templo, sino en el anonimato de un pueblecito escondido en las montañas de Galilea. Allá nos remite para comprender cómo iba creciendo el niño en su maduración humana y sabiduría.

 

Jueves 3 de Febrero del 2000

BLAS

 

1Re 2, 1-4.10-12: Muerte de David y sucesión de Salomón

Interleccional: 1Crónicas. 29, 10. 11ab. 11d-12a. 12bcd

Mc 6, 7-13: El envío de los doce

 

 

 

iertas formas de presentar el evangelio nos hacen ver a los discípulos y, especialmente, a los apóstoles como una pequeña burocracia de doce preferidos que rodeaban a Jesús. Sin embargo, una lectura atenta del evangelio no da pie para este tipo de lectura.

Los "doce" no representan un selecto y encumbrado grupo. Los "doce" personifican a la totalidad del pueblo de Dios. Así como en el Antiguo Testamento las "doce tribus" eran símbolo de la totalidad del pueblo de Dios. El número "Doce" representa a una totalidad en extremo diversa, desde fanáticos nacionalistas (Simón Cananeo) hasta empleados del Imperio (Leví) (Cf. Mc. 3, 13-19) que habían sido llamados de entre un grupo que acompañaba y seguía a Jesús para que combatieran el mal. Su función no era tener prerrogativas sobre los demás discípulos sino anunciar el evangelio. Para esta misión debían portar únicamente la buena nueva y no llevar cosas que pudieran distraerlos. La ropa en exceso, las comodidades de la casa, el dinero, podían distraerlos de su misión fundamental que era anunciar la Buena Nueva. La Buena Noticia no era una cosa abstracta. Todo lo contrario. Era una palabra de esperanza en medio de una situación muy difícil.

Jesús le dice a cada uno que porte un bastón. Pero no un bastón de mando o un bastón para golpear a cualquiera que se atraviese en el camino. El bastón tenía la única función de servir de apoyo en las largas caminatas que los llevaban de un pueblo a otro. Lo importante era ponerse en camino hacia el hermano necesitado.

 

 

 

Viernes 4 de febrero del 2000

GILBERTO

 

Sir 47, 2-11: Himno a las hazañas de David

Salmo responsorial:17, 31. 47 y 50

Mc 6, 14-29: El conflicto entre Herodes y Jesús

 

 

 

diferencia de Juan Bautista, Jesús nunca concentró su predica en una crítica a la monarquía de Judá. Al igual que todos sus contemporáneos Jesús sabía que Herodes Antipas era un gobernante cruel y sanguinario como lo había sido Herodes el grande, su padre. Herodes estaba casado con una sobrina suya que era además su cuñada, esposa de su hermano Felipe que residía en Roma. Debido a intrigas palaciegas, Herodes había mandado asesinar al Bautista. Estas y otras acciones acrecentaron el odio que el pueblo sentía hacia la dinastía. La gente esperaba que apareciera un profeta que continuara la obra de Juan, denunciando las perversidades de los gobernantes.

La aparición de Jesús en Galilea suscitó muchas expectativas e igualmente mucha confusión y ambigüedad. Algunos, como Herodes, lo asimilaban a la figura del Bautista, por lo que le originaba temor y desconcierto por cuanto podía canalizar el descontento de las masas hacia una rebelión. Pero, Jesús no concentró únicamente su actividad en una crítica a la monarquía. Sus acciones, intereses e intenciones eran causa de desconcierto y daban pie a sinnúmero de interpretaciones. Como Jesús insistía en que el momento histórico era definitivo para la irrupción del Reinado de Dios, lo consideraban el "Nuevo Elías", esto es, el profeta apocalíptico que vendría justo antes del juicio definitivo sobre Israel. Para otros, era uno de los grandes profetas del Antiguo Testamento que aparecían en momentos de crisis para convocar al pueblo de Dios y reavivar la esperanza.

Jesús era todo esto y mucho más. Y ese más, esa diferencia, es lo que nos muestra Marcos en su evangelio. Pero no de una forma categórica o con una respuesta simple. Marcos le da respuesta a la pregunta quién es Jesús a través de todo el evangelio mostrando cual fue el camino, el proceso que hizo la comunidad para comenzar a comprender las intenciones de Jesús. Por esto, no debemos buscar en los evangelios respuestas simples, sobre Jesús. Debemos seguir el ritmo de la historia, el movimiento de la narración para ir descubriendo paso a paso con la comunidad ¿quién es Jesús?

 

 

 

Sábado 5 de febrero del 2000

ÁGUEDA

 

1 Re 3, 4-13: Salomón pide un corazón dócil para guiar a su pueblo

Salmo responsorial: 118, 9. 10. 11. 12. 13. 14

Mc 6, 30-34: Jesús se compadeció de la multitud porque andaban como ovejas sin pastor

 

 

 

uego de la actividad misionera Jesús invita a sus discípulos a que se tomen un momento de descanso, una breve tregua. Pues era tanta la actividad que el evangelio nos dice que "no tenían tiempo ni siquiera para comer". La comunidad entonces parte en una barca hacia un lugar retirado. Sin embargo, la multitud no les da tregua. Corren detrás de Jesús y lo esperan al otro lado del algo.

En nuestras iglesias, en los grupos, en ocasiones o por largas temporadas se desata un temporal de actividades. La gente va y viene empeñada en muchos proyectos, compromisos y preocupaciones. En medio de ese trajín las personas se olvidan de su propia existencia, de la necesidad de estar fortalecidos. En este ambiente, Jesús invita a toda la comunidad a "hacer un alto en el camino", a tomarse un breve respiro para desembarcar con mas fuerzas. Es necesario que la comunidad se fortalezca con la presencia de Jesús y se prepare para los compromisos futuros, si no, corre el riesgo de desfallecer.

Hoy enfrentamos una situación similar. El ritmo de la vida contemporánea engulle todo nuestro tiempo y, a veces, los compromisos son tan urgentes que no nos queda tiempo "ni para comer". Jesús nos invita a que, sin abandonar la misión, nos embarquemos con él y toda la comunidad en un breve descanso para reemprender la misión con más fuerza. La misión es muy importante, pero los enviados necesitan estar siempre alimentados y fortalecidos con la presencia de Jesús.

 

 

 

Domingo 6 de febrero del 2000

Quinta semana del tiempo ordinario

PABLO, MIKI Y COMPAÑEROS

 

Job 7, 1-4.6-7: Mis días se consumen sin esperanza

Salmo responsorial: 146, 1-2. 3-4. 5-6

1 Cor 9, 16-19.22-23: Predicar el Evangelio no es motivo de soberbia

Mc 1, 29-39: He venido para predicar el Evangelio

 

 

 

as lecturas, a pesar de ser tan diversas, hacen referencia a dos temas relacionados: de un lado la proclamación del Evangelio y del otro, el servicio a las personas que están aquejadas de algún problema, enfermedad o pensamiento que las inhabilita para servir. De este modo, se comprende que es tan importante evangelizar como formar nuevos evangelizadores.

Es oportuno ahora preguntarnos: ¿tiene nuestra comunidad, grupo o iglesia algún camino de formación que prepare realmente a los integrantes para servir a los demás anunciando el evangelio? ¿El anuncio del evangelio está reservado sólo como oficio de los pastores, sacerdotes y ministros o es una actividad en la que está realmente comprometida toda la comunidad? ¿Qué pensamos respecto a la manera como Jesús preparaba a sus discípulos? ¿Consideramos que en nuestra iglesia o comunidad se anuncia el evangelio con humildad luego de una adecuada preparación o se improvisa todos los días? Estas y otras preguntas se plantearon Pablo y las primeras comunidades. Todos, se remontaron a la práctica de Jesús para saber qué era lo que debían hacer.

Jesús enfrentó una difícil situación social. De una parte estaban todos los menesterosos, los enfermos y los desorientados, que buscaban a una persona que les ayudase a encontrar un camino para superar el estado de postración. Muchos de ellos vivían un mundo de ilusiones que esperaba la irrupción de un enviado de Dios celeste y todopoderoso. De otro lado, estaban los dirigentes del pueblo sostenidos por el partido fariseo, que defendían a capa y espada la legitimidad de la instituciones y la inmovilidad de la situación social. Cualquier transgresión al orden jerárquico establecido era duramente castigada. De otro lado estaban los fanáticos o Zelotas que ardían por destruir por la fuerza a los romanos. Tres problemas distintos daban origen a una consecuencia realmente desastrosa: todos intentaban salvar la nación por su lado, pero, ignoraban que lo más importante de un país no es su tierra ni el poder, ni la religión, ni la pureza de las tradiciones ancestrales, sino la gente.

Este olvido de la gente, del valor de las personas para la conformación de un orden social justo y conforme a la voluntad de Dios, llevaba a una terrible dispersión de los esfuerzos. Jesús intentó cambiar esta situación tratando de que la gente comprendiera cual era la situación, cual era el fondo del problema. Por eso, hacía insistentes llamados a la conversión o cambio de mentalidad. Sin una nueva manera de ver las cosas la realidad seguiría siendo un eterno desastre.

Lo primero en la nueva comprensión de la realidad es entender que las personas sufren, y hacerse solidarios con ellas. Cuando no se percibe la angustia del enfermo postrado en una cama o en una silla, o del demente relegado a la periferia o a las calles de la ciudad, es fácil creer que una solución general le caerá bien a todos. Jesús siempre miraba y atendía a las personas enfermas porque se compadecía de ellas. Y compadecer no significa simplemente tener lastima de la gente postrada, sino compartir sus penas, comprender sus sufrimientos, remediar su desesperación. Un modo de actuar que no es fácil por cuanto solemos tener ante los enfermos -sean físicos o psicológicos- una actitud que no los ayuda a crecer, sino que los encoge. Por eso, lo primero que hacía Jesús era restaurarles la autoestima, la fe en sí mismos. El sabía que las reflexiones del libro de Job no eran sólo artificios literarios, sino expresión de un pueblo que siente perder el horizonte de la esperanza. Un pueblo al que cada amanecer se le convierte en una pesada e insoportable carga. En esta situación la depresión embarga a la gente y no sin razón dicen: "mi vida es una brizna de viento y mis ojos se apagan sin contemplar la felicidad".

Lo segundo, era la superación de los límites culturales y de los condicionamientos sociales. Por eso, Jesús socorre a la suegra de Pedro en día sábado, aunque estaba expresamente prohibido. Y la mujer se pone en actitud de servicio, aunque no estaba permitido atender a los demás en día sábado. Porque cuando Jesús libera a una persona, esa persona comienza a actuar de una manera totalmente diversa. Pero es necesario que le prestemos un momento de atención a la dolencia que tenía postrada a la suegra de Pedro. Esta señora yacía en un lecho a causa de la fiebre y esta fiebre le impedía servir a los demás. No era una enfermedad como las otras, sino un estado de ánimo. En el idioma original del Nuevo Testamento se denomina a la fiebre con la palabra fuego. Cuando Jesús la libera del fuego que la inmoviliza y la consume, esa persona se pone en actitud de servicio. El fuego era el símbolo de los reformadores violentos que querían cambiar las cosas por la fuerza. Jesús le plantea otra alternativa a esta mujer y "le da la mano" para que emprenda un nuevo camino.

Luego de esta escena, el pueblo que ha terminado el descanso sabático obligatorio, busca a Jesús y le llevan muchos enfermos y endemoniados. El evangelista nos dice que esto ocurre "al atardecer", para mostrarnos la situación de incomprensión (tinieblas) de un pueblo que no es capaz de superar las absurdas imposiciones del legalismo fariseo. Los "endemoniados" o sea las personas gravemente perturbadas y alienadas por alguna ideología comienzan a gritar a Jesús. Jesús no se deja callar y los contradice de una manera tan certera y radical, que termina expulsando de la comunidad todas esas maneras de pensar que atormentan y esclavizan al ser humano.

Al terminar la jornada, Jesús se retira a la montaña, lejos del bullicio, para repensar su acción y dedicarse a la oración. Allí le sigue el pueblo fascinado por el éxito del maestro y trata de hacerlo retroceder al punto de partida. Jesús no se deja manipular y propone a la comunidad una "revisión de posiciones", de modo que abandonan el lugar seguro y se ponen en camino hacia todas las aldeas marginadas y olvidadas. Jesús no pierde nunca de vista que el objetivo de su misión es anunciar la buena noticia a todas las personas. Precisamente en este punto el apóstol Pablo nos hace una precisión inolvidable: el anuncio del evangelio es lo fundamental de la acción misionera.

Pablo enfrentó la envidia de muchos detractores suyos que consideraban que el anuncio del evangelio era un privilegio de los apóstoles o de las personas mejor preparadas de la comunidad. Convertían así la misión en un privilegio. Sin embargo, Pablo nunca se dejó envolver por estas pretensiones. Para él era claro que la evangelización era una tarea que le competía, por igual, a toda la comunidad. Pablo sabía que cada persona se desempeñaba en un ministerio diferente, pero, estaba cierto que todos estaban al servicio de la misión de la comunidad. Ningún ministerio, fuera como apóstol, maestro, presbítero, profeta, se constituía en una prebenda para engrandecer el prestigio personal.

Pablo entendía la misión de la Iglesia como una irrestricta solidaridad con las personas que tenían su esperanza puesta en Dios, en una nueva manera de vivir, en un orden social donde las personas valieran en sí mismas. Por esto nos dice que hay que hacerse débiles con los débiles, pueblo con el pueblo. Pues, la solidaridad consiste fundamentalmente en hacerse parte de la vida del otro, del que sufre, del que lucha contra la exclusión que lo convierte en un ser débil. De este modo, el anuncio del evangelio y el servicio a los más débiles y excluidos se convierten en sinónimos, en la única manera posible de seguir a Jesucristo y creer en Dios, en el Dios de la vida.

 

 

Para la revisión de vida

Frente a un estilo religioso basado en la práctica piadosa, en el cumplimiento de ritos y cultos y similares, Jesús nos enseña a vivir nuestra fe en Dios con su mismo estilo, que consistió en "enseñar en las sinagogas y expulsar a los demonios", en enseñar y curar, en palabras y hechos, juntos. Nuestra fe, ¿acompaña su palabra con los hechos? ¿Se expresa, como Jesús nos enseña, en el trabajo por erradicar el mal en el mundo, luchando contra los sufrimientos, las injusticias y cualquier tipo de "demonio" que oprima a nuestros hermanos?

 

Para la reunión de grupo

El dolor es un misterio, y por eso sólo podemos entenderlo desde la experiencia y la confianza en Dios. Con frecuencia hablamos del sufrimiento en pura especulación, teóricamente, sin tratar de "comprenderlo" con el corazón... ¿Somos conscientes de que Jesús no "explicó" el sentido del dolor, sino que pasó por él, lo vivió, lo asumió y lo superó para enseñarnos que también nosotros, aunque pasemos por el dolor y la muerte, estamos destinados a la alegría y la vida?

¿Anuncio mi fe a los demás o me limito a vivirla yo para "salvar mi alma"? Y si la anuncio a los demás, ¿lo hago por obligación, o para "salvar a los demás y que no vayan al infierno" o porque la Luz de Jesús es algo tan impresionante e importante en mi vida que "no me queda más remedio" que contárselo a todos?

Mucha gente seguía a Jesús por interés, por haber comido hasta hartarse, por las curaciones milagrosas tal y cómo él mismo les echó en cara en alguna ocasión. Yo, ¿por qué sigo a Jesús: por interés, por miedo, por convicción, por amor a su Causa?

 

Para la oración de los fieles

Por las personas que sufren el dolor y la enfermedad, para que sientan la cercanía, el cuidado y el cariño de los suyos. Oremos.

Por quienes viven solos, sin cariño, sin calor de amigos y familiares, para que puedan encontrar personas con quienes convivir, a las que querer y que los quieran. Oremos.

Por todos los que se dedican al anuncio de la Buena Noticia, para que lo hagan con entrega e ilusión y, sobre todo, con el testimonio de la propia vida. Oremos.

Por quienes nos confesamos discípulos de Jesús, para que seamos conscientes de que Dios no es para unos pocos privilegiados sino el Padre de todos, especialmente de los pobres. Oremos.

Por todos nosotros, para que nos sintamos Iglesia de Jesús, presentando su mensaje con alegría y esperanza. Oremos.

 

Para la oración comunitaria

Dios, Padre-Madre, que has enviado a Jesús a nuestro mundo y a nuestras vidas para sacarnos de la oscuridad y del temor; haz que la Comunidad de los que creemos en Ti, animados por la fuerza de tu Espíritu, nos esforcemos cada día en mostrar a todos tu verdadero rostro, que es el rostro de la paz y la verdad, el amor y la justicia, el servicio y la entrega a los necesitados. Por Jesucristo.

 

 

 

Lunes 7 de febrero del 2000

GASTÓN, ROMUALDO

 

1 Re 8, 1-7.9-13: El traslado del Arca de la Alianza

Salmo responsorial: 131, 6-7. 8.10

Mc 6, 53-56: Los que lo tocaban eran sanados.

 

 

 

l pasaje que hoy leemos es un "sumario" de las acciones de Jesús. En él se pueden apreciar ciertas acciones que con el desarrollo de la misión se han vuelto típicas. La primera es el viaje en barca en compañía de la comunidad para ir por las aldeas predicando el evangelio. Luego, la más destacada, la curación de los enfermos que acudían en masa para "tocar" a Jesús. La fama del Maestro se extendía y todos querían recibir algún favor suyo o presenciar un milagro. Sin embargo, como lo muestra el silencio del texto, la multitud todavía no era capaz de comprender el significado de Jesús.

El evangelio por medio de omisiones, silencios, intervenciones de los espíritus inmundos, nos muestra que la comunidad y la multitud son incapaces de reconocer la verdadera identidad de Jesús Este problema que caracterizó el grupo de discípulos, se presentó luego con las nuevas generaciones de cristianos. Cada cual se hacía su propia imagen de Jesús. Unos lo veían como un gran terapeuta. Otros como un ser humano de recia personalidad y clara doctrina. Algunos más como un ser humano que quería cambiar las diferencias sociales. Sin embargo, percibían facetas de Jesús. Marcos se preocupó de procurarnos una imagen íntegra de Jesús que recuperara su dimensión histórica y el proceso por el cual la comunidad llegó a reconocerlo como Mesías.

Nosotros acostumbramos leer el evangelio como un libro de "recetas de cocina". Buscamos algún tema que nos interesa, una cita que nos ayude a comprender una doctrina. Pero, muy pocas veces o casi nunca hacemos una lectura íntegra del evangelio. "Integra" no quiere decir leerse el evangelio desde el primer capítulo hasta el último. Aunque esto es necesario, no es suficiente. Para leer una obra literaria como el evangelio es necesario conocer un poco el estilo de narración, la situación del escritor y de los personajes sobre los cuales narra. De esta manera, comenzará a esclarecerse la imagen de Jesús al colocarlo en el desarrollo de su misión y en el correspondiente ambiente histórico.

 

 

 

Martes 8 de febrero del 2000

JERÓNIMO, EMILIANO

 

1 Re 8, 22-23.27-30: Súplica de Salomón pidiendo a Dios mirada benigna sobre el Templo

Salmo responsorial: 83, 3. 4. 5 y 10. 11

Mc 7, 1-13: Dejan a un lado la palabra de Dios para aferrarse a sus propias tradiciones

 

 

 

esús fue un ser humano en permanente conflicto. Conflicto con la multitud y con sus discípulos porque no comprendían el significado de sus acciones. Conflicto con los escribas por la manera de interpretar la ley. Conflicto con los herodianos por liberar a los hombres de los espíritus inmundos. Conflicto con los fariseos por tecnicismos de la ley. Un conflicto que fue creciendo a medida que él ampliaba su campo de acción y superaba los limites de Galilea para predicar en tierras paganas.

[Sobre el conflicto de Jesús: Carlos BRAVO, Jesús, hombre en conflicto, Sal Terrae, Santander 1986; también en CRT, México; también hay traducción brasileña]

En el episodio de hoy presenciamos una enconada discusión acerca del significado de la "Palabra de Dios". Muchos fariseos creían que siguiendo las minucias de la ley cumplían a la perfección la voluntad del Señor. Para ellos la perfección consistía en ser rigurosos, austeros y muy ejemplares. En cambio, para Jesús la perfección es el amor y la solidaridad que producen felicidad y alegría en cada ser humano. Aferrarse a la letra de la ley para no cumplir la Palabra de Dios era la paradoja y el sin sentido que vivían los "hombres religiosos" en la época de Jesús.

Hoy se vive una paradoja similar. La mayor parte de movimientos religiosos, de sectas, proponen un seguimiento literal de la Palabra de Dios. Por esto, aunque Jesús nunca lo hizo, se someten a exhaustivas vigilias y ayunos. Exigen diezmos y primicias para el fondo del movimiento y, lo que es más contradictorio, exigen el cumplimiento de normas que Jesús había superado. Esta es la paradoja y el sinsentido de muchos movimientos que queriendo ser radicales terminan ignorando a Jesús de Nazaret.

 

 

 

Miércoles 9 de febrero del 2000

REBECA

 

1 Re 10, 1-10: La reina de Saba admira la sabiduría de Salomón

Salmo responsorial: 36, 5-6. 30-31. 39-40

Mc 7, 14-23: Lo que sale de dentro es lo que hace impuro al ser humano

 

 

 

a ley o prescripción que obligaba a las personas a realizar los ritos de purificación no hacía parte, estrictamente hablando, de la ley mosaica. Era una prescripción reservada a los sacerdotes que prestaban servicio en el templo y que debían estar en todo momento preparados para presentar una ofrenda de acuerdo con los requerimientos legales (Lv 22, 1-9). Los fariseos habían extendido, de modo por demás innecesario, este pesado precepto a todos los discípulos de cualquier escuela rabínica. Todos los que se preparaban para un conocimiento profundo de la Escritura debían, en opinión de los fariseos, seguir todos los requerimientos de purificación.

Los que pertenecían al partido fariseo criticaban a los discípulos de Jesús por muchas cosas: por incultos, por su origen social... pero, sobretodo, porque no seguían los protocolos que ellos habían impuesto -sin ninguna justificación- a cualquiera que se hiciese discípulo de un rabino.

Jesús critica esa actitud por falsa y encubridora. Falsa en el sentido en que lo que se buscaba, la pureza, no se conseguía por medio de ritos. Encubridora, porque ese exceso de legalismo les servía para infringir la ley y violar los derechos fundamentales de la familia y la comunidad. Los fariseos evadían sus obligaciones con sus padres y parientes apelando a una ley ritual que impedía que lo que se ofrecía al templo sirviera a otros propósitos. De esta manera, los ancianos eran abandonados en la miseria y las viudas y huérfanos vivían en la mendicidad.

Jesús pone al descubierto y denuncia ante el pueblo esta injusticia e incoherencia. Pero, en general, el pueblo era tan poco crítico y confiaba tanto en sus líderes que no percibía el engaño. La mala fe encubierta de religiosidad y piedad reemplazaba a una conciencia crítica y una fe madura.

 

 

 

Jueves 10 de febrero del 2000

ESCOLÁSTICA

 

1 Re 11,4-13: La idolatría de Salomón

Salmo responsorial: 105, 3-4. 35-36. 37 y 40

Mc 7, 24-30: Los perritos comen las migajas que les dan los niños

 

 

 

na buena sorpresa se debió llevar Jesús con la fe de la mujer griega. Jesús se manifestaba abierto partidario de la salvación universal. Sin la ayuda explícita de la comunidad se había internado en las regiones paganas hasta llegar a Tiro, puerto marítimo ubicado sobre el mediterráneo. Allí buscaba pasar desapercibido y, de paso, atenuar la persecución que habían iniciado los líderes de Jerusalén. Sin embargo, no podía evitar que la gente lo buscase como un eficaz remedio contra los espíritus inmundos. A pesar del estilo liberador de Jesús, su respuesta fue un poco "desconsiderada", desatenta y descortés.

Para una mentalidad tan nacionalista como la judía, la precedencia de Israel en el orden de salvación era una verdad indiscutible. Para ellos, Jerusalén era el centro religioso donde estaba el templo del Dios verdadero, y de allí irradiaba la salvación del Dios verdadero. Cualquier ecumenismo se entendía únicamente a partir de sus propios postulados religiosos. De modo que el pueblo universal debía quedar cobijado por el estrecho techo del templo salomónico.

La respuesta de la mujer saca a Jesús de esta seguridad religiosa y lo pone de frente ante un hecho fundamental: la salvación es ya, de hecho, una propuesta universal de Dios. No hace falta formar parte de un grupo, una iglesia o una religión para recibir la solidaridad de los otros. Basta con saber que la solidaridad de los pobres (los niños pasan pan a los perritos) es suficiente para remediar las situaciones de alienación, represión moral y complejo de inferioridad. Ante esta respuesta, a Jesús no le queda otra posibilidad que reconocer que el proyecto del Reino universal excede cualquier limitación. Pues la verdad no reside en un sector de la humanidad, ni en un grupo, ni siquiera en una iglesia... sino que es un bien de todos los seres humanos. Y la verdad es un bien que libera, dondequiera que se presente.

 

 

 

Viernes 11 de febrero del 2000

Nuestra Señora de Lourdes

 

1 Re 11, 29-32; 12, 19: La división del reino davídico: nacimiento de Israel y Judá

Salmo responsorial: 80, 10-11ab. 12-13. 14-15

Mc 7, 31-37: Hace oír a los sordos y hablar a los mudos

 

 

 

n los anteriores episodios Jesús le ha intentado mostrar a la multitud de judíos que lo sigue un camino para superar la vieja mentalidad y transformarse en hombres y mujeres nuevos. El Exodo o camino de liberación que realizaron los antepasados para superar la esclavitud de Egipto debe ahora continuarse. Los hebreos se liberaron de las tremendas cargas laborales, de la falta de libertad de culto, de las malas condiciones de vida, de los límites impuestos al crecimiento de la familia. Dieron grandes pasos para prescindir de las condiciones que no les permitían crecer, llegar a ser un pueblo autónomo, una nación libre.

Sin embargo, ese camino se quedó a medias, porque si bien superaron las limitaciones externas, la opresión de Egipto, se encadenaron a sus propias seguridades religiosas, al espíritu nacionalista, a tradiciones sin sentido, en fin, a ideales de estrecho alcance.

Jesús capta esta actitud que inhibe le crecimiento de la comunidad y de las personas e intenta cambiarla. Pero, la resistencia a la innovación crece, hasta el punto de suscitar un feroz conflicto. Ante esta situación, Jesús se da un aire en tierras extranjeras, donde, para su sorpresa, encuentra la fe, el ánimo y la calidad humana que no ha podido despertar entre sus seguidores.

La curación del mudo, relato exclusivo de Marcos, muestra como los excluidos de otras naciones lo buscan y acogen sus palabras con entusiasmo y sin reticencia. Jesús ejecuta una acción liberadora por medio de signos que hacen manifiesto el poder de Dios a favor de los pobres frente a situaciones (inhibición, represión psicológica) que le impiden al ser humano avanzar hacia su realización. Como en el Exodo, cuando Moisés se convierte en el dedo de Dios (Ex 8, 15).

 

 

 

Sábado 12 de febrero

PAMELA

 

1 Re 12, 26-32; 13, 33-34: Jeroboán manda hacer dos becerros de oro

Salmo responsorial: 105, 6-7a. 19-20. 21-22

Mc 8, 1-10: La "segunda multiplicación" de los panes

 

 

 

ivide y vencerás" era la consigna del imperio y, ciertamente, la hizo realidad en todas sus colonias. El pueblo de Israel, al igual que todos los pueblos, había abandonado por completo los ideales ancestrales de formar una sociedad igualitaria. En cambio, se había transformado en una sociedad con muchísimas divisiones, de todo tipo. División socioeconómica por cuanto convivían en la misma ciudad personas extremadamente ricas al lado de personas que morían de hambre en las calles y al borde de los caminos. Sociedad dividida en castas, por cuanto se distinguía netamente entre diversas clases de sacerdotes y de tribus. Cantidad de partidos políticos entre los que se destacaban los "colaboracionistas" llamados Herodianos, los nacionalistas de izquierda llamados Zelotas, los nacionalistas institucionalizados llamados Fariseos, los místicos sectarios llamados Esenios, y así, muchas tendencias que desintegraban y confundían al pueblo sencillo. No faltaba, por demás, la neta separación entre los judíos helenistas de mentalidad bastante amplia que vivían en el extranjero enfrentados con los nacionalistas de mentalidad muy cerrada, que vivían en Jerusalén.

Ante este panorama, Jesús no se empeñó en hacer un llamado a la "unidad nacional" ni nada por el estilo. El se empeñó en suscitar una auténtica conciencia de comunidad. Pero no una comunidad determinada por la raza, la región geográfica, la religión, la familia o cualquiera de las cosas que generalmente vinculan a los grupos humanos. Él tomó un camino que resulto más original y, por lo tanto, más difícil. Buscó crear una comunidad de hombres y mujeres con mentalidad crítica y abierta que superaran las barreras sociales, culturales y geográficas y que se empeñaran en hacer de la solidaridad (amor al prójimo) y del ideal de un orden social justo el punto de convergencia e integración. A esta propuesta la llamó Reinado de Dios, en cuanto expresa la necesidad absoluta que tiene cada ser humano de ser feliz.

El relato de hoy expresa, mediante símbolos, los primeros pasos de ese esfuerzo. La multitud se encuentra en el desierto (símbolo del Exodo). La aflige la situación de las personas que viven en la periferia y están en camino hacia un ideal. Jesús plantea su comunidad la difícil situación de su pueblo. Intenta encontrar una alternativa novedosa. Pero, como es típico en los discípulos, escucha las respuestas conformistas de siempre. Jesús, entonces, recurre a las "reservas" de la comunidad, al alimento que se retiene como preparación a los momentos difíciles. Este pan antes retenido y ahora repartido generosamente, invita a la solidaridad. Lo mismo ocurre con los peces. Al final, la suma de lo que cada uno guardaba para sí y que es puesto en común, alcanza para todos. Al compartir el pan se multiplica.

Sin embargo, lo más importante no es meter un pan en la boca del hambriento. Lo decisivo es que todo aquello, aunque sea poco, que ha sido acumulado se pone al servicio de la gente y se da gracias a Dios por esto. Porque es una gracia divina que la gente reparta de lo que tiene para vivir y no reparta lo que le sobra. De este modo, se supera la mentalidad cerrada de los discípulos y se abre el camino solidario para poner las bases de un nuevo orden social. La unidad se logra gracias a la valoración de la alteridad y no por la exaltación del espíritu nacionalista, o a la consigna partidista de un grupo.

 

 

 

Domingo 13 de Febrero del 2000

Sexta semana del tiempo ordinario

BEATRIZ

 

Lev 13, 1-2.44-46: Los leprosos son expulsados del campamento

Salmo responsorial: 31, 1-2. 5. 11

1Cor 10,31 - 11,1: Hacer todo para la gloria de Dios

Mc 1, 40-45: La sanación del leproso

 

 

 

nosotros, personas del siglo XXI, de mentalidad moderna o posmoderna que vivimos en una cultura aparentemente sin ritos, nos cuesta trabajo comprender todo el fárrago de minucias legales que aparecen en el Pentateuco, especialmente en los libros del Levítico, Números y Deuteronomio. La diferencia en el tiempo, en la visión del mundo, en la manera de vivir, etc., nos impiden captar las sutilezas de las que estaba hecha la vida cotidiana de los pueblos antiguos. Ellos vivían en una sociedad esclavista, agraria, extremadamente religiosa. Nosotros, vivimos en una sociedad capitalista, urbana y, aparentemente, secularizada. Por esta razón, muchos de estos escritos nos parecen desfasados de la realidad y pasados de moda. Con facilidad pensamos que Jesús prescindió de todos estos enredos legales para vivir de una manera racional. Nos parece muy acertado que Jesús echara por tierra todo ese aparato inútil.

El evangelio de hoy nos muestra las verdaderas intenciones de Jesús al infringir la ley. El motivo por el cual Jesús criticó el legalismo de sus contemporáneos no fue para "estar a la moda", ni para prescindir de las "leyes inútiles". Su verdadera intención era precisamente, aunque pueda parecer paradójico, hacer la voluntad de Dios. Esto es: propiciar la liberación de las personas de todas las ataduras sociales, religiosas y culturales que impiden a cada individuo expresar su personalidad de una manera espontánea y original.

Comencemos, pues, por la primera lectura. Las prescripciones del Levítico nos causan estupor, inquietud, asombro, rechazo y, de cuando en vez, risa. Contienen leyes que regulan muchos aspectos de la vida del pueblo. Especialmente la actividad ritual y cultual La mayoría de leyes son extensos tratados de requisitos que versan sobre la manera correcta de realizar los ritos. Las ceremonias tienen como finalidad superar todas las infracciones a la ley, por medio de ofrendas y sacrificios. Si alguna persona había violado, voluntaria o involuntariamente, la ley, debía someterse a estos largos y, a la mayoría de las veces, pesados procedimientos.

Dentro del grupo sancionado por la ley, los leprosos llevaban la peor parte. Eran, ni más ni menos, unos "muertos en vida". El leproso era un cadáver ambulante. Esta manera de ver a los enfermos nacía del temor a la muerte. Todo lo que tuviera que ver con la pérdida de la vida (sangre, despojos, putrefacción, etc.) era severamente repudiado. Quien entrara en contacto con cualquier despojo animal o humano se impregnaba de impureza. Y como la lepra era "la hija primogénita de la muerte", el leproso era rotundamente excluido de la comunidad.

La lepra se consideraba una enfermedad prácticamente incurable. Sólo Dios tenía el poder de sanar esta dolencia (Nm 12, 11-15; 1Re 5, 9-11). Dentro de la categoría "lepra" se incluía todas las afecciones de la piel que presentaran la apariencia de putrefacción, inflamación y congestión de sangre. Como la lepra era considerada "castigo divino" (Nm 12, 9s; Dt 28, 35; 2Cr 26, 19-21), el sacerdote era la única persona autorizada para diagnosticar la enfermedad y para reconocer su curación.

Como enfermedad tenía implicaciones médicas e higiénicas. Como "impureza" legal y cultual tenía consecuencias en extremo graves para el enfermo. El leproso debía vivir fuera de la ciudad. Por ningún motivo, bajo pena de muerte, se le permitía traspasar la muralla y entrar en las áreas pobladas. Estaba obligado a vestir harapos, a llevar el cabello sucio y despeinado, y a llevar el rostro y la cabeza cubierta. En pocas palabras, debía vivir de luto por su propia muerte en vida. Todo lo que tocaba quedaba impuro y excluido de la comunidad. Las personas, los animales y las cosas que entraban en contacto con el enfermo debían someterse a un penoso rito de purificación y presentar la ofrenda prescrita por la ley.

En la época de Jesús la mentalidad legalista había crecido hasta límites insoportables. La situación social, psicológica, moral, económica y religiosa de los leprosos se había convertido en un verdadero suplicio. Los consideraban "execrables desechos que habían perdido todo rasgo humano y, por supuesto, toda gracia divina. Frente a esta circunstancia, la actitud de Jesús resulta, desde todo punto de vista, absolutamente sorprendente. La "purificación" del leproso se inserta en una serie de acciones altamente simbólicas y significativas.

Jesús realiza una serie de gestos o señales que hacen evidente la irrupción del tiempo mesiánico. Primero, expulsa un demonio en la sinagoga de Cafarnaúm el día sábado. Este signo pone en evidencia la capacidad que Jesús tiene para distanciarse de la institución y para plantear alternativas a la comunidad (Mc 1, 27b: un modo nuevo de enseñar; actuar con autoridad).

El segundo signo, la curación de la suegra de Simón en la casa de éste. Jesús trasforma a los individuos postrados por las ideologías opresivas en personas capaces de servir (Mc 1, 31: se levantó y se puso a servirles).

El tercer signo es la curación de numerosos enfermos en presencia de la multitud, estando a "la puerta". En las ciudades antiguas "la puerta" era el lugar donde se congregaban los ancianos de la ciudad para dirimir los conflictos entre los habitantes. Era el sitio donde se fijaban los avisos de interés común y donde el heraldo proclamaba los mensajes del rey. Allí concluye la primera etapa de la actividad, coronada por una inusitada popularidad que Jesús rechaza. Por eso, camina solitario hacia los montes, en medio de la oscuridad decreciente del amanecer y de la soledad del desierto y la oración.

Jesús se propone, entonces, recorrer otros lugares. El inesperado "éxito" en Cafarnaún y, sobre todo, de la insistencia de Pedro lo motivan a revisar su posición y a mantener la dinámica itinerante. Para Jesús estaba absolutamente claro que el objetivo de su misión era llevar una palabra de esperanza a todos los desconocidos rincones de Galilea. Con este motivo, inicia una segunda etapa de su actividad. Se desplaza, entonces, por toda la región predicando en las sinagogas y en otros lugares.

El leproso es el primero en responder al llamado de Jesús. Sólo después que el leproso divulgue la transformación que ha tenido, la multitud comenzará a buscar al Maestro. El leproso se dirige al Jesús diciéndole: "si quieres, puedes limpiarme". En estas palabras el acento recae sobre el estado de la persona. La lepra era considerada una mancha o suciedad prácticamente imborrable. Recaía sobre el individuo por voluntad divina como castigo por una falta cometida por la misma persona o por algún antepasado. Como enfermedad, estaba fuera del control de las manos de los médicos de la época. Como situación sicológica, moral y social implicaba el total abatimiento de la personalidad de los individuos y la destrucción de todos los lazos, afectivos y económicos, que lo mantenían vinculado a la familia y a la comunidad. Por esta razón, las palabras del leproso hacen énfasis en el sentimiento de suciedad y desprecio que sentía el leproso hacia sí mismo.

El evangelio nos dice que Jesús se conmovió. Y conmoverse significa comprender hondamente la situación de la persona y procurar algún remedio. En seguida, Jesús extiende el brazo y toca al leproso. El contacto con personas sanas o "puras" estaba severamente prohibido e implicaba la pena de muerte para el leproso. Las palabras de Jesús "quiero, queda limpio", revierten la situación de marginación y depresión anímica de esta persona y lo liberan para permitirle un reingreso a la sociedad que lo había expulsado. Incluso, Jesús lo exhorta para que haga los trámites pertinentes a la reincorporación cultual y a la admisión en la ciudad, sin hacerle publicidad al evento. Sin embargo, la respuesta del leproso es realmente sorprendente. Lo primero que hace es anunciar o predicar a todos; divulga la palabra: la buena noticia de su sanación. En últimas, al ser nuevamente libre, no se reincorpora al sistema establecido que lo expulsó y que lo mantenía excluido, sino que se convierte en un agente evangelizador que atrae a todos hacia Jesús.

Jesús congrega a la multitud en las afueras, en los lugares desiertos, símbolos del éxodo. Su permanente contacto con los desempleados, los enfermos y las prostitutas impiden su acceso a los pueblos. Ahora, luego del contacto con el leproso y la divulgación de la noticia, Jesús no se "puede mostrar en público". No sólo porque sea famoso, también porque se convierte en "sospechoso" de herejía al contravenir las férreas disposiciones legales.

Mucho tiempo después, las diversas iglesias de Asia y Grecia asumieron esta praxis de Jesús. La comunidad judeocristiana para la cual Mateo escribe su evangelio estaba convencida de la necesidad de devolverle la dignidad y el valor humano a los leprosos; de liberar la carga de desprecio y suciedad que la cultura y la legislación habían cargado sobre los individuos enfermos. Tanto así, que lo habían convertido en tarea explícita de sus actividades misioneras (Mt 10, 8).

Pablo en la carta a los Corintios llama la atención sobre un aspecto esencial de la praxis liberadora de Jesús. Los cristianos no deben estar sometidos a las disposiciones cultuales de los pueblos paganos o del pueblo judío. El cristiano es libre porque Jesucristo lo liberó. Pero, esa liberación no puede ser causa de fantochería y esnobismo. Porque la libertad del cristiano no es únicamente una libertad exterior, una libertad de las prescripciones. La libertad para el cristiano es una convicción interior que lo lleva a actuar, según la voluntad de Dios, a favor de la comunidad, especialmente de los excluidos. La libertad cristiana hace crecer a la persona en espontaneidad y originalidad, de modo, que se integren a la comunidad y sirvan a los demás con la plenitud de su ser. Por esta razón, Pablo critica la actitud de algunos corintios que violan las normas por puro exhibicionismo y no viven en profundidad su fe, sus convicciones, su lucha por la libertad de todos y de todo.

 

 

Para la revisión de vida

La absolutización de la ley y la utilización de las personas son dos de las formas más dolorosas de falta de amor al prójimo. Y sin embargo no son situaciones infrecuentes en la vida. ¿Sé entender la ley como instrumento que es al servicio de las personas, o esclavizo las personas bajo las leyes? La ley, sobre todo la religiosa, ¿me libera o me esclaviza?

 

Para la reunión de grupo

El antiguo pueblo judío marginaba totalmente a los leprosos, haciéndolos vivir fuera de la ciudad, porque esta enfermedad se consideraba signo de impureza, de rechazo hacia aquellas personas por parte del mismo Dios; decimos que hoy tenemos otra mentalidad, pero ¿estamos seguros de que es así?, ¿no consideramos como "impuros y apestados", por ejemplo, a los enfermos de sida, a las prostitutas? ¿Es ése el estilo del Evangelio?

Ser causa de escándalo para otras personas es algo que el propio Jesús reprobó duramente; pero ¿no utilizamos a veces el argumento de "no escandalizar" para dejarnos llevar, no crearnos problemas, no denunciar las injusticias? ¿No es, a veces, una excusa para nuestra cobardía o falta de solidaridad, para estar más cómodos y tranquilos sin buscarnos complicaciones en la vida?

A veces nos encontramos en la vida con situaciones extraordinarias, incluso "milagrosas" podríamos decir; nos alegran por el provecho que podemos sacar de ellas; ¿somos capaces de no quedarnos sólo con eso, con el provecho que podamos obtener, sino de llegar a descubrir el amor de Dios? ¿Somos capaces de descubrir que ese amor existe incluso aun cuando no obtengamos aquello que esperamos de Dios?

 

Para la oración de los fieles

Para que la Iglesia haga un esfuerzo serio y eficaz a la hora de dar una respuesta válida a los problemas de nuestro tiempos. Oremos.

Para que los gobernantes de todo el mundo sirvan al bien común, sin caer en imposiciones, en partidismos ni en faltas de respeto a las minorías. Oremos.

Para que los magistrados de todas las naciones impartan verdadera justicia, sin caer en prevaricaciones, sobornos o corrupciones, ni se vendan a los poderosos, a los ricos o a los fuertes. Oremos.

Para que todos los trabajadores sigan luchando por conseguir o reuperar unas condiciones laborales justas y dignas y así sean verdaderos artesanos en la construcción de un mundo nuevo. Oremos.

Para que todos nosotros sepamos poner las leyes al servicio de las personas, y nunca esclavicemos a las personas con las leyes y los legalismos. Oremos.

 

Para la oración comunitaria

Dios, Padre nuestro, tú que te complaces en hacerte presente en quienes trabajan con todo su corazón, con todo su ser y con todas sus fuerzas por extender tu Reino en esta tierra; concédenos vivir de tal modo que cumplamos, siempre y en todo, tu voluntad de que vivamos como hermanos. Por Jesucristo.

 

 

 

Lunes 14 de febrero del 2000

CIRILO, METODIO, VALENTÍN

 

St 1, 1-11: Dios da generosamente y sin echarlo en cara

Salmo responsorial: 118, 67. 68. 71. 72. 75. 76

Mc 8, 11-13: ¿Por qué esta generación reclama un signo?

 

 

 

on motivo de la celebración de los dos mil años del nacimiento de Jesús ha surgido una oleada de temores, visiones apocalípticas y premoniciones de catástrofes. La televisión, la prensa, la radio y algunos movimientos religiosos sacan partido al temor que alguna gente tiene al futuro. Llenan la imaginación de personas sencillas con imágenes sobrecogedoras. Plantean "la vuelta" de Jesús como la violenta irrupción de un vengador implacable, acompañada de espectaculares signos cósmicos: un señor de barba, vestido con una resplandeciente túnica blanca, porta una flamante espada y monta sobre un corcel blanco que avanza sobre las nubes...

Esta manera de presentar la imagen de Jesús pone en evidencia una forma mágica de pensamiento, un desconocimiento total de los símbolos bíblicos y un deseo de dominar a la gente mediante la intimidación. El evangelio que hoy leemos nos muestra cómo Jesús combatió esta manera errada de pensar acerca del Mesías. El siempre manifestó su férrea oposición a los grupos, individuos e ideologías que lo querían meter a la fuerza en este esquema.

Marcos nos cuenta que los fariseos se le acercan a pedirle una "señal del cielo". Dentro de la mentalidad nacionalista de la época, compartida por grandes sectores de la población, se había fijado la idea de que el estricto cumplimiento de la Ley facilitaría la presencia de un Mesías que se revelaría por medio de signos cósmicos. Los fariseos quieren tener la certeza de que Jesús ese el Mesías que ellos esperan y lo retan a que les de un signo. Sin embargo, Jesús no cede a estas pretensiones y los deja plantados sin darles ninguna explicación.

El Mesías de los fariseos y de otros grupos nacionalistas coincidía con la imagen de un vengador implacable que acabaría con todas las naciones que habían sometido a Israel. Jesús se niega rotundamente a responder a estas expectativas por una razón muy sencilla. Para él, lo importante no era la irrupción de un Mesías que salvara a unos pocos. Para él, lo importante era trasformar la realidad de sufrimiento, miseria y desesperanza por medio de la solidaridad entre los seres humanos que se liberaran de las alienaciones sociales. Jesús está seguro de que nuestra historia debe cambiar, y de que es posible cambiarla.

 

 

 

Martes 15 de Febrero del 2000

FAUSTO, JOVITA

 

St 1, 12-28: Dios no tienta a nadie

Salmo responsorial: 93, 12-13a. 14-15. 18-19

Mc 8, 14-21: Tengan cuidado con la levadura de los fariseos y los herodianos

 

 

 

espués del desplante que da a los fariseos, Jesús remonta el Mar de Galilea en compañía de su comunidad. Ante la evidencia de la escasez de alimento después de compartirlo con la multitud, él les plantea una reflexión: compara la forma de actuar de los fariseos o herodianos con la levadura, y la distingue claramente del modo de interactuar de la comunidad de discípulos y discípulas. Para él era evidente que su propuesta no se identificaba con la ideología nacionalista de los fariseos ni con el oportunismo político de los descendientes de Herodes que manipulaban al pueblo para mantenerlo sometido. Ambas ideologías estaban marcadas en sus ideas por la mentalidad cerrada, en sus ofertas por una solidaridad únicamente con los miembros de la propia secta o grupo y en su acción por la manipulación de la gente sencilla para alcanzar los objetivos de sus partidos.

Los herodianos y los fariseos constituían dos tendencias políticas completamente opuestas. Los grupos fariseos estaban integrados por varones Israelitas que habían jurado total fidelidad a las tradiciones y a la ley de su pueblo. Los herodianos eran secuaces del joven Herodes y la mayor parte de ellos procedían de países extranjeros o eran judíos de dudosa procedencia. Apoyaban el violento gobierno de Herodes impuesto por el Imperio Romano al pueblo judío. Los fariseos odiaban radicalmente a Herodes, a sus descendientes y colaboradores. Por ser extranjeros no les reconocían ningún derecho sobre el pueblo judío. Sin embargo, la propuesta de Jesús representaba un peligro para cada uno de estos grupos.

Jesús compara la acción de estos grupos con la levadura. La levadura, como sabemos, sirve para fermentar la masa y hacerla crecer. En el evangelio se emplea con frecuencia como símbolo del agente que produce un cambio o una alteración en algo. La advertencia de Jesús se dirige a mostrar cómo el trabajo de los fariseos sólo se encamina a fomentar la fraternidad nacionalista, a trasformar solamente aquello que le interesa a un minúsculo grupo. Es lo opuesto a la solidaridad que Jesús propone, esto es: una solidaridad entre las personas sencillas que son conscientes de su situación personal y colectiva y la quieren trasformar. La solidaridad de los seguidores de Jesús constituye un nuevo camino que posibilita el encuentro con todos y no la "salvación" de un pequeño grupo.

Jesús advierte que la levadura de los fariseos hace crecer la masa, la multitud, llenándola de sentimientos nacionalistas y de autosuficiencia por creerse los "elegidos de Dios". Para él, lo ideal es hacer crecer el pan de la fraternidad por medio de la solidaridad. Así, la comunidad tiene ante sí un sistema: se puede hacer crecer el pan inflándolo, como hacen los fariseos, o se puede hacer rendir el pan repartiéndolo, como propone Jesús.

 

 

 

Miércoles 16 de febrero del 2000

SAMUEL

 

St 1, 19-27: La ira del ser humano no produce la justicia que Dios quiere

Salmo responsorial: 14, 2-3ab. 3cd-4ab. 5

Mc 8, 22-26: La curación del ciego de Betsaida

 

 

 

uando leemos este pasaje nos surgen muchas preguntas. Una de ellas es: ¿por qué el ciego recupera la vista en dos momentos y no de una sola vez como ocurrió con el sordomudo (Mc 7, 31-37)? Algunos estarían inclinados a pensar que el ciego va recuperando progresivamente la vista. En el primer tiempo vería un poco mal a causa del tiempo que llevaba sin percibir nada y que le impedía reconocer las cosas como realmente eran. Luego, recuperaría la vista de una manera definitiva y vería las cosas como "realmente eran".

Sin embargo, el evangelio no nos da pautas para esta interpretación, por una razón sencilla: cuando el invidente comienza a abrir los ojos y ve a los seres humanos "como árboles que caminan", Jesús no le corrige verbalmente esa manera de ver la realidad, sino que le ayuda a "afinar" la visión. Por esto, podemos pensar que el ciego recupera la vista en dos tiempos. En el primer tiempo ve a la humanidad como un conjunto de árboles todos iguales que van de un lado para otro sin rumbo. Este sería el símbolo de la humanidad alienada, donde todos los seres humanos piensan, se comportan y se visten de la misma manera. De modo que no son otra cosa que un árbol más en el bosque. Sin embargo, Jesús le ayuda al ciego a superar este pesimismo y a ver mejor y más lejos. Porque la humanidad aunque esté alienada tiene horizontes por los cuales encaminarse. No todo está perdido. Si se abren bien los ojos se puede ver el horizonte de la esperanza.

El evangelio nos muestra como Jesús nos ayuda a ver más y mejor. A superar el pesimismo y el cinismo. No se puede negar que en la realidad la gente se comporta como "árboles que caminan"; pero tampoco se puede negar que existe un horizonte a donde podemos dirigir nuestra vista y encaminar nuestros pasos para salir del círculo de la enajenación y el pesimismo. Eso sí, el primer paso es romper con la ideología de la aldea, de la secta y encaminarse por el rumbo que señala Jesús, aunque sea necesario andar en la periferia.

 

 

 

Jueves 17 de febrero del 2000

FUNDADORES SERVITAS

 

St 2, 1-9: Dios ha elegido a los pobres del mundo para hacerlos herederos del Reino

Salmo responsorial: 33, 2-3. 4-5. 6-7

Mc 8, 27-33: Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?

 

 

 

a controversia que se ha venido desarrollando a lo largo de todo el relato alcanza aquí su punto máximo. Ante la respuesta que su mensaje provoca, Jesús pregunta a sus discípulos por la opinión de la gente acerca de su persona. Para el común de la gente, Jesús continuaba la tradición de Juan Bautista y de los antiguos profetas de Israel como Elías. Frente a esta opinión Jesús no manifiesta ningún parecer particular. Luego, cuando pregunta a los discípulos su opinión, Pedro toma la palabra y le dice a Jesús: "tu eres el Mesías". La reacción de Jesús es de completo desacuerdo. Por eso, para evitar que sea una opinión generalizada, los amonesta y les prohibe que difundan estas ideas.

A nosotros esta reacción de Jesús nos parece un poco sorprendente. Todos esperaríamos que él estuviese de acuerdo con Pedro, porque para nosotros Jesús es el Mesías, el Cristo. Sin embargo, debemos tomar en cuenta un aspecto esencial: la palabra Mesías significa hoy para nosotros algo distinto de lo que significaba para los judíos en Palestina en al año 30.

En el momento que vivió Jesús su existencia histórica, había en Israel una gran esperanza: la liberación definitiva de la nación. Israel había estado sometido a diversos imperios y muy poco tiempo había sido un pueblo libre. Muchos judíos deseaban fervientemente vivir en una nación libre. Pero, no se contentaban con esto. Querían que Israel fuera un imperio, el centro del mundo. Por esto, estaban esperando a uno de ellos que encabezara la liberación del país de manos de los imperios extranjeros. Un hombre que acabara con los romanos y los hiciera dueños del mundo: un Mesías.

Jesús conocía muy bien estas expectativas mesiánicas y no se identificaba con ellas. Jesús se identificaba con la figura del Hijo del Hombre como nos lo dice Marcos en el v. 32. Este era su propósito sincero y manifiesto. Sin embargo, esta propuesta no encajaba en las aspiraciones de Pedro y de algunos de los discípulos. Por esta razón, Pedro lleva a Jesús aparte y lo reprende. Sin embargo, Jesús no se deja manipular. Jesús tiene claro que la salvación no viene de un Mesías todopoderoso que acabe con los romanos y asegure la hegemonía de la nación. Para Jesús, la redención proviene de cada Hijo de hombre, de cada ser humano que se compromete, a pesar de las evidentes dificultades y de la oposición de las instituciones, a trasformar la realidad de muerte en una realidad de plenitud y alegría. Pero, esta propuesta de Jesús no es un sendero de rosas. Es un proyecto sumamente difícil que el evangelio nos comenzará a explicar más profundamente a partir de este episodio.

 

 

 

Viernes 18 de febrero del 2000

SIMEÓN

 

St 2, 14-24.26: La fe, si no tiene obras, está muerta

Salmo responsorial: 111, 1-2. 3-4. 5-6

Mc 8, 34-9, 1: ¿De qué le sirve al ser humano ganar el mundo entero si arruina su vida?

 

 

 

uego del conflicto con Pedro, Jesús llama a la multitud y a sus discípulos para aclarar los malos entendidos. La propuesta del "hijo del Hombre" con la que El se identificaba, no respondía a las expectativas nacionalistas ni sectarias. El no quería ser el nuevo rey de Israel ni tampoco el líder religioso que desplazara al corrupto clero instalado en el templo de Jerusalén. Jesús no era un reformista de la nación o de la religión, sino un transformador de la realidad humana. Todas las personas que decidieran proseguir su camino debían atenerse a las orientaciones de este proyecto. La comunidad que lo seguía tenía que sacar de la mente el proyecto de un mesías aliado de los círculos de poder.

Abandonada la idea de un mesías triunfal, Jesús aclara a la multitud las consecuencias del nuevo proyecto. La primera: negarse a sí mismo. Pero no en el sentido de atormentarse y reprimir la propia libertad y las propias ideas, porque esto es sólo una forma sutil de enajenación. Negarse a sí mismo consiste en someter a una severa crítica todos los ideales que la cultura y la sociedad nos han introyectado como propios. Todo ese conjunto de aspiraciones inútiles que nos hacen sufrir por lo que no tenemos y por lo que "deberíamos" tener. Negarse a sí mismo no es eliminar la propia personalidad, sino restablecerla conscientemente a partir de los valores del evangelio.

La segunda: cargar con la cruz y seguirlo. Pero no en el sentido en que habitualmente lo hemos entendido, de infligirse castigos corporales, ayunos, vigilias y penitencias, porque esto nunca lo pidió Jesús ni lo vivió él con sus discípulos. Cargar con la cruz significa asumir las consecuencias de optar por el Reinado de Dios y de seguir a Jesucristo. Porque esta opción y este seguimiento entrañan un conflicto con la ideología del imperio. En la antigüedad los condenados a muerte por rebelión -pacífica o violenta- contra el imperio tenían que cargar por la fuerza con el instrumento de suplicio. Jesús aprovecha esa imagen y esa experiencia para preparar a la gente a resistir el horror de la condena y de la muerte en la cruz. A convertir la absurda y violenta imposición del Imperio en una oportunidad para encontrarle sentido a la existencia.

Negarse a sí mismo, cargar la cruz y seguirlo, significa prescindir de los caminos habituales que la sociedad nos propone para ser felices y buscar, con la guía de Jesús, alternativas que nos edifiquen como personas y nos ayuden a vivir en libertad.

 

 

 

Sábado 19 de febrero del 2000

ÁLVARO, CONRADO

 

St 3, 1-10: Nadie es capaz de dominar la lengua

Salmo responsorial: 11, 2-3. 4-5. 7-8

Mc 9, 2-13: La transfiguración del Señor

 

as pinturas sobre el tema de la "transfiguración" nos muestran imágenes de un ser humano fulgurante rodeado de un halo o nube celestial. A un lado Moisés con las tablas de la ley, al otro lado, Elías con el fuego profético en las manos. Esta era la imagen de Jesús que Pedro, Santiago y Juan esperaban ver. Sin embargo, la voz del cielo insiste en presentarlo como "el hijo amado", igual que en el bautismo, y les pide que lo escuchen. Luego, solo ven a Jesús como lo han visto siempre. De modo que estos discípulos quedan desconcertados. No aciertan a percibir en la sencillez de su maestro la grandeza de un ser humano excepcional. Ni oyendo "voces del cielo" entienden que lo fundamental es comprender a Jesús, aprender a escucharlo.

Cuando descienden de la montaña, después del encuentro con lo divino en la profundidad de un ser humano sencillo, los discípulos se empeñan en conocer el momento en que Jesús se revelará con poder, como ellos quieren. Jesús contradice esa interpretación y pone en evidencia el cumplimiento de otra expectativa que pasó ignorada para la gente. Muchos esperaban que el mítico profeta Elías anunciara la llegada del Mesías. Vino Juan Bautista e hizo el oficio de Elías y la gente no le creyó. Porque la gente tenía en la cabeza la mágica imagen de un anciano montado en una carroza de fuego. Juan anunció la inminencia del juicio definitivo sobre Israel y fue despreciado. De modo que los discípulos ahora ya no pueden esperar nada más. Con Jesús todas las cartas están puestas sobre la mesa, pero esto, ellos no lo comprenden.

 

 

 

Domingo 20 de febrero del 2000

Séptima semana del tiempo ordinario

ELEUTERIO

 

Is 43,18-19.21-22.24-25: Borraba tus crímenes y no me acordaba de tus pecados

Salmo responsorial: 40, 2-3. 4-5. 13-14

2 Cor 1, 18-22: Cristo ha puesto en nuestros corazones, como prenda suya, el amor

Mc 2, 1-12: El Hijo del Hombre tiene poder para perdonar los pecados

 

 

 

l primer paso hacia el perdón es reconocer una falta como tal. Si no hay conciencia de un pecado o de un crimen, no se experimenta la necesidad de reconciliarse, de recibir perdón. Ahora bien, la culpa que nace de la conciencia de haber cometido un pecado debe ser manejada con mucha sensatez. Las personas o los grupos pueden cargar sobre sí mismos y sobre los otros complejos de culpa que no corresponden a la realidad. De estos dos temas nos hablaran las lecturas de hoy.

El profeta Isaías contrapone la promesa de Dios, la utopía con la inconsciencia del pueblo que se empecina en el crimen y la violencia. Hace un llamado a toda la nación para que reconozca el estado de violencia, corrupción y malestar en que viven; las palabras del profeta destacan el perdón y no los sentimientos de culpa. Importa la reconciliación, la alianza, la reconstrucción de los propósitos de vivir en justicia y armonía; no la amargura del corazón. Pero, Isaías es muy cuidadoso al exhortar al pueblo. No fomenta los sentimientos de autosuficiencia de un pueblo que se consideraba predestinado para la salvación. No se empeña, como otros profetas, en recordar la antigua alianza. Pone en evidencia la capacidad del "Dios creador" para generar vida y alegría en la medida que cada ser humano y cada comunidad se abren a su acción. Este mismo tema lo recoge Marcos y nos lo ilustra a partir de la acción de Jesús y de la gente sencilla que lo seguía.

Jesús vuelve de su recorrido misionero por Galilea. Entra a Cafarnaúm en el total anonimato debido a su vinculación con las personas impuras (leprosos). La noticia de su llegada no tarda en difundirse y la gente corre a buscarlo para escuchar sus enseñanzas. Reconocen que la enseñanza de Jesús es mas clara, sencilla y directa que el magisterio de la sinagoga. Sin embargo, la multitud obstruye el único acceso al interior de la casa. Con la puerta abarrotada de gente, no hay modo que el paralítico y sus cuatro acompañantes entren, de modo que deben buscar una entrada alternativa.

La entrada por el techo parece algo pintoresca: los hombres tienen que abrir un hoyo en el dejado para introducir y bajar al paralítico. El paralítico y sus cuatro acompañantes buscan por cualquier medio el contacto con Jesús. No dicen nada, pero sus acciones son significativas. Están dispuestos a abrirse camino con ingenio y creatividad para buscar caminos de salvación. Jesús les reconoce la fe aunque no hayan seguido los tramites habituales, e inmediatamente actúa a favor del hombre postrado e inmovilizado. Le recuerda que el perdón de Dios se hace efectivo en las personas que buscan con entusiasmo y creatividad nuevos horizontes para realizar su existencia. Sin embargo, las palabras de Jesús chocan contra la doctrina oficial de los escribas.

Los Escribas, Letrados o Maestros de la ley eran varones que se destacaban por su amplio y erudito conocimiento de la ley, en su tradición oral y en su tradición escrita. Los Escribas se consideraban a sí mismos los sucesores de los profetas. Siempre ocupaban los puestos más destacados en la sinagoga, aunque fueran de origen humilde. Su prestigio radicaba en poseer un caudal de conocimientos que era completamente desconocido para el pueblo sencillo. Su autoridad les permitía ocupar cargos de maestros, jueces y predicadores. Los sumos sacerdotes y los reyes se cuidaban de no contradecir a los Letrados porque sabían que la gente sencilla los veneraba y respetaba. Formaban entre ellos corporaciones o cooperativas que reunían a los más prestigiosos hombres de cada ciudad, pueblo o región. Discutir con ellos en materia de doctrina, ley o ciencia era muy delicado debido a la influencia que ellos tenían en los tribunales civiles. Por esto, cuando Jesús los rebate y demuestra que en la teoría y en la práctica los seres humanos pueden comunicar el perdón de Dios recibe el ofensivo título de blasfemo.

Jesús no se intimida a pesar de la descalificación de parte de los sectores oficiales que se "sientan" sobre la doctrina. Para Jesús lo fundamental es liberar al ser humano de todos los sentimientos, ideas y prejuicios que lo paralizan y lo postran. El perdón de los pecados significaba la liberación de todos los sentimientos de culpa que encogían a las personas sencillas y las convertían en dependientes de las "doctrinas autorizadas", de la aprobación ajena. Pero esto, era una ofensa contra la imagen que los letrados se habían hecho de Dios.

El evangelio pone en paralelo el perdón de los pecados y levantarse y caminar. El pecado, según la mentalidad oficial, era una ofensa a Dios que se castigaba con enfermedades, desgracias, miseria y postración. De este modo, se consideraba que las personas que por cualquier motivo sufrían la miseria, la enfermedad y vivían en desgracia, estaban pagando el castigo de un pecado que ellos o sus antepasados habían cometido. Como la gente sencilla no sabía la causa de la calamidad que le sucedía, entonces, acudía a algún Escriba. Porque ellos eran la voz "autorizada" de Israel, la mismísima voz de Dios. Tanto así que ellos consideraban sus propias tradiciones un secreto reservado a varones iluminados y con igual o superior valor al pentateuco. Pero el problema no eran sus pretensiones. El problema radicaba en que su doctrina infalible llenaba de complejos y de sentimientos de culpa. No hacía crecer la estima de las personas ni la solidaridad de la comunidad. Por el contrario, paralizaba a las personas ante el terror de un castigo divino y convertía las comunidades en sectas donde únicamente se admitía a los "puros".

En el momento en que Jesús le dice al hombre paralizado que sus pecados están olvidados o son perdonados desafía la doctrina oficial en el plano teórico y práctico. En el plano teórico porque las faltas graves sólo las podían considerar los Maestro de la ley y no cualquier laico como Jesús. En el plano práctico porque la liberación se realiza a pesar de la oposición oficial. Para Jesús lo fundamental es que cada ser humano sea libre y este en capacidad de levantarse y seguir su propio camino.

Ante esta manera de proceder la gente sencilla se maravilla y alaba a Dios; mientras, los defensores de la doctrina oficial se escandalizan y gritan ¡blasfemia! Para los pobres la acción liberadora de Jesús es una alabanza a Dios; para los "poseedores de la verdad oficial" es un irrespeto contra ellos, que representan la legítima autoridad divina. Pero para Jesús lo esencial es que las personas vivan a plenitud su existencia.

Al final, Jesús debe salir de esta "casa" y buscar un espacio alternativo para su enseñanza y su acción. Por esto, se encamina a las orillas del Mar, símbolo de la mentalidad universal y de la itinerancia de los misioneros cristianos. Este es el "sí" definitivo que Dios le dirige a todas las naciones y a todas las clases sociales. Jesús es la respuesta de Dios a la comunidad y a las personas que buscan una alternativa para acceder a Él. Como nos dice el apóstol Pablo: en Cristo Dios nos ha dado una respuesta afirmativa porque en El se cumplen todas las promesas (cf. 2 Cor 1, 20). Si el Espíritu de Jesús anima la acción de sus seguidores, no hay manera de retroceder ni de titubear. El horizonte del reino se abre y la comunidad puede encaminarse hacia la construcción de un futuro mejor. Jesús marca la pauta y sus discípulos no se pueden quedar atrás porque tienen el poder para "hacer cosas mayores".

Con este episodio se cierra una etapa. Jesús comprende que su acción debe traspasar las barreras de su propio pueblo incluso, de su propia religión. De ahora en adelante saldrá a llamar a los excluidos del sistema socio cultural y llamara a los recaudadores de Impuestos o publicanos. Saldrá a tierras extranjeras y comenzará a congregar al nuevo pueblo de Dios.

 

Para la revisión de vida

Hoy la Palabra de Dios trata sobre un tema delicado, que nos toca de cerca de nivel personal y social: el perdón de los pecados.

A nivel personal, ¿hemos perdido la conciencia de pecado? ¿Por qué no se siente hoy la necesidad de recibir el perdón?

Por el contrario, ¿vivo obsesionado por los complejos de culpas pasados? ¿Soy capaz de encontrar la paz confiando en que Dios realmente me perdonó? ¿O sigo teniendo mi remordimiento de conciencia (moral o psiclógica)? ¿Mi culpabilidad, es sana y religiosa, o malsana y simplemente psicológica? ¿Distingo los dos niveles?

¿Soy capaz de perdonar a quien quiere reconciliarse conmigo? Por el contrario, ¿soy capaz de pedir perdón?

 

Para la reunión de grupo

Ya en los años 50 se decía en la Iglesia que "en estos tiempos" se está perdiendo el sentido del pecado... como si las personas de hoy no tuvieran aquel sentido del pecado que fue clásico en otras épocas. Hoy también se sigue diciendo. Reflexionemos más críticamente sobre esta apreciación de valor: ¿efectivamente se está perdiendo el sentido del pecado? ¿Todo lo que ocurre es una mera "relajació de costumbres"? ¿Qué hay de esto y qué hay de liberación de tabús y de opresión religioso-moral sobre la sociedad?

¿Cómo vivir la reconciliación a nivel social? ¿Basta con pedir perdón? ¿Una simple petición de perdón de un dictador, repara por ejemplo los horribles danos causados a una buena parte de la población con las torturas y la represión? ¿Se puede reconciliar la sociedad con una simple "petición verbal de perdón", o es precisa la aplicación de la justicia? ¿Acaso la justicia se puede confundir con la venganza? ¿Puede pensarse que reclamar justicia es una forma velada de venganza, o es un derecho humano y una exigencia evangélica?

La praxis concreta del sacramento de la reconciliación (no el sacramento mismo) atraviesa su crisis particular. Algunos elementos concretos de su praxis fueron configurados hace diez siglos. Se alzan muchas voces pidiendo que se amplíe generosamente el elenco de formas posibles de su celebración. ¿Cuáles pueden ser las causas de la crisis, cuáles los valores nuevos que exigirían formas nuevas, y cuáles podrían ser estas formas nuevas que facilitarían notablemente la recuperación de su práctica entre los hombres y mujeres de este nuevo milenio?

 

Para la oración de los fieles

Para que comprendamos que sin perdón mutuo y sin reconciliación no es posible un mundo verdaderamente humano, un mundo donde podamos recuperar la paz siempre perdida y la fraternidad tantas veces herida. Roguemos al Señor.

Por la Iglesia, para que sea portadora de la invitación de Dios al arrepentimiento, al perdón y al restablecimiento de la paz y de la justicia. Roguemos al Señor.

Por todos los que sufren cualquier forma de remordimiento interno, para que se acerquen a Dios y a los hermanos y alcancen el perdón y la paz. Roguemos al Señor.

Por las sociedades divididas: para que se reconcilien siempre en la justicia, único camino para conseguir la paz profunda y estable, más allá de la paz del silencio o de la resginación. Roquemos al Señor.

Para que la conciencia y la educación moral nunca sirvan para amargar las conciencias, sino para descubrir también la necesidad del perdón... de Dios y de los hermanos. Roguemos al Señor.

Por los que temen y rechazan cualquier iniciativa y prefieren que todo siga igual, sin pensar que el bien de las personas exige una renovación como los tiempos nuevos en los que esas personas viven. Roguemos...

Por los que paralizados por la pereza, la rutina y el miedo, se cierran a nuevas formas de vivir la fe, más activas, creativas y adaptadas a los tiempos actuales. Roguemos al Señor.

Por todos los enfermos, especialmente por aquellos que sienten más la soledad, para que encuentren esos amigos generosos que les conduzcan hacia quien puede curarlos y ponerlos en pie. Roguemos al Señor.

 

Para la oración comunitaria

Dios Padre y Madre, lleno de misericordia y de fuerza, que en las palabras y en los hechos de la vida de Jesús nos has asegurado insistentemente tu voluntad de perdón y reconciliación. Inunda nuestros corazones angustiados con la seguridad apacible de tu perdón, y haznos convencidos constructores de un mundo reconciliado y en paz: ¡tu Reino! Por Jesucristo N.S.

 

 

 

Lunes 21 de febrero del 2000

PEDRO, DAMIÁN

 

St 3, 13-18: Los que procuran la paz siembran paz y su fruto es la justicia

Salmo responsorial: 18, 8. 9. 10. 15

Mc 9, 13-28: Todo es posible para el que tiene fe

 

 

 

sta es una de las escenas más impresionantes y sobrecogedoras de los relatos de expulsión de demonios. Ocurre luego de la vuelta del monte. Como Moisés encontró a la gente incrédula rodeando el becerro de oro, Jesús encuentra a un pueblo impotente y paralizado ante el mal.

Dos claves para comprender este episodio son las acciones del endemoniado y la respuesta del papá del niño. El demonio coge a la criatura, la lanza al piso, le hace rechinar los dientes y lanzar espuma por la boca. Cualquiera podría pensar que es un caso de epilepsia, pero, la explicación de la enfermedad del padre no permite esta explicación. El papá del niño nos dice que el demonio a veces lo lanza al fuego y a veces lo lanza al agua. El fuego es el símbolo de la venganza nacionalista, del fuego purificador con el que los profetas amenazan a los reyes inicuos. El agua es el otro extremo, el símbolo de las naciones lejanas, del imperio. Así, esta familia se debate en la terrible decisión de servir a los intereses nacionalistas o ser parte de los colaboracionistas del imperio. Este conflicto crece y se hace insoportable.

Jesús exhorta al padre del niño a que no ceda a las presiones, a que crea en sí mismo y en la capacidad de generar una nueva alternativa. Los extremos del fuego y el agua no son las únicas opciones. En seguida, Jesús increpa al demonio del temor y el pánico que se habían apoderado del pequeño y los conmina a dejarlos tranquilos. Ninguno de los dos extremos tiene el poder para producir la paz. Unicamente los que actúan sembrando la paz pueden recoger los frutos de la justicia, como nos dice la carta de Santiago. Otros sólo recogerán los frutos de una venganza implacable y violenta o los frutos de una represión brutal y absurda.

Al final, los discípulos acuden a Jesús para pedirle que les proporcione "la receta". A lo que Jesús les responde que no hay "receta", porque las alternativas sólo se encuentran cuando se discierne, se reflexiona y se ora. Esta clase de males se combate con convicción y serenidad.

 

 

 

Martes 22 de febrero del 2000

La Cátedra del Apóstol San Pedro

LEONORA

 

1 P 5, 1-4: Gobiernen como modelos del rebaño y no como déspotas

Salmo responsorial: 22, 1-3a. 3b-4. 5. 6

Mt 16, 13-19: Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi iglesia

 

 

 

a carta de Pedro nos revela algunos conflictos que habían surgido en las comunidades cristianas. Algunos llevaban el ministerio como una ominosa obligación. No tenían ningún interés en la comunidad y la conducían asalariados y no como verdaderos pastores. Esta actitud producía desazón en la comunidad que creía en ellos y los había puesto al frente para coordinar las tareas de evangelización. Algunos de estos ministros habían llegado al extremo de comportarse de manera despótica, como los empleados del imperio. Esta actitud vulneraba hondamente la existencia de la iglesia. Porque, el espíritu burocrático no combina con la propuesta del Evangelio.

Jesús no eligió a los doce como una pequeña corte de burócratas para que le secundaran sus acciones. Los doce eran el símbolo del nuevo Israel donde todos tenían una responsabilidad, una tarea y una dignidad. No había patrones ni jefes que detentaran un poder y un conocimiento que los pusiera por encima de la comunidad (cf. Mt 10, 24). Dentro de los doce, Pedro se adelantó a reconocer el primado de Jesús como verdadero Hijo y Hombre de Dios. En vistas a esa profesión de fe, a ese reconocimiento explícito, Jesús lo pone como fundamento de la comunidad. Sin embargo, la posición de Pedro está lejos del triunfalismo.

Más adelante (Mt 16, 22) Jesús corregirá explícitamente las pretensiones mesiánicas de Pedro con respecto a Él. Pedro increpa a Jesús cuando éste aclara cómo entiende su misión y cómo es su mesianismo. Porque las pretensiones de Jesús no eran alzarse con el poder en el plano político o religioso, sino generar una nueva alternativa donde se hiciera posible el Reinado de Dios. Jesús quería organizar una comunidad de hombres y mujeres libres que vivieran la solidaridad, el respeto y la fraternidad. El se sentía el Mesías de los débiles: frágil ante la violencia y el despotismo de los jefes (St 5, 6); fuerte para socorrer a los excluidos y marginados.

Jesús exhorta a Pedro a cambiar de mentalidad, a abandonar las pretensiones imperiales. En la medida en que Pedro comprenda esta realidad se acerca a Jesús y es capaz de proseguir la tarea del Maestro.

 

 

 

Miércoles 23 de febrero del 2000

BARTOLOMÉ

 

St 4, 13-17: Quien conoce el bien que debe hacer y no lo hace es culpable

Salmo responsorial: 48, 2-3. 6-7. 8-10. 11

Mc 9, 38-40: El que no está contra nosotros está a nuestro favor

 

 

 

esús es enemigo de la acepción de personas, del exclusivismo, de la mentalidad sectaria. Más cuando se trata de ayudar a la gente, de hacer el bien, de combatir las ideologías que reducen a los individuos. En el episodio de hoy, uno de los discípulos, Juan, corre donde Jesús para pedir autorización y detener a uno que luchaba contra los demonios en nombre de Jesús sin la autorización respectiva. A Juan le parece que cualquier persona que no pertenece al grupo de discípulos no puede actuar por su cuenta.

La respuesta de Jesús abra las puertas para que todas las personas que quieran obrar el bien en su nombre lo hagan. No obliga a nadie a meterse bajo el mismo techo. El ecumenismo de Jesús es verdaderamente universal porque le preocupa el bien de la humanidad y no el renombre de su grupo.

Jesús debió oponerse fuertemente a los impulsos de los discípulos de convertir la comunidad en un círculo cerrado, como lo eran las comunidades de Fariseos o de escribas. El conocimiento que él impartía podía ser comprendido por la gente sencilla de mentalidad abierta. Esto no quitaba que las mujeres y hombres que lo seguían recibieran una formación más sólida, porque, la comunidad estaba al servicio de los excluidos y todo el saber al servicio de quien lo quisiera adquirir.

De esta manera, el mensaje de Jesús preparaba a sus discípulas y discípulos a vivir en completa libertad la solidaridad con otras comunidades que hubieran acogido total o parcialmente la opción de Jesús a favor de los marginados.

 

 

 

Jueves 24 de febrero del 2000

SERGIO

 

St 5, 1-6: El jornal defraudado a los obreros clama contra ustedes y ese clamor llega al Señor

Salmo responsorial: 48, 14-15ab. 15cd-16. 17-18. 19-20

Mc 9, 40-49: Si la sal se vuelve sosa ¿Con qué sazonarán?

 

 

 

a colección de dichos o refranes de Jesús que hoy leemos están en conexión con los acontecimientos y enseñanzas precedentes. Cada uno se puede relacionar con muchos asuntos que preocupan a la comunidad. Como el trato que se le debe dar a los misioneros y la necesidad de estar abiertos a la universalidad. Sin embargo, el tema central es el "escándalo".

En el episodio de la curación del paralítico vimos como la multitud daba gracias a Dios por los signos que realizaba Jesús, mientras los escribas se escandalizaban y gritaban: ¡blasfemia! La oposición fue creciendo hasta el límite de que los Escribas lo llamaron "demonio" para intimidarlo y, de paso, asustar a la gente. Jesús pone en guardia a los discípulos contra esta mentalidad que demoniza las acciones de otros simplemente porque no concuerdan con los parámetros oficiales. Más aún cuando se busca alarmar a las personas sencillas para causarles confusión y no permitirles que abran los ojos. Por eso, pone un conjunto de castigos horrendos como los que usaban los escribas para amedrentar pero con un sentido totalmente diverso: los castigos que enuncia el evangelio se aplican contra aquellos que intimidan a la gente con habladurías superfluas y no dejan que el pueblo busque sus propios caminos y tome sus propias decisiones. Es una forma de burlarse contra los adversarios y de devolverles todas las amenazas que lanzan de mala fe.

Por esta razón el evangelio nos dice: a quien intimide con tonterías a las personas sencillas ("los pequeños") más le vale que se amarre al cuello una piedra de molino como las que mueven los burros y se lance al mar. Porque con estos castigos -que nos parecen tan crueles como infantiles- ellos impresionaban a la gente sencilla del pueblo para que no escucharan a los cristianos. De igual manera, arrancarse un brazo, sacarse un ojo o amputarse un pie... son imágenes que de sólo oírlas causan horror.

Jesús luchó arduamente y de frente contra todos los grupos que detentaban el poder e intimidaban a la gente, ya fuera con la brutalidad de las armas o aprovechándose de su ignorancia y sencillez. Pero en la actualidad -¡paradojas de la vida!- muchos grupos cristianos que pretenden predicar el evangelio, conmueven a sus oyentes anunciándoles castigos del infierno, catástrofes apocalípticas y juicios implacables. Toman así los caminos de los opositores de Jesús para intimidar a sus oyentes y moverlos a aceptar ciegamente un conjunto de prescripciones. Por si fuera poco, no tienen reparo en tildar de "demoniacas" a las personas que denuncian su juego encubierto. Por esto, hoy más que nunca, es necesario una relectura sencilla, seria y fundamentada del Evangelio. No nos podemos permitir que en este nuevo milenio el cristianismo tome el camino exactamente contrario al que siguió Cristo.

*Nota: La alusión a la sal es uno de los símbolos que identifican la lucha contra los demonios. En la antigüedad se creía que los demonios se apoderaban de los cadáveres y que por esta razón se comenzaban a pudrir y expedían olores fétidos. La sal tenía un valor salvífico en cuanto no permitía que los demonios se apoderaran de los animales sacrificados y los conservaba en buen estado hasta su utilización (Ex 30, 35; Lev 2, 13; Ez 43, 21); a ciertos objetos que estaban bajo sospecha de impureza se les aplicaba sal para expulsar a los demonios. Incluso a los neonatos por entrar en contacto con la impureza (sangre y placenta) (Ez 16, 4). La sal daba solidez a los pactos (Nm 18, 19; 2Cron 13, 5). [Cf. González Ruiz, J-M. Evangelio secondo Marco: 174).

 

 

 

Viernes 25 de febrero del 2000

NÉSTOR

 

St 5, 9-12: Miren que el juez está ya a la puerta

Salmo responsorial: 102, 1-2. 3-4. 8-9. 11-12

Mc 10, 1-12: Al principio de la creación Dios los creó hombre y mujer

 

 

 

los fariseos no les interesaba saber si Jesús decía o no la verdad; solamente querían saber si violaba la ley para imponerle el castigo correspondiente. Por eso, cuando los fariseos iban ante él para proponerle algún dilema jurídico no les daba ni una respuesta rigurosa ni una respuesta erudita. Buscaba la manera de reformular la pregunta y dar una respuesta creativa.

En el episodio de hoy, los fariseos acuden a consultarle el problema del divorcio. Pero no de la separación de los esposos, sino del abandono del hogar por parte del varón. Por eso le dicen: le está permitido al varón abandonar a su mujer, porque el asunto recaía en la potestad que tenía el varón para abandonar a la esposa.

En el mundo antiguo, y especialmente en Israel, la situación de la mujer era extremadamente precaria. A la mujer se le contaba dentro de las propiedades del hombre, en el mismo nivel que los animales, los inmuebles y la servidumbre (Ex 20, 17). La mujer no podía administrar sus propios recursos, sino que necesitaba la intervención del esposo o del hijo mayor. El matrimonio estaba muy lejos de ser lo que hoy es: una opción más o menos libre de hacer vida en común con otro/a que es del agrado personal. En la antigüedad el ideal de un amor conyugal romántico no estaba en los requisitos para realizar una boda. Las familias del mismo nivel social y de la misma etnia seleccionaban al joven o a la joven que estaba en edad de casarse. Las consideraciones de tipo afectivo ocupaban un segundo lugar frente a las exigencias sociales, económicas, religiosas y culturales. La familia era ante todo una institución, en el ámbito social y unidad de producción, en el ámbito económico. El varón estaba en libertad de abandonar a su esposa cuando le pareciera bien y por el motivo más insignificante. Si la esposa cocinaba mal o quemaba -aunque fuera por accidente- un vestido, el marido estaba autorizado para expedir el acta de divorcio. La esposa abandonada perdía con la separación conyugal el sustento económico y el prestigio social y exponía a su familia a una vergüenza pública y al deber de mantenerla. De modo que Jesús no podía de ninguna manera justificar esta conducta, especialmente cuando muchas de su comunidad eran mujeres.

Para dar respuesta al dilema jurídico de los fariseos, Jesús se remite al primer relato de la creación. En Génesis (1, 1-2, 4a) los varones y las mujeres están en igualdad de condiciones por ser, como pareja, imagen de Dios. De modo que no se justifica la preponderancia masculina sobre la mujer. Y en el matrimonio como institución ninguno tiene más derechos que el otro, así lo haya dicho Moisés. El concepto de la pareja como imagen de Dios expresa la necesidad de vivir en igualdad y de terminar con la guerra de los sexos, que en ese momento la llevaban ganada los varones.

 

 

 

Sábado 26 de febrero del 2000

PAULA MONTAL

 

St 5, 13-20: Mucho puede hacer la oración del justo

Salmo responsorial: 140, 1-2. 3 y 8

Mc 10, 13-16: Dejen que los niños vengan a mí

 

 

 

os niños en la antigüedad estaban en una situación muy diferente a la situación de los niños en la actualidad. En este tiempo se considera que una persona pasa por unas cuatro etapas muy bien diferenciadas y, en general, prolongadas. En las áreas urbanas es normal que la adolescencia dure hasta los veinte años. En la antigüedad era todo lo contrario. Las personas vivían en promedio unos cuarenta años. La mayor parte de los niños morían antes de cumplir los siete años y muy pocos alcanzaban los 12 o 15 años. Los niños pasaban a ser adultos luego de los 13 años y asumían responsabilidades en las labores agrícolas y las mujeres generalmente se casaban antes de los 14 años. De modo que nos podemos imaginar que los que se acercaban a Jesús eran en su mayoría niños que no superaban los siete años y que, algunos, eran llevados por las madres en brazos.

Los niños eran el símbolo de la total indefensión. En caso de guerra, hambre o enfermedad eran los que primero sufrían. Cuando a un individuo lo insultaban llamándolo "niño" no le querían decir que era inmaduro tanto como mostrarle que era completamente vulnerable, débil o indefenso. Cuando una persona reconocida como un médico, o un Maestro llegaba a una aldea, la gente buscaba estar cerca de él para recibir influjos benéficos. Las madres buscaban que los niños recibieran alguna bendición que los protegiera de la enfermedad y de la muerte.

Los discípulos querían evitar que los niños tocaran a Jesús porque eso no estaba bien para una persona reconocida y admirada como su maestro. Sin embargo, Jesús se empeña en subvertir el orden de cosas y les permite que se acerquen para darles una bendición. Exhorta a los discípulos a cambiar su manera de ver las cosas de manera que comprendan que en la nueva comunidad el puesto principal lo ocupan las personas sencillas e insignificantes.

 

 

 

Domingo 27 de febrero del 2000

Octava semana del tiempo ordinario

GABRIEL DE LA DOLOROSA

 

Os 2, 14b.15b.19-20: Me casaré contigo en derecho y justicia

Salmo responsorial: 102, 1-2. 3-4. 8 y 10. 12-13

2 Cor 3, 1b-6: El espíritu da vida

Mc 2, 18-22: Vino nuevo en odres nuevos

 

 

 

no de los grandes símbolos de Israel es la boda, el matrimonio. El Antiguo Testamento utiliza el lenguaje festivo de las bodas para expresar la situación del pueblo respecto a Dios. La alianza entre Dios e Israel se comprende como una alianza matrimonial. Pero como todo matrimonio, está rodeado de dificultades, problemas y, a veces, de infidelidades. El profeta Oseas nos invita a reflexionar acerca de la actitud del pueblo frente a Dios empleando el lenguaje matrimonial.

En la mayor parte de la legislación antigua la infidelidad era causa de inmediata separación de los esposos, máxime cuando la infidelidad provenía de la esposa. Es más, si a la mujer se la encontraba en flagrante adulterio, era condenada a muerte por lapidación. Esta delicada circunstancia la toma el profeta para expresar la situación del pueblo y, en especial, de la monarquía frente a Dios. La idolatría, el irrespeto a la justicia y al derecho, la desprotección de los débiles, eran interpretados como infidelidad a la alianza. El culto a otros dioses implicaba una relajación en el cumplimiento de la legislación y por lo tanto, un descuido de la justicia y el derecho a favor de los humildes. Pero el profeta no hace énfasis en el castigo de la falta, sino en el gran amor que Dios le tiene a su pueblo. Amor que lo mueve, luego de superar la prueba del desierto, a perdonar la infidelidad de su pueblo. La prueba del desierto era el gran símbolo del Exodo por el cual Israel había alcanzado la madurez para recibir la promesa de la tierra. El Exodo implicaba un cambio de conducta y una mayor conciencia de la necesidad de mantenerse como pueblo libre. Esa libertad les permitía vivir reconciliados entre ellos mismos y en capacidad de defenderse de las agresiones de las potencias extranjeras. El profeta entonces propone que se haga un nuevo Exodo, no ya en las arenas del desierto sino en los escabrosos vericuetos de la conciencia nacional, para renovar la alianza y trasformar la realidad de aflicción en una experiencia de gozo

La renovación de las promesas matrimoniales colocaba nuevos cimientos en las relaciones de Dios y el pueblo. Un nuevo comienzo que no nacía del cumplimiento de la ley por parte del pueblo, sino del gran amor que Dios sentía por la nación infiel y afligida. Un amor apasionado que permitiría vivir la justicia y el derecho como expresión de la experiencia de Dios en la cual se hallaría inmerso el pueblo. Pero, esta ardorosa propuesta de Oseas no surtió efecto, y el pueblo de Israel, luego del destierro, se empeñó en llegar a la perfección por los caminos del exacerbado legalismo y no por los caminos del amor generoso.

Jesús retoma el símbolo matrimonial para explicar la nueva realidad que Él inaugura. Algunos, no se sabe si la gente común, los fariseos o los discípulos del Bautista, se preguntan por qué motivo o razón los discípulos de Jesús no ayunan en los días en que estos grupos acostumbraban guardar el ayuno. Porque las penitencias, los vigilias y los ayunos eran la forma habitual de relacionarse con Dios, de llamar su atención. Pregunta a la que Jesús responde, como es habitual, con otra pregunta que cambia el sentido de la pregunta original. Jesús les dice: ¿pueden los compañeros del novio ayunar mientras el novio está con ellos? Con esta pregunta hace alusión a una nueva manera de relacionarse con Dios, que como nos lo propone el profeta Oseas, no se basa en los sacrificios o en el estricto cumplimiento de la ley sino en la gratuidad del amor, en el gozo.

Mientras la comunidad esté en presencia de Jesús no hay motivo de aflicción. La experiencia de Jesús es arrolladora y no deja tiempo para lamentos que no vienen a lugar. En la antigüedad ayunar o no comer durante una boda era un gravísimo insulto contra el novio, porque el ayuno era síntoma de aflicción y de pena por alguna tragedia. Los amigos del novio, los discípulos y discípulas, no podían estar amargados en compañía del novio. El gozo había que vivirlo a plenitud en el momento y dejar el ayuno para los verdaderos momentos de dolor.

La manera gozosa, festiva y sencilla de proceder de Jesús denotaban su actitud frente a Dios y en general frente a la vida. El no era partidario de una rígida distribución del tiempo de fiesta y de aflicción, como acostumbraban los fariseos, sino de una concordancia con la experiencia de cada comunidad y de cada persona. Jesús no pretendía introducir una reforma al calendario religioso de los judíos ni trataba que su propuesta encajara en la mentalidad vigente. Por esto, nos dice que nos es bueno meter un pedazo de paño viejo en un vestido nuevo, ni meter el vino fresco en odres viejos. Porque se echan a perder el uno y el otro y no se saca nada.

Esta misma perspectiva la introduce Pablo en su comprensión del cristianismo. La comunidad cristiana es la carta de presentación de Cristo. Pero no una carta escrita con cincel sobre los viejos moldes de piedra, sino una nueva carta inscrita sobre el corazón de los que han decidido seguir a Cristo. No un mensaje comunicado por medio de rígidas prescripciones y con un lenguaje técnico, sino un mensaje comunicado por medio de una novedosa práctica humanitaria y en un lenguaje creativo y sencillo. Porque lo que anima al cristiano no es el deseo vehemente de asegurar su salvación individual, sino de vivir gozosamente su encuentro con el Dios de la vida en la comunidad de los seguidores y seguidoras de Jesús. De este modo el Espíritu actúa en la comunidad y hace patente que El Resucitado continúa vivo en la comunidad.

 

 

Para la revisión de vida

Jesús nos recuerda una vez más, con imagen expresiva, que la fe ha de vivirse como experiencia de gozo: Los amigos del novio "no pueden ayunar mientras tienen al novio con ellos". "Les he dicho todo esto para que su gozo sea completo", dice Jesús también en Jn 15,11. Mi ser cristiano, ¿es en mí una fuente de alegría? ¿Estoy realmente convencido de que el primer mandamiento (la voluntad más profunda de Dios Padre-Madre) es que yo sea verdaderamente feliz? ¿O tengo una idea de Dios que me hace sentirlo en el fondo como enemigo mío, enemigo de mi felicidad?

¿Qué fe hemos vivido los cristianos que ha aparecido ante los hombres como algo triste, aburrido y penoso? ¿Con qué hemos confundido la presencia gozosa de Dios en nuestras vidas?

El Apóstol dice que "la mejor carta escrita, son los miembros de la comunidad de Corinto", porque han hecho vida el mensaje anunciado por él; han hecho presente al Espíritu del Señor. ¿Me doy cuenta de que muchas personas sólo leerán el Evangelio a través del testimonio de mi vida?

 

Para la reunión de grupo

Las realistas metáforas del profeta Oseas proclaman la intensidad y fidelidad del afecto de Dios hacia su pueblo: "Yo me la llevaré al desierto y le hablaré al corazón." La imagen del matrimonio para ejemplificar la relación del creyente con Dios, no deja de ser un antropomorfismo, no por nuestra parte sino por lo que toca a Dios. ¿Qué aspectos positivos y qué limitaciones podemos encontrar en ese símbolo de nuestra relación con Dios? ¿Qué lecciones fuertes nos enseña, y qué riesgos o limitaciones puede conllevar?

Jesús presenta el Evangelio como un "vino nuevo" que exige "odres nuevos". En varias ocasiones Jesús subraya esa novedad. Y es que, como muchos afirman, lo de Jesús no es realmente "una religión más". ¿En qué sentido el cristianismo es algo nuevo y diferente? O, aplicándolo a nuestro caso: ¿qué cosas en nuestra vida cristiana provienen más de una religiosidad natural, que de una adecuación al proyecto de Dios revelado en Jesús?

Con el tiempo, la religión de la novedad de Jesús pasó su momento fundacional lleno de vitalidad y se estructuró y se configuró jurídicamente según el modelo romano imperial... La cristiandad que proviene de Constantino encarará con dificultad el mensaje de la "novedad" del evangelio. Sin embargo, ¿se puede hablar de una "novedad permanente" a la que la Iglesia estaría obligada en fuerza del fermento de evangelio que ella ha de ser en la masa del mundo? ¿En qué sentido?

El cristianismo se ha identificado demasiado con determinadas prácticas ascéticas de penitencia y de mortificación, así como con una determinada lectura de la moral, de forma que con frecuencia es percibido en muchos ambientes como enemigo de la alegría... Todo lo que es alegría y placer viene a ser -en esa mentalidad- peligroso y hasta sospechoso de ser pecaminoso. ¿Qué fundamento tiene esta impresión que da el cristianismo? ¿Cuál es su fundamento? ¿Cuál es su contradicción con lo fundamental del cristianismo?

 

Para la oración de los fieles

Por todos los hombres y mujeres, para que experimenten el amor de Dios que quiere hablar de mil maneras a la intimidad de nuestro corazón, roguemos al Señor.

Para que en este nuevo milenio recién estrenado, la humanidad, y también la Iglesia, logren desprenderse de lastres milenarios que las lastran y encadenan, roguemos al Señor.

Por la Iglesia, para que sea siempre testigo de la novedad radical de Jesús y dé ejemplo de valentía emprendiendo su propia renovación en profundidad, roguemos al Señor.

Por los esposos, por las familias, por los amigos... para que todos los hombres y mujeres vivamos el amor y la amistad de una manera profunda y liberadora, roguemos al Señor.

Por los catequistas, por los profesores de religión, por los padres que educan en la fe a sus hijos: para que testimonien una imagen de un Dios que está realmente a favor de la felicidad plena del ser humano, roguemos al Señor.

Por todos los que, aun sin fe, luchan por renovar el mundo y hacerlo más digno del ser humano, para que descubran que con ello lo están haciendo también más agradable a Dios, roguemos al Señor.

 

Para la oración comunitaria

Oh Dios, que has querido ser el esposo de la Humanidad que quiere tener con ella una relación de amor e intimidad: toca nuestro corazón distraído, llévalo al desierto y háblale allí en intimidad, para que podamos descubrir y gozar la alegría inefable de tu amor esponsal. Por Jesucristo N.S.

 

 

 

Lunes 28 de febrero del 2000

ROMÁN

 

1Pe 3-9: No han visto a Jesucristo, mas lo aman y creen en Él

Salmo responsorial: 110, 1-2.5-6.9.10c

Mc 10, 17-27: Maestro, ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna?

 

 

 

ara algunas mentalidades la Vida Eterna es como una prolongación de la vida presente, pero corregida, mejorada y aumentada. Una especie de autopista que continúa más allá de la muerte. Para otras mentalidades, la Vida Eterna es un bien que se gana por méritos: haciendo penitencias, ayunos, vigilias y todas las obras que prescribe alguna norma general. Para otros, la Vida Eterna no existe, tal vez porque les parece interminable su existencia histórica. En el episodio de hoy, el Evangelista nos muestra los métodos por los que habitualmente la gente de buena fe busca la salvación y la alternativa que propone Jesús.

De camino a Jerusalén Jesús se encuentra con una persona, muy reverente por cierto, que lo llama "Maestro Bueno" y le pregunta por la práctica más segura para heredar la vida eterna. Cómo todos los Israelitas, esta persona buscaba la manera de asegurar su salvación individual y la de su nación. Acude a Jesús como quien acude a un sabio muy reconocido que posee los arcanos secretos que aseguran la Vida Eterna.

Jesús no le revela a esta persona ningún recóndito secreto. Todo lo contrario: le recuerda los principios éticos del Decálogo que todo el pueblo conoce pero con un énfasis especial. Jesús destaca la importancia de los mandamientos referentes a la relación con el prójimo y no los primeros mandamientos referentes a la relación con Dios. Los siete últimos mandamientos revelan la voluntad de Dios; esto es, la justicia que se debe observar en las relaciones con la comunidad, con la familia y con las otros individuos. Se enfatiza especialmente en la obligación de no robar y no estafar; en otras palabras, se trata de no engañar por ningún medio -aunque sea legal- a los demás para explotarlos. Deberes que no escapan a la comprensión de cualquier ser humano.

El hombre rico responde: todo eso lo he cumplido desde que era niño. Jesús la mira con cariño por la buena voluntad y sinceridad que manifiesta, y que ha sido en él un ideal de vida. Como el otro pide más certeza en los métodos para asegurar la salvación, Jesús le expone su propio ideal de vida. Esto es, tener fe en sí mismo y en Dios y abandonar las seguridades que produce la riqueza. Frente a esto, la persona se repliega y se aparta pesaroso. Él, como otras personas, había asegurado ya esta vida con la riqueza y quería también cubrir la Otra. Buscaba la seguridad última. Jesús sólo le ofrece la libertad y la solidaridad en la que viven Él y sus seguidores, que el hombre adinerado no puede comprender porque implican inseguridad.

Nota

*Los "Maestros" eran personas de muchísimo prestigio porque dominaban la Ley y las Tradiciones orales. Habían estudiado durante largos años las Escrituras y casi todo el pueblo creía que poseían los secretos conocimientos para asegurar la Vida Eterna. Incluso que tenían noticia sobre los acontecimientos futuros. Los Maestros de la Ley eran considerados, tanto por el pueblo sencillo como por la clase dominante, la palabra autorizada de Dios.

*Estafar o ser injusto (gr. Apostereses) es una palabra que sólo usa Marcos y que no aparece en el Decálogo (Dt. 5, 16-20; 24, 14; Ex 20, 12-16) lo que reforzaría la tesis de que la Comunidad había trasformado la Antigua Legislación de acuerdo con la praxis de Jesús.

*La mirada compasiva de Jesús podría denotar la consideración ante el hombre que no alcanza a comprender que su riqueza es fruto de algún tipo de explotación. Con la palabra "rico" es necesario tener cuidado, porque no se le puede aplicar al individuo o grupo que tenga algún medio de subsistencia ni alguna pequeña extensión de tierra, sino al individuo o grupo que posee capitales y/o grandes extensiones de tierra y/o medios de producción que los ponen del lado de los explotadores.

 

 

 

Martes 29 de febrero del 2000

DORITEO, AUGUSTO

 

1P 1, 10-16: Preparados para recibir el regalo que trae la revelación de Jesucristo.

Salmo responsorial: 97, 1. 2-3ab. 3c-4

Mc 10, 28-31: Muchos primeros serán últimos y muchos últimos serán los primeros

 

 

 

a propuesta que Jesús hace frente a la riqueza (Mc 10, 23-27) escandaliza a los discípulos. Jesús no se declara tan enemigo de la opulencia como partidario y convencido de la solidaridad. Pedro, entonces, se adelanta preocupado y pregunta por la "recompensa". Pero no lo hace de manera directa. Le da vueltas al asunto para decir, más o menos, lo siguiente: "En eso estamos de acuerdo, pero a nosotros que ya hemos hecho lo que le sugeriste a ese señor rico, ¿qué nos corresponde?". Planteamiento al que Jesús, como es habitual, da una respuesta novedosa.

Muchos estarían tentados a pensar que "las casas, los hermanos, las hermanas, las padres, las madres, los hijos" representan los recursos, tanto humanos como materiales, conque una iglesia cuenta. Pero, el acento recae sobre la palabra "persecuciones". En efecto, la solidaridad que mostraron las primitivas comunidades les permitió enfrentar las dificultades del exilio, los desplazamientos forzados y el desarraigo. Muchos cristianos que salieron de Judea por las persecuciones de las autoridades religiosas, encontraron refugio en la generosidad de los cristianos de Galilea y Antioquía. La solidaridad de los cristianos con toda la gente en calamidad, perteneciente o no a la Iglesia, permitió que muchas familias no sólo encontraran comida y techo en tierras extranjeras, sino que también recibieran afecto, fraternidad y acogida.

Ahora bien, debemos tener en cuenta que esto lo hicieron personas humildes, de muy pocos recursos. Familias y comunidades que apenas tenían lo necesario para vivir. Sin embargo, "la casa" no resultó pequeña cuando se hizo necesario acoger a los desplazados. Y cuando les correspondió a ellos mismos emprender el éxodo, no temieron buscar a quienes consideraban sus "hermanos, hermanas, padres, madres e hijos".

Hoy, tenemos el mismo desafío. Nuestras iglesias, comunidades o grupos cristianos por más que sean pobres, pequeños y frágiles, pueden ayudar a aliviar el dolor de las personas que han dejado todo atrás. Y no para ofrecerlos un techo o un plato de comida; Esto es importante, pero es más importante ofrecerles afecto y fraternidad de modo que se sientan acogidos por una red de manos amigas.