
¿Qué es el Jubileo?
Umbrales, N° 103, enero del 2000
1. Introducción
El "jubileo" era un año de descanso, de rotación de cultivos, de jubilación para personas y animales, y de liberación de contratos a deudas.
"Durante seis años sembrarás tus tierras y recogerás sus productos. Al séptimo año te darás un descanso y la dejarás sin cultivar, para que allí encuentren alimento los pobres de tu pueblo... "
(Ex 23,1 0 -1 l).
Año de júbilo y de solidaridad
El Jubileo era un año de descanso y liberación para las tierras, los animales y las personas... y por eso era un año de alegría y de júbilo. La costumbre de la cultura agraria de rotar los cultivos, para no agotar la tierra, se transformaba así en un gesto de solidaridad con los necesitados que aprovechaban de los frutos espontáneos de los árboles y de la tierra no cultivada.
"El séptimo año, la tierra tendrá un sábado de descanso, un sábado en honor de/ Señor.. Sin embargo, podrán comer todo lo que la tierra produzca durante su descanso, tú, tu esclavo, tu esclava y tu jornalero, así como el huésped que resida contigo; y también el ganado y los animales que están en la tierra, podrán comer todos sus productos" (lev 25,4.6-7).
La palabra Jubileo viene del término
hebreo yobel. "Yobel" para algunos estudiosos proviene de una
raíz que significa "remisión", para otros deriva del nombre del
cuerno de carnero que se tocaba solemnemente para convocar a la fiesta del año
Jubilar, cada 7 años. Luego de siete años sabáticos, es decir cada 50
años, se celebraba un Jubileo especial (Lev 25.10).
Fiesta de la justicia y de la igualdad
La fiesta institucional del Jubileo aparece solamente después de la cautividad en Babilonia; es decir al terminar el siglo VII a.C. La finalidad que tuvo esta institución fue lograr la justicia y la igualdad entre todos. Para que surgiera una institución de este tipo, debemos pensar en una grave situación de injusticia: esclavitud, usura, soborno, creando una diferencia cada vez mayor entre ricos y pobres. El año jubilar debía devolver la igualdad entre todos los hijos de Israel: los pobres recuperaban sus propiedades, y los ricos tenían que reconocer los derechos de los pobres.
De esta forma se cumplía la justicia y se protegía a los débiles. Sólo Dios es el dueño absoluto de todo: en su Amor Providencial, Él había dado la tierra a todos los seres humanos. Por ello las riquezas de la creación se debían considerar como un bien común de toda la humanidad.
Esta fiesta del Jubileo era más un ideal que una realidad; pero era un sueño, una utopía del restablecimiento de una justicia social para todos.
2. ¿Por qué el Jubileo del 2000?
Porque el verdadero "Jubileo" es el mismo Jesús, presencia de Dios entre nosotros. Su venida "entre nosotros", hace 2000 años, es motivo para todos los cristianos y todos los hombres de buena voluntad, de júbilo, de conversión y de renovación.
El júbilo por los 2000 años del nacimiento de Jesús
El año 2000 no es sólo un año nuevo. Con el año 2000
culminan dos milenios de vida cristiana y empezamos el tercer milenio lleno de
incógnitas y de esperanzas. El Papa escribió una Carta Encíclica (=
universal) para invitar a todos los cristianos a reafirmar su fe en "Jesucristo
ayer, hoy y siempre". Se trata de una carta muy importante porque como
dice el título nos prepara para "la venida del Tercer Milenio".
Según la tradición, Jesús nació hace 2000 años. Aunque no sabemos la fecha
exacta, hace muchos siglos se decidió empezar el calendario con la Navidad de
Jesús.
Hace 2000 años Jesús nació en Belén y vivió poco más de 30 años en Palestina. Es nuestra costumbre celebrar los aniversarios, y éste es el más importante de todos.
En la Iglesia los aniversarios especiales los llamamos JUBILEO. La Encarnación se refiere a un hecho grandioso que ninguna otra religión conoce: significa que Dios se encarna y se hace hombre.
Cuando Jesús nace en Belén, la Encarnación de Dios se hace visible y presente en la historia. Con ella Jesús nos hace sus hermanos y hermanas y renueva toda la creación. Esto es lo que nos da nuestra dignidad como seres humanos. Dice el Papa: "El Hijo de Dios con su encarnación se ha unido en cierto modo con todo hombre ... y se hizo semejante en todo a nosotros, excepto en el pecado".
Jesús puso en práctica el Jubileo
La Biblia es la historia del amor de Dios que busca a su pueblo para salvarlo. Esta búsqueda de la humanidad extraviada por el mal, culmina en Cristo. Jesús vino para liberarnos del mal: llamamos Redención a esta liberación que Él realizó con su vida, obediente al Padre hasta la muerte en cruz y su Resurrección. La fe cristiana se nuclea en dos grandes polos: la Encarnación y la Redención de Jesús. El Evangelio de Lucas (4,16-21) nos dice: "Llegó Jesús a Nazaret, don- de se había criado y, según acostumbraba, fue el sábado a la sinagoga. Cuando se levantó para hacer la lectura, le pasaron el libro de/ profeta Isaías; desenrolló el libro y halló el pasaje en que se lee: 'El Espíritu de/ Señor está sobre mí. Él me ha ungido para traer Buenas Nuevas a los pobres, para anunciar a los cautivos su libertad y a los ciegos que pronto van a ver. A despedir libres a los oprimidos y a proclamar el año de la gracia del Señor'. Jesús, entonces, enrolla el libro lo devuelve al ayudante y se sienta. Y todos los presentes tenían los ojos fijos en él. Empezó a decirles: 'Hoy se cumplen estas profecías que acaban de escuchar."
Por eso el Jubileo es más que un aniversario: es una característica de toda la actividad de Jesús. Cumplió el Jubileo cuando curó a los enfermos o expulsó a los demonios. Las personas liberadas de sus males vivieron con Él este 'júbilo". Cumplió el Jubileo cuando proclamó la Buena Nueva de un Dios Padre o cuando perdonó a los pecadores; y para los oyentes que aceptaban sus palabras, también fue un Jubileo. Cumplió el Jubileo cuando entregó su vida por la salvación de todos y cuando al buen ladrón que estaba crucificado con Él le dijo: "Hoy estarás conmigo en el Paraíso' (Lucas 23,42). En Jesús llegan a su perfección todos los Jubileos de la Biblia.
3. ¿A qué apunta la celebración del Jubileo?
Si Cristo es el centro de la fiesta del Jubileo, la finalidad principal de estas celebraciones será conocerlo a Él y a su proyecto liberador que viene de Padre y es animado por el Espíritu. "'El objetivo prioritario del Jubileo -dice el Papa- es el fortalecimiento de la fe y de/ testimonio cristiano".
Conocer y testimoniar la Fe
El Jubileo nos compromete a conocer más al Padre, al Hijo, al Espíritu Santo y al proyecto liberador (salvador) que la Trinidad Santa realiza en el mundo.
Por eso es un año para profundizar la Biblia "volviendo a la Palabra de Dios con renovado interés"; es también un año de mayor participación y renovación de la liturgia, especialmente la celebración eucarística. Pero además de conocer y celebrar la fe debemos testimoniarla, con coherencia cristiana en la vida personal, familiar, social y eclesial.
En el Jubileo la Iglesia prosigue el camino de renovación
El acontecimiento cristiano más importante del siglo XX ha sido el Concilio Vaticano II. Este Concilio fue diferente a los anteriores porque fue el primer Concilio centrado en el misterio de Cristo y de su Iglesia, y al mismo tiempo abierto al mundo. El Concilio Vaticano II marcó una época nueva en la vida de la Iglesia; abrió caminos de renovación y fue una preparación de la nueva primavera de la vida cristiana que debemos manifestar con el Gran Jubileo.
El Concilio fue como el Profeta Juan el Bautista: porque mostró al mundo el "Cordero de Dios que quita el pecado del mundo" (Jn 1,29) e invitó a las personas a la conversión. La mejor forma de vivir el Jubileo es aplicar la renovación impulsada por el Concilio a nuestra vida y a la vida de la Iglesia.
El Jubileo y la Doctrina Social de la Iglesia
La Doctrina Social de la Iglesia que busca la justicia social encuentra una de sus raíces en la práctica de los Jubileos anunciados en la Biblia.
El año jubilar debe servir al restablecimiento de la justicia social. Es un año de gracia: año de perdón de los pecados, y año de reconciliación entre los adversarios.
De todos los Jubileos que se han celebrado a través de la historia, el Jubileo del Año 2000 será uno de los más grandes. Con este espíritu la Iglesia se alegra, da gracias, pide perdón y se compromete en la transformación de la sociedad para que sea más justa y fraterna.
Los Papas de este siglo XX han colaborado para esta
transformación social. Esto se ve sobre todo en la Enseñanza Social de la
Iglesia: desde 1891 cuando el Papa León XIII escribió la encíclica Rerum
Novarum, (que significa "De las cosas nuevas"), los Papas se
han dedicado a anunciar la Buena Nueva sobre el trabajo humano. Dos temas que se
repiten a través de todas las encíclicas son la dignidad y los derechos de
la persona y la promoción de la paz.
Juan Pablo II es el gran impulsor del Jubileo
El tema del Jubileo está presente en casi todos los escritos de Juan Pablo II. El Papa pretende suscitar una particular sensibilidad a todo lo que el Espíritu dice a la Iglesia y a las Iglesias.
Para aplicar las enseñanzas del Concilio, Juan Pablo II no sólo ha escrito encíclicas. Además ha hecho muchas peregrinaciones. Ha llegado a las Iglesias locales de todos los Continentes. En el 2000 el Papa visita Tierra Santa y los otros países del Medio Oriente, escenario de los acontecimientos de la salvación en el Antiguo y en el Nuevo Testamento. El Papa también lanzó una campaña para el perdón de la deuda externa y la solidaridad con los países más pobres.
4. ¿Qué culpas hay que reconocer para recibir el perdón?
"El gozo de un Jubileo es siempre de un modo particular el gozo por la remisión de las culpas, la alegría de la conversión" ' Toda la Iglesia tiene que convertirse. No podemos avanzar al nuevo Milenio sin reconocer nuestras faltas del pasado y las actuales. Reconocer los fracasos de ayer es un acto de lealtad y de valentía que nos ayuda a reforzar nuestra fe. El Papa nos invita a reconocer los pecados personales y comunitarios, de ayer y de hoy.
Todos somos responsables ante la injusticia
No basta mirar las faltas del pasado. Debemos examinar nuestra responsabilidad en los males de nuestra época.
- Somos responsables de la indiferencia religiosa de muchas personas.
- Pedimos perdón frente a la violación de fundamentales derechos humanos: el derecho a la vida, a la salud, a la dignidad...
- Lamentamos, entre las sombras del presente, la corresponsabilidad de tantos cristianos en graves formas de injusticia y de marginación social.
Todas estas faltas nos exigen emprender caminos concretos de conversión en este año jubilar. "Ahora es el momento favorable; ahora es el día de salvación" (2Cor 6,2).
La falta de unidad entre las Iglesias
Uno de los pecados que debemos admitir es cuando hemos dañado la unidad querida por Dios para su Pueblo. Trágicamente los últimos mil años se han caracterizado por la división y la separación.
Aunque la separación ocurrió hace tiempo, sigue el peso de la tentación de agravar las divisiones en vez de sanarlas. Es cierto que se ha trabajado mucho en favor de la unidad entre los cristianos y que sigue siendo una tarea para todos, pero antes que nada la unidad es sobre todo un don del Espíritu.
Por lo tanto, en este año 2000, la Iglesia se propone buscar oportunas iniciativas ecuménicas.
5. ¿Cómo se explica el tema de la indulgencia plenaria?
La Indulgencia del Jubileo es como una amnistía que se fundamenta en el amor gratuita de Dios (la Gracia), manifestado a todos sus hijos por medio de la Iglesia. Como cuerpo de Cristo, además de sufrir solidariamente las consecuencias del pecado de cada uno, podemos beneficiamos solidariamente del don de gracia que nos viene de Dios todas las veces que manifestamos la comunión verdadera con Él, nuestro sumo bien.
La Indulgencia es un regalo de solidaridad
Indulgencia es una palabra antigua que indica la ayuda que la Iglesia, comunidad de todos los creyentes, nos ofrece a todos los que arrastramos una debilidad a causa de nuestras faltas y de nuestro egoísmo. Junto al perdón individual que recibimos en el sacramento de la Reconciliación, constantemente participamos de un don de gracia que nos rehabilita (si estamos bien dispuestos) frente a las consecuencias negativas (la pena) que el pecado deja en nuestro corazón.
Además del don gratuito de Dios (la Gracia), podemos participar solidariamente en el estado de gracia en el que viven otros cristianos: beneficiamos de sus oraciones, buenos ejemplos, sacrificios... etc. Es el tesoro de la comunidad al que todos pueden acceder (como un fondo de solidaridad, un banco de gracia). No es una propuesta mágica, ni un trato mercantilista. Es un gesto de humana solidaridad que se suma a la inconmensurable solidaridad de Dios. Un gesto que Dios Padre quiere que tengamos entre hermanos, necesitados todos de la ayuda mutua. "Ayúdate que Dios te ayudará", dice el refrán. Esto significa que no podemos esperarlo todo mágicamente desde lo alto. Dios quiere que también nos ayudemos mutuamente y que seamos signos de su misericordia unos con otros.
Por eso la comunidad de Iglesia establece algunos tiempos y formas especiales que puedan manifestar más clara y visiblemente el actuar de esta indulgencia de Dios, mediada por su Iglesia.
¿Cuál es el tiempo y la forma adecuada para participar del don de la Indulgencia?
El tiempo de la Indulgencia es cada día del año
jubilar. Cada día es una ocasión oportuna para compartir este tesoro de la
solidaridad y de la misericordia. Pero siempre tenemos que estar dispuestos
(vivir en comunión con Dios y con la comunidad). Por eso se sugiere el
sacramento de la Reconciliación, la Comunión eucarística, la profesión
de Fe y la oración prolongada.
Las formas adecuadas para recibir la Indulgencia pueden ser muy variadas:
un gesto de caridad, de amor sincero y generoso (una ayuda a los necesitados, una visita a los enfermos o a la cárcel... Ver Mt 25, 34-36).
una peregrinación a algún santuario o templo, local o internacional... para indicar que nuestra vida. es una larga peregrinación hacia la casa del Padre (Sal 122) y al mismo tiempo un desplazamiento hacia el hermano... abstenerse de alguna cosa superflua o que nos esclaviza (tabaco, alcohol, comilonas, pasatiempos inútiles ... ) para dedicar el tiempo y el dinero en bien de la comunidad. la memoria de los mártires. En muchas partes del mundo actual, muchos cristianos -y no sólo entre los católicos- han hecho el supremo sacrificio por la fe. La Iglesia latinoamericana ha tenido numerosos mártires."Es un testimonio que no hay que olvidar.. Es preciso que las Iglesias locales hagan todo lo posible por no perder el recuerdo de quienes han sufrido el martirio'. participando de las grandes iniciativas del Jubileo no sólo en Roma y en Tierra Santa, sino en cada Iglesia particular.
Habrá un Congreso Eucarístico Internacional, pero también varias celebraciones locales, como por ejemplo el IV Congreso Eucarístico Nacional del Uruguay que culminará el 15 de octubre en Colonia. Habrá un encuentro "pan-cristiano", con todas las Iglesias cristianas, pero también muchos encuentros sectoriales, tanto a nivel internacional como en cada país.
Lo importante es no desaprovechar el gran reto que significa el Jubileo. Esta tarea no es para unos cuantos sino que está en manos de todos.
6. ¿Cómo puedo vivir el Jubileo en mi comunidad?
Desde Cristo, la Iglesia puede "cooperar en el descubrimiento de la solución de los principales problemas de nuestro tiempo." El Papa llama a las comunidades cristianas a abrirse al Espíritu para discernir cómo celebrar el Jubileo, y encomienda esta gran tarea a la intercesión de María, Madre del Redentor.
Son muchas las actividades propuestas y seguramente tendremos que escoger entre todas, algunas para trabajar en nuestra comunidad.
¿Podemos formarnos para una mayor participación en la comunidad, alentando la formación de nuevas comunidades o grupos? ¿Cómo reconocer el protagonismo de los laicos, reafirmando la igualdad de todos y potenciando el protagonismo del laicado en la evangelización, haciendo efectiva la igualdad de la mujer en la Iglesia por su participación en los ministerios y puestos de decisión? ¿Cómo podemos alentar la esperanza para que todos, especialmente los jóvenes, y los más alejados, crean en la venida del Reino de Dios? ¿Cómo estimular la propuesta misionera para toda la comunidad e inclusive llegar a la propuesta de misión ad gentes (en otro continente) para algunos enviados, sacerdotes, consagrados o laicos? ¿Podemos formar una comisión para una liturgia más inculturada o un equipo para la catequesis y celebración del Bautismo, la Confirmación y la Reconciliación, la Eucaristía...? ¿Cómo podemos profundizar la opción preferencial por los pobres y el compromiso por la justicia y la paz? Una de las grandes problemáticas que tiene que ver con la justicia es el problema de la deuda internacional. ¿Se puede concientizar a las comunidades cristianas sobre esto? ¿La pastoral vocacional podrá ser asumida como compromiso de toda la comunidad? ¿Cómo asumir el servicio al Reino sirviendo a la Humanidad? La Iglesia no es para sí; es para el Reino, y ha de estar al servicio del mundo, como su maestro Jesús, que "no vino para ser servido sino para servir' (Mt 20,28). ¿Podemos organizar alguna campaña en defensa de la vida y de los derechos humanos e invitar a los miembros de otras Iglesias a trabajar junto a nosotros? Esto es lo que significa el ecumenismo de base.
El Jubileo debe ser una propuesta de gran realismo eciesial y pastoral, que fortalezca el convencimiento de que todos formamos parte de una Iglesia santa pero pecadora. Este Jubileo servirá entonces para "el fortalecimiento de la fe y del testimonio de los cristianos" y para que Cristo sea reconocido como el "Jubileo permanente" que nos libera y nos da la fuerza de enfrentar con su "gracia" todos esos males que tanto nos preocupan en este cambio de milenio.
"Jesucristo ayer, hoy y siempre, vida plena para todos".