Marzo de 2000
Miércoles 1 de marzo de 2000
ROSENDO
1P 1, 18-25: Han vuelto a nacer por la Palabra de Dios, viva y verdadera
Salmo responsorial: 147, 12-15.19-20
Mc 10, 32-45: El que quiera ser grande que se convierta en servidor de todos
l evangelio nos dice que los discípulos iban subiendo a Jerusalén, pero que Jesús les tomaba la delantera. De este modo pone en evidencia como Jesús asume los riesgos de su misión, no por exhibicionismo, ni para demostrar nada. Se adelanta porque ese es su talante, su porte, su estilo.
En el episodio de hoy, Santiago y Juan se unen para pedirle a Jesús que les reserve los mejores puestos en el nuevo Reino. Como se acostumbraba en el nepotismo y clientelismo de los gobernantes de la época. Ya Pedro había hecho una petición similar al proclamar a Jesús como el Mesías y al tratar de imponerle las expectativas nacionalistas (Mc 8, 27-33). Sólo que ahora los dos hijos del Zebedeo se adelantan, no para adelantar la misión, sino para asegurar los cargos de mayor prestigios..
Los otros diez discípulos reaccionan negativamente. Se enfurecen por la audacia y el desafío que implicaban las ambiciones de Juan y Santiago. Pero no porque fueran muy humildes o comprendieran los propósitos de Jesús; se enojaban porque ellos codiciaban los cargos que estos dos astutos hermanos ya se estaban asegurando.
Jesús no reacciona negativamente contra la actitud de los diez. Toma la pugna precisa entre ellos para mostrarles el juego de los poderosos. Pone en evidencia cómo la dinámica del imperio forma parte de la vida cotidiana de las personas y puede destruir a la comunidad. La pretensión de ponerse por encima de los demás para dominarlos y oprimirlos es una compulsión de los seres humanos que gozan sometiendo a los demás a sus caprichos. Freud dirá muchos siglos más tarde que el poder, junto con el placer, son las dos más fuertes atracciones del ser humano. En muchos lugares, hoy día, la política es un campo donde se juegan fundamentalmente intereses económicos y de poder, no motivaciones de servicio. El afán de honores y de poder, el carrerismo... permanecen siempre como tentación incluso en las Iglesias (como ya ocurrió en la comunidad misma de Jesús, pues).
"El que quiera ser grande que se convierta en servidor de todos", dice Jesús. O sea: el camino de Jesús pasa por el rechazo de la tentación del poder y por no querer otro poder que el de servir. "Servir es reinar" decía un clásico eslogan cristiano. "Vale quien sirve, servir es un honor" (el principal honor, según la escala de valores de Jesús).
Jueves 2 de marzo de 2000
SIMPLICIO
1 P 2, 2-5.9-12: Ustedes han probado lo bueno que es el Señor
Salmo responsorial: 99, 2-5
Mc 10, 46-52: Maestro, te ruego que me hagas ver
a comunidad de Jesús se encuentra en Jericó, no muy lejos de Jerusalén. Por el camino, un ciego que veía más de lo que debía, empieza a gritar: "Jesús, hijo de David, ten compasión de mí". Este grito que ahora nos parece lo más normal, era prácticamente un grito de guerra en aquella época. Decirle a cualquier judío que era hijo de David significa varias cosas muy comprometedoras. De una parte, era un insulto contra la monarquía reinante que ciertamente no era descendiente de David y era de dudosa procedencia. Era un insulto contra los romanos porque reivindicaba la tradición de los gobiernos autóctonos y desconocía la autoridad. Por último, era una consigna peligrosa porque Jerusalén se consideraba la ciudad de David y el lugar donde se iba a establecer la monarquía definitiva.
En el episodio de hoy veremos cómo Jesús, haciendo caso omiso de las consignas nacionalistas, se solidariza con las personas que quieren cambiar su manera de ver la realidad. Jesús se acerca a este hombre que, como todos los enfermos, desempleados y excluidos, estaba sentado a las afueras de la ciudad, al borde del camino. El nombre Bartimeo significaba "hijo de la misericordia". Sin embargo el nombre no tenía nada que ver con la situación de marginación y ayuno en que diariamente vivía. Como muchos israelitas en la misma situación, tenía puesta su esperanza en un Mesías que cambiase la situación del país, expulsando a los detestables romanos y derrocando a la corrupta monarquía.
Jesús comprende la profundidad del anhelo de este hombre y se compadece de su situación. Mas compadecerse no significa para Jesús dar alguna dádiva de escaso valor. Todo lo contrario, compadecerse es compartir los sufrimientos del otro y buscar los caminos para su liberación. Y esto es lo que hace Jesús a pesar de la oposición de la gente por la impertinencia de la consigna del ciego y riesgo que conllevaba .
Cuando Jesús llama al ciego, éste deja el manto, símbolo del luto y del dolor y se aproxima al Maestro con mucho vigor y confianza. De este modo se cambia la situación de postración e inmovilidad a la que estaba sometido. En parte por su situación social y en parte, también, por las exacerbadas esperanzas en el Mesías triunfante y todopoderoso.
La pregunta de Jesús -"¿qué quieres que haga por ti?"-, y la respuesta del ciego -"Maestro, que pueda ver"-, parecen la cosa mas obvia del mundo. Sin embargo, no lo son tanto. En ellas hay una clave para comprender el texto. El ciego no sólo tiene el impedimento visual. También sufre de la ceguera que produce el fanatismo nacionalista y que le impide reconocer el verdadero significado de Jesús, de la alternativa. El ciego que clama por "el hijo de David" solamente percibe que está ante el Mesías que se ajusta a sus expectativas. A pesar de esto, Jesús no se cierra y lo orienta por el camino de la esperanza. Entonces, el hombre, cegado por sus propias expectativas, abre los ojos a la alternativa que significa la propuesta de Jesús y comienza a seguirlo por el camino.
Viernes 3 de marzo de 2000
EMETERIO, CELEDONIO, MARINO
1P 4, 7-13: Estén alegres cuando experimenten los sufrimientos que padeció Cristo
Salmo responsorial: 62, 2-6
Mc 11, 11-26: Cualquier cosa que pidan en la oración, consideren que ya la han recibido
l ambiente se va caldeando y la muchedumbre se empeña en aclamarlo como rey. Jesús guarda silencio. No para expresar aprobación, sino para tomar distancia. Mira las cosas con cuidado y sale de la ciudad porque sabe que el peligro acecha y que los jefes del pueblo y los escribas conspiran contra él. En sus recorridos por los alrededores de Jerusalén, Jesús instruye a los discípulos sobre el sentido y la necesidad de la oración.
En el episodio de hoy vemos a Jesús maldiciendo a una higuera estéril que no da fruto a tiempo. La higuera es uno de los símbolos proféticos que ponen en evidencia la incapacidad del pueblo y, en especial, de los gobernantes para remediar las situaciones de injusticia que son contrarias a la voluntad de Dios (Jer 8, 13; Jl 1, 7; Ez 17, 24; Mi 8, 1; Os 9, 10.16). Es igualmente el símbolo del pueblo que se entrega a los juegos de la idolatría por pura novelería y falta de una fe seria y profunda.
La idolatría del dinero y del poder y la injusticia que reinaban en todo el país tenían su máxima expresión en el templo de Jerusalén. El lugar que había sido destinado para ser un espacio de encuentro de todas las naciones, se convierte en el símbolo del sectarismo donde, por el sistema religioso vigente, no pueden entrar los extranjeros ni los marginados. El edificio consagrado a la oración se había convertido en una casa de cambio donde se compraba barato y se vendía a precios exorbitantes. No en vano el Templo de Jerusalén era considerado el Tesoro Nacional, una entidad bancaria donde reposaban grandes cantidades de dinero y metales preciosos.
Todos estos signos de corrupción y falta de compromiso con la justicia divina mueven a Jesús a considerar las instituciones religiosas (Templo/sinagogas) como una higuera estéril, condenada a secarse de raíz.
Sábado 4 de marzo de 2000
CASIMIRO
Jd 17, 20b-25: Dios puede preservarnos de los tropiezos
Salmo responsorial: 62, 2-6
Mc 11, 27-33: ¿Con qué autoridad haces eso?
esús ha enfrentado desde el comienzo de su misión el problema de la legitimidad o de la autoridad con la que realiza sus actuaciones en público. En las sociedades antiguas era fundamental tener reconocimiento o prestigio ante la gente para realizar acciones que se salieran de lo normal. De lo contrario la gente tendía a pensar que estaba loco o poseído por un demonio. Los grupos antagónicos permanentemente entraban en conflictos verbales para derribar la reputación ajena y fortalecer el propio prestigio.
En el episodio del evangelio de hoy, Jesús se enfrenta al grupo de los jefes de Israel (escribas, sumos sacerdotes y senadores). Ellos pretenden restarle importancia a Jesús ridiculizando sus acciones en el Templo. La expulsión de los cambistas y la proclamación de la necesidad de abrir las puertas a los extranjeros constituían gestos simbólicos que derribaban los criterios dogmáticos con los que estos grupos mantenían el control sobre "la casa de Dios". Por esto, los grupos opositores lanzan un desafío –"¿Con qué autoridad haces esto?"- con la esperanza de cuestionar, a partir de los humildes orígenes de Jesús, su reconocimiento como profeta y su prestigio ante el pueblo.
La respuesta de Jesús es tan aguda como inesperada. Les plantea un dilema que desarma las pretensiones de los grupos oficiales y recupera el valor de un hombre muy significativo del pueblo. La figura del Bautista entraña una disyuntiva que los adversarios de Jesús no están en condiciones de resolver. De un lado, la predicación de Juan había calado hondamente en los sectores oficiales enemigos de la dinastía herodiana. Del otro, gozaba de un reconocimiento ante el pueblo que no se podía socavar. Total, los defensores del sistema religioso y de la mentalidad vigente se quedaban sin recursos para demeritar a Jesús. Fueron a por lana y salieron trasquilados, como dice la el refrán popular.
El reconocimiento de Jesús ante el pueblo iba creciendo, pero, al mismo tiempo, aumentaba la violenta oposición de sus adversarios que buscaban la mínima ocasión para matarlo. Como no lo habían podido eliminar por la vía del desprestigio moral y psicológico, ahora, buscaban la ocasión para eliminarlo físicamente.
Domingo 5 de marzo de 2000
Novena semana de tiempo ordinario
ADRIÁN
Dt 5, 12-15: Recuerda que fuiste esclavo en Egipto
Salmo responsorial: 80, 4-11ab
2 Cor 4, 6-11: La vida de Jesús se manifiesta en nuestra existencia
Mc 2, 23-3, 6: El Hijo del Hombre es señor del sábado
l sábado había sido instituido como recuerdo de la liberación de Egipto y primicia de la liberación definitiva. Permitía a todos los que vivían en la tierra de la promesa disfrutar de un alivio de las duras labores del campo. Recordemos que en las épocas primitivas muchas cosas que para nosotros son bastante sencillas, para la población de entonces eran más bien trabajos pesados y duros. Recoger agua, cocinar y viajar... exigía grandes esfuerzos. Sacar el agua de los pozos, a veces a grandes profundidades, era una penosa tarea que realizaban los esclavos, las mujeres y los niños. Cocinar implicaba recorrer considerables distancias para conseguir la leña y alimentos. Un viaje exigía largos preparativos para los trabajosos recorridos a pie o en burro por difíciles y peligrosos caminos. De modo que el descanso significaba un no pequeño alivio y una oportunidad para recrearse. Incluso, para poder pensar un poco.
El libro del Deuteronomio nos presenta el descanso sabático como una gran reivindicación social, económica, religiosa y existencial. Las personas, sin distingo social, los animales e incluso las cosas, podían tomar un segundo aire para emprender con renovada energía la nueva semana de labores (Ex 23, 12). La comunidad podía reunirse para regocijarse y permitir el reencuentro de las personas que por el trabajo se habían alejado. Así se reconstituía el tejido social. Los que deseaban escuchar la Palabra de Dios y estudiarla en grupo acudían a los ancianos que eran los depositarios de la tradición y el conocimiento. Los que deseaban tener un tiempo de recogimiento interior y encuentro con el Señor no tenían que preocuparse por el ganado, por la cocina o por cualquier otro oficio cotidiano. El sábado estaba destinado para que el pueblo de Dios constituyera su identidad al calor de la palabra de Dios y del encuentro festivo con los hermanos y hermanas.
Sin embargo, en el tiempo de Jesús se había constituido en lo opuesto. La mentalidad legalista de los escribas, fariseos, saduceos y demás grupos y partidos religiosos habían convertido el sábado en una ominosa e insufrible obligación. La llegada del sábado era motivo de tristeza y no de alegría. Las tradiciones de los escribas habían prescrito más de cuarenta prohibiciones irrevocables que regulaban las actividades permitidas en sábado. Incluso, los judíos más fanáticos decretaban pena de muerte para el individuo que encendiera un fogón, preparara comida o cometiera algún irrespeto contra el ayuno. El tiempo de liberación se había convertido en tiempo de opresión y amenaza.
El episodio de hoy nos presenta, en dos escenarios diferentes, la actitud de Jesús frente al sábado y a las prescripciones que lo reglamentaban. La primera se refiere a la infracción que cometen los discípulos al arrancar espigas y abrir camino a Jesús cuando la comunidad avanzaba por un sembrado. Los fariseos inmediatamente se quejan, porque de este modo se infringía pública y abiertamente una norma consagrada en las tradiciones. Queja a la que Jesús pone punto final, restituyendo el sábado al sentido original que la legislación mosaica le había dado. El ser humano es más sagrado que los calendarios litúrgicos; si tiene hambre y le urge comer, debe alimentarse aunque esto vaya en contra de prescripciones rituales de la ley.
El segundo episodio ocurre en la sinagoga. Jesús acude al sitio de reunión como cualquier vecino de Cafarnaún. Allí se encuentra un hombre postrado y con un brazo paralizado. La mano inmóvil es símbolo de la inactividad impuesta por las prescripciones del sábado que impiden cualquier actividad creativa. La excesiva rigidez de las leyes, religiosas o civiles, que reglamentan la actividad humana, inducen a un inevitable atrofiamiento. Jesús plantea a los legalistas una pregunta aún más radical que la anterior y los pone ante la disyuntiva: "dar la vida o permitir la muerte". Situación tan comprometedora que los fariseos prefieren expresar su desaprobación guardando silencio ante la actitud de Jesús. Jesús no se deja intimidar y les lanza una mirada de desafío. Para él lo fundamental y prioritario es la vida del ser humano. Así que motiva al hombre para que extienda el brazo y reinicie la actividad que el legalismo le había suprimido. Cuando el hombre estira el brazo recupera su actividad creativa y está listo para cooperar en la comunidad. Para cumplir la misión de cooperar en la obra creadora de Dios.
Algún tiempo después las comunidades cristianas afrontaron un problema similar. Comenzaron a ver las exigencias de la misión como una carga extremadamente fatigosa y pesada. Los misioneros tenían que soportar hambre, largas jornadas casi sin dormir, fatigas en los largos caminos, tumultos y apretujones en plazas y embarcaciones, persecuciones, angustia y muchas tribulaciones. Dificultades que hacían retroceder a muchos y palidecer a la mayoría.
Frente a esta dimensión ascética de la misión, Pablo propone una visión gozosa. No porque para él los trabajos fueran menores sino porque es una oportunidad para vivir a fondo el seguimiento de Cristo y, por lo tanto, para participar de la alegría pascual. Alcanzar esa nueva convicción no es sencillo, requiere mucha mística. Pablo muestra por medio de su propia experiencia como la misión cristiana es una lucha en la que nunca hay que darse por vencido. Aunque el guerrero haya caído a tierra, debe dar la batalla, como los buenos gladiadores, porque la fuerza de Dios lo acompaña. Puede ser que esté atribulado, pero no abatido; perplejo, pero no desesperado; perseguido, pero no abandonado; derribado, pero no aniquilado. La fuerza del espíritu que anima el corazón del misionero permite recrear la iniciativa luego de cada avance fallido. Sin embargo, esto no es motivo de alarde, sino de humildad. Porque se sabe que ese magnifico tesoro, la fuerza de Dios, se lleva en frágiles vasijas de barro, nuestra naturaleza humana. Así las difíciles condiciones de la misión se convierten en motivo de gozo y fortaleza.
Hoy nosotros vivimos diferentes circunstancias de las que vivieron Jesús y su comunidad, pero, seguimos teniendo problemas con el día de descanso "obligatorio". Muchas personas están en condiciones de disfrutar un sábado-domingo en compañía de la familia, ayudando a la comunidad o realizando alguna actividad creativa. Sin embargo, los fines de semana pueden perderse frente al televisor, mirando por enésima vez un partido del mismo fútbol. La señora aburrida en la cocina. Los hijos sentados mirando a la calle. Los líderes de la comunidad batallando solitarios porque muy pocos vecinos se sienten parte del barrio o del pueblito... El día de gracia, día de encuentro con la comunidad y con el Señor se convierte en esos casos en la suma del aburrimiento y la pérdida de tiempo. ¡Una verdadera desgracia!: los días en que nos podemos sentir libres de las exigencias laborales se convierten en días para esclavizarnos de las alienaciones modernas. Si las personas no van a misa, podrían, por lo menos, tener compasión de sí mismas y de su familia y hacer algo creativo o divertido. El tiempo de descanso es también una oportunidad de alienación, pero en realidad es un tiempo para la creatividad y la recuperación de nuestras fuerzas, personales y comunitarias.
Para la revisión de vida
¿Cómo me siento en cuanto a la libertad en mi conciencia? ¿Creo entender el sentido profundo de la ley, más allá de la letra, o me siento oprimido por ella, o incómodo por una culpabilidad no resuelta?
¿Qué significa el descanso semanal para mí? ¿Doy cabida suficiente al descanso, a la recuperación de fuerzas, al encuentro con la familia o las amistades, al cultivo de valores más gratuitos o estéticos, o al encuentro conmigo mismo en soledad... según mi situación de vida y las posibilidades de que dispongo?
Para la reunión de grupo
Las controversias tan repetidas de Jesús con sus enemigos en torno al sábado dejan claro que la ley suprema es la de servicio al amor y a la vida, y que la ley por sí misma nunca puede ponerse por encima de esos principios mayores. La gran pregunta acaba siendo: ¿qué está permitido, hacer el bien o el mal? ¿Salvar la vida o dejarla morir? Sugiramos algunas aplicaciones de este principio a las cuestiones morales.
Hoy hay, en la sociedad e incluso en la Iglesia, no pocas discusiones sobre aspectos morales, leyes cuyo respeto al amor, a la tolerancia, a la comprensión... no está claro y por tanto no serían verdaderamente "cristianas". ¿Podemos escoger algunos ejemplos y plantearlos al menos, o debatirlos incluso?
Se nos ha dicho que "religión" viene de re-ligar, volver a atar. Y en muchos casos, hemos vivido nuestra fe en consonancia con esa manera de entender las cosas: obligaciones, ataduras, prohibiciones, sometimiento a autoridades, normas y leyes_ Pero ¿cómo se nos presenta Jesús: como el que viene a "atarnos y re-atarnos" o como el que viene a liberarnos de toda atadura y de toda esclavitud? ¿Es la religión una moral?
Guardar el sábado, o "santificar las fiestas" –como decía el catecismo-, ¿es cuestión de hacer una lista de cosas que se pueden y que no se pueden hacer en esos días, o es una manera de llenar de espíritu -de amor y alegría- el descanso y la pausa en el ritmo diario de nuestra vida?
Para la oración de los fieles
Por la Iglesia, para que anuncie la gracia y la libertad que Dios nos otorgó, y sea un signo de comprensión, tolerancia y buen sentido. Oremos.
Para que los cristianos descubramos que el gran mandato es favorecer la vida y respetar a las personas y que por encima de ello no debe quedar ni el sábado ni tampoco nuestras mismas regulaciones de la vida interna eclesiástica. Oremos.
Por todos aquellos que viven sumidos en cualquier tipo de opresión, física o moral, para que encuentren en nosotros unos incondicionales aliados de su ansiada libertad. Oremos.
Por todas las personas, para que nadie viva desconociendo su condición de hijo de Dios, llamado a la libertad. Oremos.
Por nuestra comunidad, para que no tenga miedo de sus pequeñeces o limitaciones y aprenda a confiar en el amor grande de Dios. Oremos.
Por todos los que viven la eucaristía dominical como una "obligación" y no como una invitación, para que descubran el sentido festivo y gratuito de la eucaristía. Oremos.
Por los profesionales de la medicina, para que siempre realicen su labor con sentido humanitario, tratando a los enfermos como personas que son. Oremos.
Para la oración comunitaria
Señor, acudimos a Ti llenos de confianza, pues sabemos que quieres que vivamos como hermanos y en libertad, y te suplicamos que apartes de nosotros toda tentación de hacernos esclavos de normas y leyes; que nunca olvidemos tu enseñanza de que "no se ha hecho el ser humano para el sábado, sino el sábado para el ser humano". Te lo pedimos a ti, que vives y reinas.
Dios Padre y Madre, Fuerza y Ternura, Rectitud y Comprensión: haznos partícipes de la Sabiduría que tu Hijo nos comunicó, para que descubramos en el vivir según tu voluntad, nuestra máxima libertad y felicidad. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.
Lunes 6 de marzo de 2000
OLEGARIO, ROSA DE VITERBO
2 P 1, 1-7: El poder de Dios nos ha dado todo lo que conduce a la vida
Salmo responsorial: 90, 1-2.14-16
Mc 12, 1-12: Parábola de los viñadores homicidas
a viña era junto con la higuera otro de los símbolos proféticos empleados para criticar las prácticas del pueblo y, especialmente, de sus jefes. No es común en el evangelio de Marcos que Jesús les hable a los Jefes en parábolas. Sin embargo, la comparación de la viña resultaba tan evidente y tan altamente simbólica, que sus adversarios la comprendían desde el primer momento. El conflicto está llegando a su punto más alto y se avecina ya el desenlace fatal.
En el episodio de hoy vemos la segunda parte de la controversia en el Templo. El tema de la controversia anterior fue la autoridad. Ahora, el tema es el cuestionamiento que Jesús dirige a las prácticas de los jefes del pueblo. Jesús lanza un abierto desafío a sus adversarios y los deja prácticamente en la calle, como decimos nosotros. Los desenmascara y los pone entre la espada y la pared.
El desafío tiene tres elementos fundamentales. El primero, la comparación de las autoridades con unos labradores homicidas que se quieren apoderar del terreno y no dudan en matar al hijo del propietario, con la esperanza de que el patrón no vuelva para reclamar la tierra. Con esta parábola se pone en evidencia que Dios, identificado con "el hombre que plantó la viña", está fuera de los terrenos de Israel, lo cual deslegitima el sectarismo del sistema religioso. Del mismo modo, se recuerda la triste historia de los profetas, "los siervos", apaleados, descalabrados, insultados y asesinados por los pretenciosos labradores. Y, dentro de la misma comparación, la actitud que han asumido las autoridades ante Jesús; esto es, de confabularse para asesinarlo y adueñarse de la viña.
El segundo elemento del desafío se identifica con la frase "¿no han leído las Escrituras?"; expresión simple pero extremadamente ofensiva para unos hombres que se preciaban de saberse de memoria las Escrituras, tanto orales como escritas. Esta alusión de Jesús constituía un insulto en extremo vergonzoso y humillante. Sólo por este motivo lo hubieran matado. El tercer elemento, la referencia a pasajes de las escrituras que tienen que ver con la promesa del Mesías: "la piedra que desecharon los arquitectos...". Estos pasajes eran de reservada interpretación y no estaban a disposición de los predicadores populares ni debían ser escuchados por el pueblo sencillo.
Al final, los jefes, que estaban verdaderamente furiosos, intentaron arrestarlo pero no pudieron porque temían provocar una revuelta popular. Como nos dice el evangelio de Marcos desde el comienzo: a medida que aumentaba el reconocimiento de Jesús ante el pueblo, crecía al mismo tiempo la oposición de los sectores oficiales, fariseos, escribas, sumos sacerdotes y herodianos.
Martes 7 de marzo de 2000
PERPETUA, FELICIDAD
2P 3, 12-15a.17-18: Esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva
Sal 89, 2-4.10.14.16
Mc 12, 13-17: Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios
n la antigüedad cada nuevo Monarca mandaba acuñar sus propias monedas cuando accedía al trono. Las monedas se fundían en oro, plata y cobre en las denominaciones vigentes. Durante todo el imperio romano hubo en total más de setenta emperadores, la mitad de los cuales fue asesinado o depuesto violentamente. Los cambios de moneda se sucedían como las lluvias en invierno, uno detrás de otro, a veces sin interrupción. Situación que en Palestina era sumamente complicada porque el Templo tenía también sus propias monedas y exigía que en ellas le pagasen los impuestos o diezmos.
En el episodio de hoy, vemos a Jesús sorteando los desafíos que le lanzan sus adversarios con la intención de implicarlo ante las autoridades romanas. El ardid de los fariseos y herodianos era bastante sencillo, pero ingenioso. Recurrían a algunas características del estilo de actuar se Jesús que tenían amplio reconocimiento entre el pueblo. Por eso le dicen con falso respeto "Maestro" y hacen referencia al su talante "sincero" y a su audacia: "no dependes de la aprobación ajena". Y repiten la opinión popular: "enseñas sin ambigüedades el camino de Dios". Entonces, creyendo que lo han medido en la red, le lanzan una pregunta sumamente delicada por sus implicaciones políticas: "¿es lícito pagar impuestos al Cesar?". Jesús da dos respuestas. En primer lugar, pone al descubierto la hipocresía de sus oponentes, que son incapaces de enfrentarlo abiertamente. En segundo lugar, les devuelve el desafío con una respuesta tan audaz como penetrante: los manda a traer una moneda y les hace una pregunta cuya respuesta era absolutamente obvia para todo el mundo. A partir de la respuesta de los adversarios recita la frase "Den al cesar lo que es del César y a Dios lo que es de Dios" que era también bien conocida por todos. Con esto deja en ridículo a sus prestigiosos opositores y arranca de la multitud una mirada de fascinación.
Así, nos aproximamos cada vez más al desenlace final de la historia, teniendo en mente el desarrollo de la contienda. Esto nos sirve para comprender el conflicto entre Jesús y sus adversarios; pero también el creciente conflicto con los discípulos y con los grupos que lo aclamaban como rey. Jesús no iba a Jerusalén para hacerse con el poder político, como habían hecho muchos líderes ambiciosos a través de la larga historia de la monarquía judía. Su interés era reivindicar el significado universal y liberador de la experiencia de Dios para toda la humanidad, especialmente para quienes se encontraban marginados, excluidos o buscaban alguna nueva alternativa.
8 de marzo de 2000
Miércoles de ceniza
JUAN DE DIOS
Joel 2, 12-18: Rasgar los corazones, no las vestiduras
Sal 50, 3-6a. 12-14. 17
2 Cor 5, 20-6, 2: Reconciliarse con Dios
Mt 6, 1-6.16-18: Que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha
l "miércoles de ceniza" tradicionalmente ha sido un día de profundo fervor y religiosidad. La gente acude a los templos y capillas para ser signada con una cruz de ceniza porque cree profundamente en los símbolos que recibe, aunque a veces no los comprenda completamente. Para superar esta dificultad y facilitar esa comprensión nos pueden ayudar enormemente las lecturas de hoy.
El profeta Joel hace un llamado al pueblo para que cambie de actitud. El llanto, el luto, el vestido negro no debe ser expresión de una piedad superficial o del simple deseo de llamar la atención. La voz del profeta desea remover los cimientos mismos de la religiosidad y convertir los símbolos del luto en camino de conversión para todo el pueblo. Por eso se debe cambiar el corazón, y no la ropa.
Pablo nos recuerda que Jesucristo ha inaugurado un tiempo de salvación, de reconciliación. El apóstol lucha contra las ideas que quieren hacer creer a la gente que Dios es más propenso a la cólera que al perdón. Por eso nos propone que nos reconciliemos con Dios por medio de Jesucristo, para abandonar todo temor ante el autor de la vida. Nuestra relación con Dios debe estar basada en la confianza y en la reconciliación.
El evangelio nos llama a cultivar una actitud sobria ante la religiosidad. La fe en Dios y la solidaridad con los hermanos y hermanas pobres no se pueden convertir en un espectáculo frívolo. La vida del cristiano necesita estar animada por el mismo espíritu de Jesús. De modo que la solidaridad se convierta en expresión de amor fraternal y la relación con el Padre Dios en un trato cálido, íntimo y profundo. Por tanto, las expresiones religiosas llenas de malabarismos, complicaciones y ostentaciones no están acordes con la espiritualidad cristiana.
Si recogemos el aporte de los tres textos percibiremos inmediatamente que lo esencial del miércoles de Ceniza consiste en ser expresión de una fe profunda. El signo que recibimos en nuestra frente no es una condecoración que honra nuestras creencias. La cruz marcada con ceniza nos recuerda nuestra frágil condición humana y la necesidad de transformar permanentemente nuestro corazón. Este día con el cual comienza la cuaresma debe avivar el deseo de cultivar una sólida espiritualidad que nos reconcilie con Dios en el servicio a los más necesitados. La cuaresma nos plantea la urgencia de ver la religión no como un refugio a nuestra falta de autenticidad sino como un camino para expresar en comunidad lo más profundo de nuestro ser.
La frase clásica con la que se imponía la ceniza era la de "Recuerda que polvo eres y en polvo te has de convertir". Durante mucho tiempo, tal vez fundamentalmente desde los tiempos medievales europeos, el recuerdo de la muerte, el pensamiento de la futilidad de la vida, fue un arma de la Iglesia (de los predicadores) para dominar al ser humano en su tentación de olvidar a Dios y sus preceptos. El poder de convicción se hacía estribar en el temor, en la línea de lo que dice el salmo: "el principio de la sabiduría es el temor del Señor". Y este temor venía acompañado de la invitación a la penitencia cuaresmal, entendida fundamentalmente como "mortificación", como el "ágere contra" ignaciano (el "llevarse la contraria"), o como la penitencia un tanto irracional y masoquista de Kempis ("tanto más santo te harás, cuanta más violencia te hicieres"). El planteamiento pues de la cuaresma no dejaba de ser pues oscuro y tétrico, y de ahí el desahogo previo de los carnavales, que tantas huellas todavía presentan del influjo social de este tiempo litúrgico en las sociedades que estuvieron tan profundamente marcadas por la religión.
La reforma litúrgica propuso un cambio de frase: "Enmiéndense y crean en la Buena Noticia", tomada de "el primer 'sermón' de Jesús" (Mc 1, 15). El cambio es profundo y conviene tomar conciencia de él. Se pasa del temor al amor. De la amenaza a la invitación. De la tristeza a la alegría de la Buena Noticia. La "conversión" debe sacarse del fanal del lenguaje religioso (en el cual con frecuencia pierde todo significado real, fácticamente contrastable) y debe devolverse a la vida real: convertirse es enmendarse, cambiar, emprender otro camino. Y la penitencia no es un voluntarioso "llevarse la contraria", ni una violencia mortificante masoquista: la mejor penitencia, la mejor forma de redimir lo malo que hemos hecho es... entregarnos con toda fe a la Buena Noticia, a la Propuesta que Dios nos hace en Jesús: ¡la preparación de su Reinado!, la transformación de este mundo por la aceleración de su venida...
Cuaresma: una invitación oficial de la comunidad cristiana a renovar nuestra adhesión cordial al proyecto de Jesús, al proyecto de Dios, para comenzar de nuevo, para celebrar luego la Pascua con toda profundidad.
Si esta renovación cristiana ha de estar -litúrgicamente hablando- orientada hacia la Pascua, podrá ser una buena iniciativa pastoral comenzar hoy la "cuenta atrás": en un lugar visible para la comunidad cristiana (templo, tablón de anuncios, locales parroquiales, hall de la escuela, mural...).
Jueves 9 de marzo de 2000
FRANCISCA ROMANA
Dt 30, 15-20: El pueblo elige el camino de la vida
Salmo responsorial: 1, 1-6
Lc 9, 22-25: ¿De qué te sirve ganar el mundo si pierdes tu propia vida?
uestra espiritualidad cristiana ha cultivado durante muchos años la idea de que debemos "imitar" a Cristo. Pero, Jesús no nos pide tal cosa. El sólo nos llama para que lo sigamos. Y esto es bien diferente.
Imitar significa copiar. Así, encontramos muchas cosas que sólo son remedo del original. Las copias sólo tienen el propósito de ser emulación de algo bueno, pero únicamente el original posee valor. Jesús no nos pide que seamos su calco, un simple duplicado.
Jesús nos llama para que lo sigamos. La voz de Jesús no nos constriñe para que vayamos detrás de él. Es simplemente una cálida pero exigente invitación que nos convoca a hacer camino a su lado. Él nos pide que lo sigamos y esto significa que aunque vayamos en pos de él nosotros debemos construir nuestro propio camino.
Seguir a Jesús no consiste en ponernos atuendos extraños o cargar una viga de madera por la mitad de la ciudad. El seguimiento de Jesús es rehacer su camino hoy, en medio de nuestras situaciones particulares. La obra de Jesús puede proseguir en nuestras comunidades en la medida en que realizamos el sueño que él propuso: El Reino de Dios es hoy posible en las comunidades que se comprometen a vivir como Jesús y a cargar con las cruces que conlleva su seguimiento.
Nuestra espiritualidad es, entonces, una expresión de nuestro seguimiento de Jesús. El espíritu del resucitado nos anima a transformar las cruces que impone el calvario de la injusticia y a dar fe de nuestra esperanza. La espiritualidad cristiana es continuar el camino redentor de Jesús en nuestra situación actual.
Viernes 10 de marzo de 2000
MACARIO
Is 58, 1-9a: El ayuno que Dios quiere: liberar al oprimido
Salmo responsorial: 50, 3-6. 18-19
Mt 9, 14-15: La comunidad está de fiesta con Jesús
esús fue una persona sospechosamente alegre. La "religión" tenía, entonces, una cara adusta y severa. El rigor de los rituales y el cumplimiento exacto de la ley habían desplazado a la fe viva y vivificante. Los líderes religiosos estaban dispuestos a lanzar consignas moralistas y dogmáticas. En este ambiente Jesús brilla por su infatigable dinamismo y gozo.
La comunidad de discípulos y discípulas prontamente comprendió que la alegría de Jesús podía ser nuevamente opacada. Los severos líderes religiosos rápidamente ganaban posiciones de poder al interior de las comunidades. Por esta razón los evangelistas se empeñaron en mostrarnos el rostro amable de Jesús. Aquella actitud tierna y sincera que lo mostraba como el verdadero rostro del Padre bueno.
La comunidad de hombres y mujeres que lo amaron y siguieron por los deprimidos pueblos de Galilea y por los áridos caminos de Judea nos dejaron un testimonio inconmovible: mientras Jesús continúe vivo entre nosotros la comunidad debe experimentar profundo gozo. La alegría de vivir sirviendo a los hermanos más pobres es la experiencia de Jesús en nosotros. No podemos dar el brazo a torcer a la hora de rescatar y valorar la felicidad en nuestras celebraciones.
Nuestro deber como cristianos no es aumentar la oprobiosa depresión que genera la miseria. Nosotros "debemos" -y en esto va la esencia de nuestro cristianismo- convertirnos en seres humanos sospechosamente alegres como Jesús. El resucitado actúa transformando nuestra amargura en libertad. ¿Podemos, entonces, guardar luto los amigos y amigas del novio mientras él está con nosotros?
Sábado 11 de marzo de 2000
EULOGIO
Is 58, 9b-14: La obra de Dios: desterrar la maledicencia y solidarizarse con los pobres
Salmo responsorial: 85, 1-6
Lc 5, 27-32: Quiénes podían seguir a Jesús
esús contaba con algunos los discípulos y discípulas que vivían en holgada situación económica, bien porque habían trabajado como recaudadores impuestos o porque habían sido empleados de Herodes. Estas personas, a pesar de contar con recursos económicos, estaban excluidos dentro de la sociedad judía porque se les consideraba traidores e impuros.
El hecho de que Jesús compartiera la mesa con antiguos publicanos y actuales empleados de Herodes causaba estupor en los diversos sectores del sistema social. Tanto a nivel de representantes institucionales como los escribas y los sacerdotes, como dentro de los líderes populares. Por actuar de esta manera, Jesús se volvía extremadamente sospechoso a los ojos de los hombres prestigiosos de Israel, bien fuera de derecha (rabinos, fariseos, etc.) y o de izquierda (zelotas).
A pesar de este recelo, Jesús no se reprimía. Encaraba con decisión la pretensión totalitaria de los que se consideraban a sí mismos "hombres justos". Jesús les recordaba que ellos no eran "propietarios" del cielo ni "guardianes" de la puerta del Reino. Pues, la obra de Dios no consiste en incrementar el número de excluidos y marginados. Todo lo contrario, Dios actúa acogiendo a los marginados y encaminándolos por el sendero de la solidaridad.
Las personas excluidas que Jesús acogía ya no deseaban regresar a las antiguas estructuras sociales y políticas que los lanzaron habían expulsado del sistema social hacia la periferia. Estos hombres y mujeres a partir del llamado de Jesús ("ven y sígueme") generaban comunidades de hermanos donde era posible convivir bajo los principios de tolerancia y respeto por la diferencia.
Los gestos de Jesús provocaron malestar y desconcierto. Sin embargo, sus acciones estaban enmarcadas dentro de la tradición profética más radical. Las voces siempre nuevas de los antiguos profetas resonaban en cada paso del maestro de Nazaret: desterrar la opresión, el gesto amenazador y la maledicencia para compartir el pan con el humillado y el indigente. De este modo, la existencia de Jesús brilló con una luz propia tan intensa que hoy nos dejamos alumbrar por su testimonio para combatir las nuevas situaciones de exclusión que nos agobian.
Domingo 12 de marzo de 2000
Primera semana de cuaresma
NORMA
Gen 9, 8-15: Dios realiza un pacto con Noé
Salmo responsorial: 24, 4bc-5ab.6-7bc.8-9
1 Pe 3, 18-22: El arca de Noé es un símbolo del bautismo
Mc 1, 12-15: Las tentaciones en el desierto
a narración de evangelio de Marcos es muy breve. Presenta de un modo muy general las "pruebas" que Jesús tuvo que superar para vencer el mal. Destaca algunos símbolos de hondo significado y los inserta en una secuencia muy sugerente.
Marcos presenta las tentaciones antes del comienzo de la actividad misionera de Jesús. Primero presenta a Juan Bautista como cumplimiento de la antigua profecía de Isaías. El bautista es la voz que clama en el desierto y prepara el camino del enviado de Dios. Se insiste en que Juan sólo es un mensajero, un heraldo. Luego, nos presenta a Jesús participando de la actividad simbólica de Juan al recibir el bautismo y el reconocimiento como "hijo amado". El Espíritu, entonces, lo conduce al desierto.
Jesús siempre se dejó guiar por el Espíritu. Esta afirmación nos ilustra una actitud que marca su estilo particular. Jesús es un "hombre de acción" que, sin embargo, no cae en el pragmatismo o el inmediatismo. Él integra cada experiencia a un proceso de maduración personal que lo prepara para asumir con mística los retos de la actividad evangelizadora.
El desierto es el lugar donde madura y se consolida el pueblo de Dios. Es como una fragua que templa el metal hasta hacerlo apto para las manos del artesano. En la Biblia el paso por las zonas desérticas simboliza el enfrentamiento con los propios temores y las adversidades del sistema vigente.
La experiencia de Israel en el desierto fue muy singular. El pueblo hebreo sucumbió en el intento de cruzar el desierto. En todo momento fue necesaria una intensa actividad de Dios y de sus mensajeros para preservar la fe del pueblo que se resquebrajaba ante las adversidades.
A diferencia de Israel, Jesús encara el desierto sin dejarse arredrar por las adversidades y sale fortalecido. La dura experiencia de enfrentar la hostilidad del ambiente y de desterrar sus propios temores es superada por Jesús con un ánimo inquebrantable. Sus aspiraciones de trasformar la realidad humana la expresa en el proyecto del Reino de Dios donde caben todos y todas. Proyecto que es animado por el mismo Espíritu que empujó a Israel a intentar construir una sociedad justa y solidaria.
Los cuarenta días sintetizan una rica experiencia histórica expresada en el símbolo numérico. Noé vuelve a pisar tierra firma luego de cuarenta días de navegación. Israel supera el desierto luego de cuarenta años de lucha, zozobra e incertidumbre. Jesús comienza su predicación luego de cuarenta días en el desierto. El tiempo, cuarenta días, y el lugar, el desierto, son el marco de la experiencia de transformación personal y comunitaria más significativa: el éxodo.
Jesús hizo de su experiencia misionera un constante éxodo. Salió de los estrechos límites de su nación y anunció el evangelio en las regiones extranjeras cercanas a Galilea. Salió de su patria en Galilea y enfrentó abiertamente al poder en Jerusalén. Durante el camino debió luchar para cambiar las antiguas y petrificadas mentalidades de sus coetáneos y compatriotas por una mentalidad más abierta y crítica. Les ayudo a trasformar a sus seguidores y seguidoras el corazón de piedra por un corazón de carne, sensible a la miseria y el dolor ajeno. Enfrentó las tentaciones del poder, el prestigio y el dinero desarrollando una mística del servicio al hombre, mujer niño/a, anciano y enfermo deprimido y marginado y no mediante un espiritualismo intimista y aislado. Jesús enfrentó las tentaciones a lo largo de todo su éxodo, con una audacia y libertad que lo convierten en el modelo del ser humano nuevo.
El evangelio también recalca que Jesús convive pacíficamente con los animales salvajes. Esto puede parecer un dato anecdótico, pero en el contexto de la narración tiene un carácter fuertemente simbólico. Expresa dos sentidos simultáneamente. Uno, la necesidad que tiene todo cristiano de armonizar todos sus conflictos interiores para prestar un servicio motivado por el amor y no por frustraciones, complejos de culpa o necesidad de aprobación ajena. El desierto de la soledad templa los estados de ánimo y prepara al evangelizador para asumir su tarea con el mismo espíritu de libertad, amor y tolerancia con que los asumió Jesús. El otro sentido, destaca la relación del ser humano con el universo. La convivencia pacífica con los animales es característica de los nuevos tiempos, de los tiempos mesiánicos, del orden querido por Dios. Los hombres y mujeres fueron creados para compartir el mismo espacio con animales y plantas (Génesis 2). El futuro de la humanidad se ubica en el horizonte de una convivencia pacífica y organizada con todas las especies vivientes (Is 11, 6-9).
Esta misma idea es la que nos comunica la primera lectura. La comunidad de personas y seres vivientes liderada por Noé superan la prueba de crear condiciones para la convivencia pacífica y reinician una nueva historia, una segunda oportunidad. Dios realiza con ellos un pacto de vida.
La comunidad liderada por Noé construye un espacio comunitario donde es posible la convivencia pacífica con la totalidad de la creación. Están amenazados por los gigantes del poder que someten a la naturaleza y a los pueblos y los despojan con violencia y ambición. El arca es un proyecto para preservar la vida en medio de un diluvio de codicia y egoísmo. La comunidad humana y todos los seres vivientes simbolizados en "el arca" emprenden un éxodo hacia una nueva organización social. Navegan por cuarenta días sobre un mundo inundado de violencia y alienado por la fascinación del poder. Terminada la peregrinación renuevan su pacto por la defensa de la vida. Este es el don preciado que Dios da a la humanidad.
La idea del arca y del diluvio es retomada en la "carta de Pedro" pero se les agrega un nuevo matiz. El agua que cubrió el mundo en el relato del Génesis es interpretada como un anticipo del bautismo. El agua supuso para la comunidad liderada por Noé una dura prueba al fin de alcanzar una nueva vida. El agua del bautismo supone para el cristiano una transformación interior que lo lleva a optar definitivamente por la Vida. El bautismo no es un sacramento que limpie a nadie -y menos a los niños- de alguna suciedad interior o exterior. El bautismo es un signo sacramental que quiere significar la ruptura con toda la mentalidad que produce y estructura el mal en la sociedad humana, y la adhesión a la propuesta de Jesús. (De ahí las críticas recurrentes al bautismo de los niños, y la necesidad -en todo caso- de dar a la celebración del bautismo toda la seriedad del caso en la preparación de los padres, y de la necesidad de la "renovación de las promesas del bautismo" y del sacramento de la confirmación). El bautismo se constituye en expresión de la nueva conciencia ética de quien quiere seguir a Cristo. Por esto, el bautismo no es un acto puntual, que concluye con el final de la ceremonia: el bautismo se prolonga en nuestra vida en un éxodo permanente hacia la hueva humanidad. Un camino que nos pone en contacto directo y personal con el Maestro. Él nos llama a construir comunidad y a hacer posible el pacto por la vida.
Para la revisión de vida
En el desierto de la vida aparecen la tentación y el desánimo, pero también aparecen el encuentro con Dios, el gozo de una vida liberada de toda atadura, opresión e injusticia. ¿Con qué talante, con qué ánimo afronto yo esta cuaresma: "simplemente una más", preocupado por las "prácticas cuaresmales", buscando hacer más sitio en mi vida para Dios y para los hermanos_?
El diluvio fue provocado por la violencia y el egoísmo que llenaban la tierra... Las violencias de nuestro mundo de hoy, mis violencias, agresividades y egoísmos personales, ¿qué engendran en nuestra sociedad? ¿Y entre las personas que me rodean?
Para la reunión de grupo
Si el evangelio no afirmara taxativamente que Jesús sufrió tentaciones, muchos cristianos hubieran dicho que él no podría haberlas experimentado, por ser simultáneamente Dios. Pero una persona humana que no pueda sentir tentaciones, ¿sería realmente humana? ¿Qué implicaciones tiene esto para nuestra comprensión de la humanidad de Jesús?
Marcos no explicita cuáles fueron las tentaciones que experimentó Jesús. Otros evangelistas nos las señalan de un modo arquetípico. Recordemos cuáles fueron y qué significación tienen fundamentalmente.
En la situación actual de nuestro Continente, y del mundo, ¿cuáles son las tres más grandes tentaciones con las que se encuentra todo ser humano y todo cristiano?
El evangelio de Marcos que hoy proclamamos incluye el "primer sermón de Jesús", su primera predicación, o, si queremos, lo que fue de algún modo su "manifiesto", su "proclama", que resume de algún modo todo lo que será su mensaje. Es un texto muy sintético y muy preciso el que nos presenta Marcos. Comentemos el significado de los cuatro elementos que contiene esa "proclama de Jesús".
Si la alianza con Abraham abarca por derecho a las tres religiones monoteístas (judaísmo, cristianismo e Islam), la alianza hecha por Dios con Noé abarca tal vez a la humanidad de todas las religiones y a la naturaleza misma... Si Dios es Dios, y si Dios es uno, ¿qué significan para nosotros, los cristianos, las diversas religiones? Si el tema del pluralismo y del diálogo religioso está siendo actualmente uno de los temas más cultivados por los teólogos, ¿qué información estamos teniendo sobre ello? ¿Quién, cómo, cuando... nos puede informar?
Para la oración de los fieles
Por la comunidad de creyentes en Jesús, para que, en medio del desierto de la vida, sea capaz de animar la esperanza de las personas en conseguir la plena liberación. Oremos.
Por toda la comunidad humana, para que en medio de sus egoísmos, injusticias e insolidaridades sepa escuchar y poner en marcha los mensajes de liberación que se siguen pronunciando en nuestro mundo. Oremos.
Por los que sufren en su carne el azote del hambre, el paro, la violencia, la injusticia, la explotación, para que renazca su esperanza al encontrar personas que les apoyen y luchen por sus derechos. Oremos.
Por los creyentes, para que nuestra condición de bautizados nos haga vivir una nueva forma de vida, como hijos de un Dios de Vida y de vivos. Oremos.
Por nuestra comunidad, para que se esfuerce en construir una sociedad cada día más fraterna y esperanzada. Oremos.
Para la oración comunitaria
Dios, Padre nuestro: al comenzar esta cuaresma te pedimos nos ayudes a no nos conformarnos con un cumplimiento rutinario de prácticas o costumbres cuaresmales, sino a empeñarnos en una auténtica conversión de nuestros corazones y nuestras vidas personales, a la vez que nos esforzamos por transformar nuestra familia, nuestra sociedad, el mundo. Por Jesucristo nuestro Señor.
Lunes 13 de marzo de 2000
RODRIGO
Lev 19, 1-2. 11-18: Amar y respetar al prójimo: camino de santidad
Salmo responsorial: 18, 8-10.15
Mt 25, 31-46: Cada vez que lo hicieron a mis hermanos más pequeños...
l evangelio es sumamente claro en sus orientaciones. La salvación no es un asunto de ortodoxia doctrinal o de agotadores ejercicios piadosos. La salvación consiste básicamente en una permanente búsqueda de justicia-amor en las sociedades humanas. Ningún ser humano se puede sustraer de descubrir en las personas enfermas, encarceladas, carentes de lo necesario para vivir el rostro de una nueva humanidad. Mateo nos comunica esta verdad de una manera tan clara que quedamos deslumbrados ante la claridad de su reflexión.
El evangelio utiliza varias figuras. De una parte está el "hijo del Hombre" y "el rey" que ejercen como jueces. De otro, las cabras y las ovejas que identifican respectivamente a los constructores de la paz y a los negligentes. Pero, y es necesario recalcarlo, el evangelio con esta comparación no da recetas fáciles. No dice "como ustedes cumplieron e hicieron". El juez llama a la comunidad de los justos y les da su premio para sorpresa de ellos mismos. La comunidad de personas constructoras de la justicia y amantes de la paz actuaron en favor de los pobres, excluidos y marginados obrando por pura gratuidad y no como si estuvieran ejecutando un programa. Su acción nació en la fuente de una conciencia limpia y generosa que obedece a los más nobles impulsos de la caridad fraterna. El juez con sus palabras "vengan ustedes benditos de mi Padre" le abre los ojos a la comunidad para que perciba la inmensa ternura y profunda bondad con la que actuaron.
A los que fueron negligentes los aparta. Y no precisamente porque cometieran maldades, sino porque jamás hicieron el bien. Y este punto es importante: no son condenados por pecados de "comisión", sino de "omisión". El pecado no es sólo hacer el mal, sino dejar de hacer el bien. El "yo no robo ni mato" no es garantía suficiente para decir que estoy en la salvación. Esta no consiste en evitar el mal, sino en acometer el bien.
El servicio desinteresado, gratuito y fraterno al humilde se convierte en el criterio decisivo para que la comunidad humana se evalúe a sí misma en la presencia de Dios.
Martes 14 de marzo de 2000
MATILDE
Is 55, 10-11: Así será la palabra que sale de mi boca
Salmo responsorial: 33, 4-7.16-19
Mt 6, 7-15: El "padrenuestro"
l profeta Isaías nos brinda una de las más bellas comparaciones que contiene la Biblia para mostrarnos el significado de la Palabra de Dios. La compara con la lluvia y la nieve. Vienen del cielo y procuran el alimento al humilde campesino. Su eficacia radica no tanto en la espectacularidad como en la calidad de su acción. De la misma manera la Palabra de Dios alimenta al pueblo humilde y sencillo. Y en eso radica su eficacia.
Dios quiere que su Palabra no retorne vacía, sino que nutra la experiencia de las comunidades que quieren crecer al calor de su luz. La Palabra debe ir y venir permanentemente entre Dios y su pueblo en un diálogo fluido y sincero. De este modo, la Palabra de Dios se hace historia y transforma la vida concreta de muchas personas que la escuchan con devoción y mística.
Precisamente, el "padrenuestro", uno de los fragmentos más hermosos del evangelio, se ha quedado para siempre en la conciencia del pueblo como una semilla de su Palabra. Esta oración se convierte en un gran clamor que asciende hasta el cielo y clama a Dios. Cada vez que el pueblo vela a sus mártires, a las víctimas de una muerte injusta, reza el "padrenuestro" y con él comunica toda su experiencia filial. Las comunidades humildes y sencillas saben que el Padre Dios las acompaña y ama. De modo que ellas manifiestan la fuerza de su Reino. Un Reino hecho con las manos de los pobres que forjan la justicia y la paz. Así, la Palabra de Dios se ha hecho efectiva en la conciencia de cada seguidor de Cristo, transformándolo en palabra viva y vivificante. La Palabra retorna a Dios en cada ser humano que da su vida con generosidad en favor de los hermanos.
El "padrenuestro" es la única oración que tenemos de Jesús. Hay que caer en la cuenta de su diferencia con las demás oraciones y prácticas devocionales, que provienen de la tradición de la Iglesia, de santos, de lugares y momentos determinados de la historia... El padrenuestro nos viene del mismo Jesús. En esa oración hay un resumen de todo lo que puede ser nuestra oración hacia Dios.
Puede ser útil recordar que su primera palabra, "Padre", necesita ser entendida hoy día en su equivalencia de Padre-Madre.
Miércoles 15 de marzo de 2000
LUISA DE MARILLAC
Jon 3, 1-10: La gran ciudad llamada a juicio
Salmo responsorial: 50, 3-4.12-13.18-19
Lc 11, 29-32: Jesús, signo de contradicción
na de las mayores dificultades que enfrentó Jesús y la iglesia primitiva fue el nacionalismo. Como Roma imponía su política y sus costumbres, confundiendo la universalidad con la uniformidad; muchos pueblos reaccionaban recalcando hasta el extremo sus propios valores. De este modo enfrentaban un nacionalismo fanático a un imperialismo universalista.
Si bien el amor a la Patria es un loable valor, el exagerado apego a las propias costumbres degenera en sectarismo. Esta actitud impidió que los líderes del pueblo y a gran parte de la nación reconocer la novedad que reportaba Jesús.
Jesús criticó duramente esta actitud, pues su propuesta luchaba por la tolerancia, el pluralismo y el respeto. Para contradecir a los extremistas de ambos bandos Jesús utilizaba diversos recursos. En este caso, propone como señales al contradictorio Jonás y a una mujer extranjera, la reina del sur.
Jonás encarnaba todo lo contrario de un profeta ejemplar. Y lo más sorprendente, fue que su predicación en una ciudad extranjera cambió el destino de un pueblo condenado a la destrucción. El pueblo de Nínive hizo lo que nunca pudo hacer Israel: escuchar a sus profetas y convertirse. De igual forma la reina del sur, a pesar de ser extranjera supo apreciar la sabiduría de Salomón.
De este modo Jesús desmontó las pretensiones de sus coetáneos. Les probó hasta la saciedad que por fuera de Israel era posible la salvación y que todos los pueblos estaban en capacidad de comprender y asumir los grandes valores de la revelación. En consecuencia, la predicación de Jesús demostraba que el plan de Dios estaba abierto a todos los seres humanos que quisieran realizar la justicia y a todos los pueblos que tuvieran la suficiente audacia como para descubrir la sabiduría de Dios en sus propias culturas.
Jueves 16 de marzo de 2000
HERIBERTO
Est 14, 1.3-5.12-14: Una mujer encarna la voz de un pueblo
Salmo responsorial: 137, 1-3.7c-8
Mt 7, 7-12: Dignidad y respeto, síntesis de la Palabra de Dios
urante mucho tiempo de separó con ahínco lo terrenal de lo celestial, lo sagrado de lo profano, lo divino de lo humano. Ahora muchos cristianos comienzan a ver la realidad y al ser humano como algo único y unificado. El cristianismo cada día es más consciente de que Dios se revela en la historia y que la realidad social es lugar de salvación.
Hoy el evangelio nos trae una enseñanza en este sentido. Nos hace ver que toda la Biblia consiste en dar un trato justo, respetuoso e igualitario a todos los seres humanos. El Proyecto de Dios es "llevar a plenitud su obra en el mundo", humanizar plenamente a toda la humanidad. Cuando Jesús nos llama a "tratar a los demás como queremos que ellos nos traten" nos invita a buscar los caminos para que esto sea posible. Es importante subrayar que en la versión de Mateo no se trata de "no hacer a los demás lo que no queremos que nos hagan a nosotros mismos"; se trata de "hacer", positivamente; es así mucho más completo.
Al común de la gente le parece que la oposición entre el obrero y el patrón, el varón y la mujer, el niño y el adulto, el sacerdote y los/las seglares es algo "natural", que así debe ser la sociedad. Sin embargo, el evangelio va en contra vía de este modelo de sociedad.
Jesús nos propone que organicemos nuestras comunidades según otro modelo. En este otro modelo lo importante no es la diferencia jerárquica, la primacía de género o la ventaja económica. Lo decisivo es el proyecto fraterno. Se busca que todos los seres humanos se comporten ante los demás siguiendo unas profundas convicciones personales de respeto, diálogo y equidad. Y de esto hace Jesús una base de la revelación.
Viernes 17 marzo de 2000
PATRICIO
Ez 18, 21-28: Escoge la justicia y vivirás
Salmo responsorial: 129, 1-8
Mt 5, 20-26: Buenas relaciones con todos los hermanos
muchos cristianos se nos olvida con frecuencia que el evangelio nos comunica un mensaje para la vida cotidiana. Buscamos en el Nuevo Testamento las grandes líneas teológicas, indicios de conflictos sociales en la antigüedad, o grandes argumentos doctrinales. Y ésta es una labor importante y meritoria. Pero también debemos dejar que el evangelio toque nuestra experiencia diaria.
Mateo hoy nos recuerda que lo esencial de la vida cristiana está en el trato armonioso y equitativo con los/las hermanos/as. Para el evangelista son tan importantes las relaciones personales que nos reprende duramente cuando maltratamos al prójimo de palabra y obra.
Para el evangelista, nadie puede llama al otro imbécil, cretino, tonto o cualquier otra palabra que lo descalifique. El trato hosco y agresivo sólo crea conflictos innecesarios y profundamente dañinos. La autoestima de una persona puede quedar seriamente afectada con estas palabras. Incluso, los niños que reciben un trato lleno de palabras denigrantes y despreciativas pueden desarrollar complejos de inferioridad.
Para alcanzar una vida comunitaria más armónica, Mateo nos propone una terapia destinada a sanar viejas heridas, a curarnos de la depresión y la desesperanza.
Se trata de iniciar un proceso de reconstrucción de los lazos afectivos que sostienen a la comunidad. El verdadero culto a Dios parte de una óptima relación con todos los hermanos y hermanas. De esta manera, la comunidad se fortalece y se sana interiormente. Las personas a su vez experimentan una profunda experiencia de Dios en el encuentro con el hermano ofensor o con el hermano ofendido.
Sábado 18 de marzo de 2000
CIRILO DE JERUSALÉN
Dt 26, 16-19: La ley de Dios escrita en el corazón y no en una piedra
Salmo responsorial: 118, 1-2.4-5.7-8
Mt 5, 43-48: Amor a los enemigos, amor gratuito
iertos modelos de piedad nos invitan a alcanzar la perfección por medio de largas y penosas privaciones y ayunos. El evangelio nos indica otro camino. Nos invita a buscar la perfección en la práctica del amor.
El amor del evangelio es algo decisivo. Se basa en la solidaridad, el perdón y la exigencia de justicia; se orienta al servicio desinteresado y cordial hacia todos los seres humanos. Incluso, dirigido a aquellos que nos convierten en sus enemigos. No es un amor idealista ni meloso. Tiene como modelo a Jesús y a Dios Padre. Es un amor que comienza con una impostergable exigencia de reconciliación.
En nuestra vida cotidiana consideramos que los gestos de perdón nacen de la cobardía o la blandenguería. Por esto, preferimos comportamos como guerreros atenazados por amenazas de muerte. Nuestra mentalidad belicosa arde ante el mínimo gesto de cualquiera que pueda convertirse en un potencial enemigo. Así, convertimos la vida cotidiana en un campo de batalla, deformando su verdadera esencia.
Esta mentalidad nos impide ver en el perdón un gesto de grandeza humana, verdadero fruto de la magnificencia divina. La actitud de Jesús nos llama a comprender el significado del perdón y la reconciliación como una impostergable exigencia de justicia.
Entra dentro del amar al enemigo el luchar para que los crímenes no queden en la impunidad. Si permitimos que la injusticia se apodere de nuestra historia, inevitablemente le otorgamos la razón a los violentos y entregamos el futuro a los mismos errores y crímenes del pasado. Amar al enemigo implica luchar para que las injusticias sean remediadas, para que la conciencia de la humanidad avance y se haga menos probable que los errores se repitan. El estrado de la justicia es el único lugar adecuado para que las víctimas y los victimarios se puedan reconciliar en la verdad.
Otro enfoque para este tema capital del amor gratuito (Mt 5, 46-47) es el de las motivaciones del amor. El catecismo clásico dividía el dolor de los pecados en contrición (por la ofensa hecha a Dios) y atrición (por temor a las penas del infierno). Eso mismo valía para el amor a Dios: "por ser Vos quien sois, Bondad infinita", o por el deseo de salvación (consecución del cielo y evitación del infierno. Tal vez pueda ayudar el recuerdo de aquel soneto anónimo del siglo XVI:
No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.
Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme el ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.
Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera
que aunque no hubiera cielo yo te amara
y aunque no hubiera infierno, te temiera.
No me tienes quedar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara
lo mismo que te quiero te quisiera.
Domingo 19 de marzo de 2000
Segunda semana de cuaresma
JOSÉ
Gen 22, 1-2.9-13.15-18: No empuñes el arma contra tu hijo
Salmo responsorial: 11, 10. 15-19
Rom 8, 37b-34: ¿Si Dios está con nosotros quién estará contra nosotros?
Mc 9, 2-10: Este es mi Hijo amado. La transfiguración
l adagio popular ha tomado la frase del Génesis "Dios proveerá, dijo Abraham" para expresar su profunda experiencia de Dios. Especialmente en los momentos de penuria o de falta de recursos para sobrevivir. Esta frase nos sirve para comprender algunos aspectos de este conocido episodio.
En la Biblia la figura de Abraham representa al ser humano de fe profunda, decidida y constante. Abraham es un hombre de acción, un hombre soñador. Incluso su nombre significa "padre del pueblo". Pero, la realidad se le muestra muy contraria. Sus empresas apenas tienen algún resultado. Sueña con ser el padre de un gran pueblo, pero apenas tiene un hijo. Isaac significa clamor. Su existencia es la respuesta del dios de la historia a una familia esperanzada.
El cuadro, con todo resulta contradictorio. Dios le pide que sacrifique a su hijo. Abraham no se resiste pero conserva la esperanza "Dios proveerá". En el camino, el hijo sin saberlo, lleva en sus propias manos el instrumento de muerte. En el momento del sacrificio Dios interviene y preserva la vida del niño. La orden de Dios es tan terminante y precisa que impide que al muchacho se le cause el menor mal. Abraham luego procede a ofrecer un carnero. Dios le renueva las promesas que, gracias a la vida de Isaac, mantienen su posibilidad de realización.
El relato tiene varios y complementarios significados. De una parte nos ilustra la superación de una cruel práctica de la antigüedad. La fe en Yahvé contradice cualquier práctica sacrificial que atente contra el ser humano. La sangre de las personas es sagrada para el pueblo de Dios (Lv 18, 21; Dt 12, 31).
El ritmo del relato nos descubre a Abraham como un hombre que aprende a partir de la experiencia. Que se enfrenta a las pruebas con decisión y esperanza. Un hombre que confía en que Dios y defiende la vida de su pueblo. Por eso, hasta el último instante se mueve en el peligroso filo de los rituales macabros, atento a la voz que lo guía, lo que le permite en el momento oportuno volverse hacia el Dios de la vida.
La lógica del relato nos muestra algo sorprendente. Abraham supera el camino de la obediencia ciega en el momento que respeta la vida de su hijo. El patriarca al empuñar el arma no sólo atentaba contra la vida de un ser humano sino que ponía en peligro el futuro de una familia y destruía la promesa de un pueblo. Abraham deja a un lado la práctica de sacrificar seres humanos porque comprende la propuesta de Dios. El Creador de la historia exige el respeto absoluto de la vida de cada persona. Al preservar la vida de Isaac, abre un modelo para que su sueño, la utopía de la humanidad, se haga realidad. La acción de Abraham es un sí al futuro, al Dios de la esperanza.
En este mismo orden de ideas Pablo reelabora el significado del sacrificio de Isaac y lo aplica a Cristo. Jesús murió por causa de la intolerancia de las organizaciones religiosas y políticas. Estas, tomaron una opción contraria a la práctica de Abraham; prefirieron sacrificar a los seres humanos antes que cuestionar el bienestar de la nación "No ven que es mejor que muera uno sólo por el pueblo y no que perezca toda la nación".
Para Pablo, Dios envía a su Hijo para cambie la historia de sacrificios inhumanos e injustos. Este propósito sin embargo se estrella de frente con la oposición de "los representantes de Dios". Los que eran considerados hombres de prestigio y gente de bien están dispuestos a sacrificar a Jesús y a mil seres humanos con tal de rendirle culto al "progreso y bienestar de la nación".
Cuando Pablo dice que "Dios no perdonó a su hijo", de ningún modo quiere mostrarnos la imagen de una divinidad sádica. Si se lee todo el capítulo octavo de esta carta, se comprende inmediatamente que el apóstol interpreta la presencia de Cristo en nuestra historia como el más magnífico regalo de Dios. Un regalo que muestra el gran amor de Dios; sin embargo, Dios deja todo en manos de la humanidad. Ella misma debe aceptar libremente este don o rechazarlo. Sabiendo Dios a qué se podía enfrentar el Cristo, aún así, por amor lo envía con la esperanza de que aquellos que lo acojan encuentren el camino hacia un mundo mejor. Por eso, quien se pone de parte de Cristo y de los miles de seres humanos sacrificados por los sistemas políticos injustos debe saber de antemano que Dios está de su parte. Si Dios está de nuestra parte ya nos podemos ir imaginando quien está contra nosotros.
El evangelio nos relata una experiencia capital de Jesús. La iglesia primitiva reflexionó mucho acerca del significado de la persona de Jesús. Algunos lo equiparaban con Moisés, el antiguo legislador. Otros lo veían como el nuevo profeta, al estilo del gran Elías. Sin embargo, la experiencia definitiva de Jesús y la que le caracterizó como persona fue presentarse siempre como "amado de Dios".
Jesús se dirigía a Dios con la confianza y la seguridad de un hijo. Por esto, se comportaba de una manera tan libre frente a las rigurosas leyes y a las antiguas profecías. Él encarnaba lo nuevo de Dios, aquello que Dios amaba y que se iba opacando por el rigor de la ortodoxia.
La comunidad cristiana reconoció en Jesús al "hijo amado de Dios". No podía ser de otra forma. Las discípulas y discípulos experimentaron a Dios por medio de la palabra, la acción y la presencia de un hombre singular. Esta experiencia marcó sus vidas. Los llevó a reconocer que lo más importante no eran las antiguas leyes ni los perfiles del mesías profético, sino la práctica liberadora y solidaria del hijo de María. Por esta razón, ante la tozuda idea de los discípulos de construir tiendas para Jesús, Moisés y Elías, la voz del Señor es taxativa: este es mi hijo amado: escúchenlo". Jesús es nuestra definitiva experiencia de Dios.
Por eso, debemos aprender la lección de Abraham siguiendo las palabras de Jesús. Debemos impedir, incluso con nuestra vida, que los lacayos de los sistemas injustos continúen sacrificando seres humanos para sustentar la estabilidad de las naciones. Pues, el único futuro de los pueblos consiste en el respeto absoluto a la vida de cada ser humano. No podemos permitir que se sacrifiquen más seres humanos al Dios del lucro y el egoísmo. Las palabras de Jesús nos llaman a defender la vida de los hijos amados de Dios, a convertir la existencia de cada ser humano en nuestra experiencia de Dios.
Para la revisión de vida
Abraham es tenido por "padre de todos los creyentes", modelo de fe, porque supo confiar en la Palabra de Dios aun cuando ésta se le presentó en contra de sus propias evidencias. La suya fue "una fe contra toda evidencia". ¿Hasta qué punto me fío yo de la Palabra de Dios?, ¿cómo reacciono cuando esa Palabra trae complicaciones y dificultades a mi vida?
Abraham no se reservó para sí ni a su propio hijo, y eso que era el medio necesario para el cumplimiento de la promesa divina de tener una numerosa descendencia. ¿También yo soy capaz de ofrecerle y entregarle todo? ¿Hay zonas o realidades de mi vida que yo no estaría dispuesto a entregar a Dios si me lo pidiera?
¿Necesito yo un alto en el camino -como el que proporcionó Jesús a sus tres discípulos en el monte Tabor- para ver a Jesús transfigurado y transfigurar así también mi vida?
Vamos por la vida caminando con gozo hacia el encuentro glorioso con Cristo resucitado; ¿estoy dispuesto a asumir que a ese triunfo final sólo se llega pasando por la cruz, por el servicio, por la vida entregada por y a los hermanos?, ¿o prefiero quedarme en el Tabor (hacer tres tiendas) sin continuar hasta el calvario?
Para la reunión de grupo
ignacio@ecnet.ecLa fe de Abraham fue "una fe contra toda evidencia", una especie de "obediencia ciega". Se trata fundamentalmente de un símbolo que no hay que extrapolar tomándolo a la letra. Teniendo eso en cuenta: ¿la fe, puede estar contra la evidencia de la razón? ¿Fe y razón pueden oponerse contradictoriamente?
Si Dios no nos condena, sino que nos ofrece siempre su perdón; si Jesús tampoco nos condena, puesto que ha dado su vida por nosotros, ¿quiénes somos nosotros para condenar a nadie?; ¿por qué lo hacemos?; ¿a quiénes solemos condenar? ¿Y quiénes somos nosotros para condenarnos a nosotros mismos? ¿Tenemos derecho al pesimismo, a la amargura, a la decepción?
El pasaje de la transfiguración puede causar un malentendido, si nos llevara a imaginar que Jesús "por dentro", o sea, en su conciencia psicológica, sabía y veía y sentía todo como Dios, sólo que lo estaría disimulando o reprimiendo continuamente... El "ser" divino de Jesús no interfiere ni anula su "ser plenamente humano". No se puede conjugar estos dos aspectos simplemente eliminando uno... Tema difícil, pero importante, éste de la "conciencia psicológica" de Jesús. Tal vez puede ser oportuno tener una charla, un intercambio con una persona entendida en cristología...
("Un tal Jesús" incluye un episodio reelaborado sobre la Transfiguración, que puede ser útil. Y, por cierto, cuando elaboramos estas líneas, está anunciada la aparición de "Un tal Jesús" en CD-rom para febrero de 2000... Los interesados pueden pedir información a:
También se puede tomar un folleto bíblico sobre Abraham (en los Servicios Koinonía hay varios) y preparar una reunión de grupo).
Para la oración de los fieles
Por la Iglesia, para que en medio de las oscuridades y angustias de nuestro mundo sea siempre signo de la esperanza capaz de transfigurar la existencia humana. Oremos.
Por todas las personas, para que encontremos el sentido de la vida en el trabajo por conseguir un mundo nuevo y mejor, transfigurado. Oremos.
Por todos los que padecen injusticia, opresión, soledad, rechazo; para que encuentren hermanos que transfiguren su mirada con la ayuda solidaria. Oremos
Por todos los indecisos, para que descubran lo urgente que es amar. Oremos.
Por todos los pueblos a los que no llegó la luz del Evangelio: para que sean fieles a la luz que el Dios único ha puesto a su disposición en la religión del pueblo en el que han venido al mundo. Oremos.
Por esta comunidad nuestra, para que permanezcamos fieles a Jesús, a quien el Padre resucitó de entre los muertos, y nos mantengamos firmes en la esperanza de encontrarnos un día cara a cara con el Cristo glorioso. Oremos.
Para la oración comunitaria
Dios, Padre nuestro, que nos invitas a "escuchar a tu Hijo muy amado", Jesucristo; abre nuestros corazones para que sepamos acoger su Palabra con cariño y confianza, la pongamos por obra, y así lleguemos a participar un día de la plenitud de su felicidad gloriosa. Te lo pedimos por el mismo Jesucristo nuestro Señor.
o bien:
Dios, Padre y Madre de todos tus hijos e hijas, que quieres que todos se salven y lleguen al conocimiento de la Verdad, y que invitas a "escuchar a tu Hijo muy amado", Jesús; haz que todos los pueblos se abran a los signos de tu Palabra, sembrada y presente en todas las religiones, para que reflejando cada uno un destello de tu pluriforme luz, mutuamente nos iluminemos, y reconozcamos comunitariamente la luz plena de tu rostro siempre inabarcable. Nosotros te lo pedimos por el mismo Jesucristo, nuestro Señor.
Lunes 20 de marzo de 2000
ALEJANDRA
Dan 9, 4-10: Señor, eres leal con los que te aman
Salmo responsorial: 78, 8-9.11.13
Lc 6, 36-38: Sean compasivos como el Padre es compasivo
uando entregues con generosidad no pierdas el tiempo esperando recompensas. Esta reflexión la han hecho muchos sabios que durante la historia han descubierto que la mano generosa no se agarrota esperando retribución. Porque el objetivo es desarrollar la capacidad de amar y de solidarizarnos. No de implantar la ley de la oferta y la demanda al interior de nuestras relaciones interpersonales.
El evangelio nos invita a superar la actitud de dependencia que proyectamos habitualmente en nuestro mundo afectivo. Esperamos que nos amen para amar, que nos acojan para poder acoger. Y esta lógica conduce a que nos cerremos a la bondad y la belleza de la vida. Esta misma lógica nos inhibe para que descubramos que en la apertura a los demás está el comienzo de nuestra libertad. Si no comprendemos que somos libres para amar, no seremos libres para ser amados. Porque dando es como se recibe, perdonando es como recibimos perdón y desarrollando nuestra capacidad para amar es como Dios nos ama.
Pero esta propuesta no puede ser una metáfora para ocasiones excepcionales, sino una opción cotidiana. En otras palabras podríamos decirlo así:
Cada día elige:
Perdonar en vez de echar la culpa
Aceptarte en vez de recriminarte
Dar en lugar de retener
Recibir en lugar de rechazar
Confiar en lugar de sospechar
Comprender antes que criticar
Liberar en lugar de oprimir
Comunicar en lugar de ocultar
Decir la verdad en lugar de mentir
Respetar en lugar de despreciar
En definitiva: Amar en vez de odiar
Porque la perfección no es saber mucho ni hacer mucho ni tener mucho... sino amar mucho, como Dios nos ama: "Sean compasivos como nuestro Padre(-Madre) es compasivo/a".
Martes 21 de marzo de 2000
CLEMENCIA
Is 1, 10.16-20: Aprendan a obrar bien y busquen la justicia
Salmo responsorial: 49, 8-9.16bc-17.21.23
Mt 23, 1-12: En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas...
a catequesis se ha preocupado durante largo tiempo por transmitir la doctrina correcta. Por esto, se hace énfasis en aprender los diez mandamientos, los sacramentos, los siete dones del espíritu santo y los catorce frutos y otras muchas tradiciones. Este interés catequético es legítimo e incuestionable. Sin embargo, es necesario preguntar: ¿la catequesis que se preocupa tanto por la doctrina "correcta", la llamada ortodoxia, se preocupa igualmente por la práctica correcta, la llamada "ortopraxis"?
El evangelio de Mateo es directo y tajante. Nos pide aceptar la ortodoxia pero siempre y cuando esté basada y fundamentada en la ortopraxis, es decir, en la práctica de la justicia. Pues, anunciar las doctrinas correctas, las que todo el mundo acepta, es muy fácil. Lo difícil es practicarlas. Por eso, urge más revisar nuestras prácticas catequéticas que los sistemas doctrinales.
Nuestra catequesis se limita, en gran parte, a memorizar preceptos, doctrinas y fórmulas. El evangelio nos pide que, sin olvidarlas, nos preocupemos de realizar lo que ellas proponen. Lo fundamental de toda la doctrina cristiana, contenida en el evangelio, es la práctica comunitaria de la caridad, expresada en una exigencia irrevocable de justicia. La comunidad cristiana existe para anunciar buenas noticias a la humanidad. Se convierte ella misma en buena noticia cuando transforma las realidades de muerte en caminos hacia la vida en abundancia y no cuando se anuncia a sí misma.
Por esta razón, la catequesis no puede convertirse en una transmisión individual de contenidos religiosos sino en una práctica pedagógica comunitaria. La comunidad sólo puede enseñar y aprender con el ejemplo y la participación de todos sus integrantes sin distinción de sexo, edad u oficio ministerial. Pues, mientras que se trate de practicar y enseñar la justicia, nadie está exento de ser catequista ni está excluido de ser catecúmeno.
Miércoles 22 de marzo de 2000
LEA
Jr 18, 18-20: Amenazas contra el profeta
Salmo responsorial: 30, 5-6.14-16
Mt 20, 17-28: El Hijo del Hombre no ha venido para que le sirvan
n la época de Jesús muchas personas habían idealizado la figura del rey David. El antiguo reino de Israel era para muchos la gran utopía. El evangelio, se muestra cauteloso frente a esta mentalidad y pone en evidencia algunas causas que produjeron la división y el fin del reino davídico.
El antiguo reino organizado bajo la espada de David y mantenido por Salomón se desmoronó por causa de las ambiciones económicas y políticas de los herederos del trono. Las tribus del norte no soportaron las duras cargas laborales y militares impuestas desde Jerusalén y se independizaron buscando rehacer los antiguos ideales tribales. Pero esta iniciativa no prosperó. Los líderes del reino del norte se enfrascaron en una sangrienta lucha interna que facilitó su caída.
El evangelio recoge esta experiencia en la contienda entre el grupo de los diez y el grupo de los dos. Los diez representan los antiguos ideales de Israel. Los dos, las descaradas ambiciones del reino de Judá. Jesús, sin embargo, dirime la contienda atacando la raíz que dio origen a la división del pueblo de Dios.
La respuesta de Jesús pone en evidencia la ambición de poder que mueve a los discípulos en la búsqueda del Reino. El poder es una de las grandes tentaciones que conducen a los gobernantes al despotismo y a la violencia. Jesús les recuerda a sus seguidores que no están exentos de caer en la envolvente espiral del absolutismo. Para vencer esta dinámica propone su alternativa: el servicio.
Únicamente por medio del servicio desinteresado, generoso y entusiasta el ser humano se libera de la implacable atracción que ejerce el poder y el autoritarismo. En esto Jesús da un ejemplo tan contundente que toda su existencia se puede considerar el modelo de la nueva humanidad.
Jueves 23 de marzo de 2000
JOSÉ, ORIOL
Jer 17, 5-10: El Señor juzga a los seres humanos por sus acciones
Salmo responsorial: 1, 1-4.6
Lc 16, 19-35: El rico banqueteador y el pobre Lázaro
n este relato Lucas nos brinda una imagen popular del juicio definitivo. Por esta razón utiliza símbolos que identifican los extremos. De un lado, el cielo y los pobres. Del otro, el infierno y los ricos. El rico es presentado como un hombre que vive con todos los lujos en compañía de toda su familia ("Epulón" no es un nombre propio, significa "banqueteador", en latín). El pobre lázaro, cuyo nombre significa "Dios auxilia", vive sólo y enfermo; y muere lentamente a las puertas de la magnificencia. En el momento definitivo los dos toman diverso camino, conforme han vivido. El rico es sepultado; Lázaro va directamente al cielo.
Es digno de hacer notar que la narración de Lucas no achaca positivamente nada malo al rico: no dice que robó a Lázaro, o que tuvo una injusta relación laboral con él... No se dice que hubiera entre ellos otra relación que la de la co-existencia: simplemente coexistían juntas la miseria y el derroche suntuoso. Y esa simple co-existencia, sin ningún otro acto positivamente pecaminoso, aparece elípticamente para Lucas como un hecho suficientemente culpable. Por eso, con toda naturalidad, y sin necesidad de justificación alguna, hablará de su condenación inmediatamente después de su muerte, como dada por algo evidente.
El relato del rico opulento y del pobre Lázaro se inserta en una serie de enseñanzas y parábolas de Jesús que buscan demostrar como la ambición de poder, prestigio y dinero son incompatibles con el Reino de Dios. Como nos recuerda en el versículo 16, 13 "No se puede servir a Dios y al dinero". La miseria de los marginados y la insultante riqueza de los potentados genera un abismo que -con el símbolo popular- se puede representar como la distancia que existe entre el cielo y el infierno...
Hoy se vive una situación similar. Los informes del PNUD -un verdadero "profeta laico" de la actualidad que nos da ejemplo a los cristianos y que deberíamos utilizar y difundir mucho más- documentan magistralmente anualmente la injusticia de las desigualdades del mundo. Millones de personas de los pueblos en desarrollo mueren a las puertas de las grandes potencias. Africa a los pies de Europa. Latinoamérica a los pies de América del Norte. El "cuarto mundo" a los pies del primero, en su mismo seno. Todos estos Lázaros están atentos a las migajas tecnológicas, económicas y educativas que los vecinos ricos dejen caer. Entre los pueblos ricos y los pobres se abre un abismo tan colosal que, en estos momentos, parece insalvable. Y lo que es peor: no deja de crecer...
Como en el relato, parece que no hay medio eficaz que ponga en evidencia la evidente injusticia. El evangelio nos llama a que denunciemos el absurdo de este abismo y a que edifiquemos puentes de solidaridad.
Para el Evangelio, tal como Lucas se complace en mostrarlo, la simple coexistencia entre tales desigualdades es un pecado contra el amor y contra la justicia. Aunque no hubiera las razones causales y estructurales entre las masas pobres y las zonas ricas del mundo, o aunque nosotros no estuviéramos personalmente implicados en ellas, el solo hecho de estar en un mundo con un 85% de Lázaros frente a un 15% de banqueteadores, nos implica en un juicio decisivo y definitivo, del que no se puede uno evadir.
En otros tiempos la parábola del rico y de Lázaro fue leída casi siempre en clave individual, personal y de limosna, como para invitar a las "obras de misericordia"... Hoy debe ser leída también en clave colectiva, política y de transformación social, para invitar a la realización de la justicia internacional entre las naciones. Incluso Juan Pablo II defiende una tal lectura: "Urge traducir la parábola del rico malvado en términos económicos y políticos, en términos de derechos humanos, de relaciones entre el primero, el segundo y el tercer mundo" (su discurso ante la ONU el 79/10/02; también en la Redemptor Hominis 16, del 79/03/04).
Viernes 24 de marzo de 2000
CATALINA DE SUECIA
Gen 37, 3-4.12-13a.17b-28: Vender al hermano por unas pocas monedas
Salmo responsorial: 104, 16-21
Mt 21, 33-43.45-46: El Reino de los cielos no es propiedad privada
uchos grupos fanáticos consideraban que la salvación de Israel era la única meta de la historia. Jesús cuestionó duramente esta manera de pensar, por superficial y por excluyente. Por eso, muchos líderes sectarios, tanto de derecha como de izquierda, consideraron que Jesús era una amenaza.
Para Jesús el Reino de Dios estaba abierto a todos los seres humanos de buena voluntad que tenían como proyecto la justicia en este mundo. El Reino era ante todo acogida y gratuidad. Por eso, no eran importantes las diferencias raciales, de género o cualquier otra. Todas las personas que estuvieran dispuestas a vivir la solidaridad fraterna estaban invitadas. Jesús no sólo lo propuso como un ideal, sino que lo realizó en la práctica.
Esta manera de actuar y de pensar le acarreó agudos y profundos conflictos con los grupos religiosos y políticos de la época, incluso con sus propios discípulos. Para los hombres ortodoxos esta apertura del Reino de Dios a los extranjeros, enfermos y pecadoras era absolutamente impensable. Aún más, ellos consideraban que fuera de Israel y de su particular religión no había salvación para nadie. Por lo tanto, se consideraban propietarios del Reino de Dios.
Jesús los desafía abiertamente y por medio de la comparación con la viña, les muestra que la ortodoxia recalcitrante no conduce a la salvación. El profeta de Galilea se burla de las pretensiones privatizadoras de los ortodoxos y les muestra que Dios entrega el Reino a aquellas comunidades que viven auténticamente la justicia. El Reino no es propiedad privada de ningún grupo en particular, de nadie.
Sábado 25 de marzo de 2000
Anunciación a María
Is 7, 10-14; 8, 10: Miren, la virgen está encinta
Salmo responsorial: 39, 7-11
Heb 10: 4-10: Aquí estoy Señor, para hacer tu voluntad
Lc 1, 26-38: Concebirás y darás a luz un hijo
l evangelista Lucas sitúa históricamente la intervención de Dios. El pueblo espera el cumplimiento de las promesas divinas. Dios realiza la salvación a través de sencillos hechos cotidianos. El nacimiento de un niño representa una profunda experiencia humana: la esperanza en el futuro de la vida.
El mensajero del Señor saluda a una mujer de una aldea humilde. Le comunica la misión que Dios le ha encomendado. Ella vive en un caserío de campesinos dedicados a las labores del campo y distante de las grandes ciudades.
Nazaret era un pueblo pobre. No tenía ninguna importancia política ni histórica en la nación. Sin embargo, Dios toma lo humilde y lo anónimo para dar testimonio al mundo. La buena noticia que Dios comunica es novedosa porque brota precisamente allí donde nadie la espera. Y es buena, porque se comunica a las personas sencillas.
María es el símbolo del pueblo que espera. En ella se realizan las promesas del Dios. Ella es una mujer sencilla y de una fe sincera y profunda. Dios la escoge para cumplir una gran misión.
María hace parte de un pequeño grupo de personas que confiaban en que Dios cumpliría lo que había prometido por medio de los profetas.
Ella no comprendió todo el mensaje inmediatamente. Ella meditaba la palabra de Dios para comprenderla. Más tarde, se hará discípula de su Hijo para comprender la Buena Noticia. Junto a su Hijo ella realizará la misión que Dios le encomendó.
María por medio de su servicio fiel y oportuno al Dios de la vida, colabora directamente en la obra de Salvación. La disposición de María para la misión que Dios le ha encomendado es el comienzo de una nueva era. Dios nuevamente sale al encuentro de la humanidad. María encabeza el pueblo esperanzado que cree en la Palabra del Señor. Por eso dice "hágase en mi según Tu Palabra". No titubea como Zacarías.
Hoy como ayer, muchas personas están atentas a las manifestaciones de Dios. La mayoría esperan una revelación espectacular. Anhelan un hecho prodigioso. Sin embargo, Dios se manifiesta en la cotidianidad de la vida familiar, comunitaria y en la actividad laboral. O, tal vez, ni siquiera se pueda decir que "se manifiesta"; tal vez se trate simplemente de saber percibir, intuir, sintonizar, sentir en lo profundo, captar su presencia en el misterio de su silencio...
Por el contrario, la búsqueda desaforada de lo espectacular conduce a mucha gente a abandonar la fe de sus padres. Buscan novedad en movimientos religiosos que realizan eventos ostentosos: "maratones de sanación", "exorcismos" y muchas otras actividades que resulten prodigiosas.
Luego, cuando se cansan de esa actividad cambian de movimiento religioso. Y así comienzan una peregrinación de iglesia en iglesia, de religión en religión, que no los edifica como creyentes ni como personas. Cuando una persona no está segura de su propia fe no está segura de lo que quiere en su vida. Cambiar por cambiar no es signo de "modernidad" o "posmodernidad" sino un síntoma claro de inseguridad existencial.
Hoy observamos muchos movimientos que en la mañana prometen esta vida y la otra, pero en la tarde, desaparecen sin dejar rastro. Producen en la gente ingenua la sensación de que cualquier opción es igualmente válida.
Hoy, la actitud de María nos llama a madurar nuestra fe y a mantenernos firmes. Con el cambio del milenio mucha gente se ha mostrado indecisa. Van de un lado a otro tratando de hallar la seguridad de la fe. La mayoría no se da cuenta que al abandonar la fe de sus padres, le han dado la espalda a una seria posibilidad de encontrar la seguridad que buscan.
María siempre fue fiel a la fe de su pueblo, la fe que aprendió de sus padres. Su actitud segura y decidida la llevó a tomar la mejor opción ante Dios y ante su pueblo. Por eso, pudo darle un sí definitivo al Dios de la vida para inaugurar una nueva y definitiva etapa en la historia de la humanidad.
El comienzo de este nuevo milenio es una excelente ocasión para fortalecer la fe que hemos recibido de nuestros padres. Una oportunidad para renovar nuestras prácticas cristianas y para asumir con autenticidad nuestra existencia.
-¿Cuántos nuevos movimientos religiosos existen en nuestro barrio?
-¿Qué ofrecen esos movimientos religiosos a sus creyentes?
-Los líderes o pastores que orientan esas asambleas, ¿son personas suficientemente preparadas y desinteresadas?
-¿Qué actitudes tenemos hacia estos hermanos: competencia, rivalidad, enemistad...?
-¿Los hemos llegado a redescubrir como hermanos que también buscan, como nosotros, cada uno dentro de sus posibilidades, el rostro de Dios?
Domingo 26 de marzo de 2000
Tercera semana de cuaresma
BRAULIO, EUGENIA
Ex 20, 1-17: Los diez mandamientos: la legislación para un pueblo libre
Salmo responsorial: 18, 8-11
1 Cor 1, 22-25: Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los griegos
Jn 2, 23-25: La expulsión de los mercaderes del templo
a pascua celebraba la liberación del pueblo hebreo de la esclavitud egipcia. La fiesta era presidida por los padres de familia o, en su defecto, por la persona que orientaba las decisiones de la familia. Era una fiesta doméstica en la que se fortalecían los lazos de amistad y se recordaba que la libertad alcanzada por el pueblo podía desaparecer algún día si no se seguían los derroteros del Éxodo. Jesús se propone rescatar el sentido liberador de la pascua, porque en su tiempo se había convertido en ocasión para los tumultos y para las estafas.
En su origen, la fiesta del Éxodo fue instituida por Moisés como símbolo del pueblo que está en marcha hacia la libertad. Hombre y mujeres se ceñían la cintura y comían de pie, como quien se prepara para un gran viaje. El cordero se servía a medio asar y las verduras se consumían crudas. Bebían abundante vino y rezaban las plegarias que invocaban la protección de Dios sobre el peregrino.
La legislación de Moisés se originó en la Pascua. Los diez mandamientos exponían los preceptos fundamentales que le permitían al grupo vivir como un pueblo libre. Los tres primeros mandamientos proponían una sencilla pero cordial relación con Dios, celebrada en el día de descanso. Los siete mandamientos restantes regulaban el trato social, el intercambio económico, el respeto por la honra y bienes de todas las personas y el buen cuidado de los progenitores. Estaba prohibida cualquier forma de hurto, incluso la forma de hurto llamada usura o préstamo con tasa de interés. Esta legislación mosaica se había establecido para intentar garantizar la sobrevivencia digna y, sobre todo, para garantizar el respeto a la vida humana.
En el tiempo de Jesús las cosas estaban "patas arriba". La ley que defendía el derecho del inocente, del pobre y de los desprotegidos sociales (huérfanos, viudas, inmigrantes), había sido absorbida por la casuística y el legalismo. Había tantas leyes que casi nadie sabía a ciencia cierta cuál era la más importante. El escaso grupo que conocía la ley la utilizaba para dominar y explotar. El Templo, la casa "consagrada" a Dios, se había convertido en un inmenso emporio económico. Las principales familias sacerdotales habían instalado, en los patios destinados a los extranjeros y a las mujeres, sendos negocios de compraventa de ganado destinado al sacrificio ritual y mesas de cambio donde se canjeaba el dinero romano por las monedas acuñadas en el templo. Por supuesto, todo esto suponía unas ganancias colosales y un fraude descarado que era encubierto como "servicio religioso".
Jesús irrumpe en los patios exteriores del Templo y expulsa a todos los usureros (cambistas), especuladores (vendedores de ganado) y comerciantes. Estos individuos se dedicaban, sin el menor escrúpulo, a explotar al pueblo ignorante vendiendo a precios supremamente elevados las ovejas, las palomas y los terneros que se ofrecían en el altar de los sacrificios. Además, obligaban a la gente a comprar el costoso e inservible dinero acuñado en el Templo para pagar los diezmos, porque las monedas en circulación eran consideradas impuras por llevar impresas las insignias imperiales. El mismo Templo era el símbolo más grande de ostentación y lujo. Las paredes de los recintos interiores estaban cubiertas de láminas de oro puro; los ornamentos litúrgicos estaban hechos de metales preciosos y las puertas de maderas finas. Era motivo de orgullo nacional y expresión de la prosperidad de la dinastía sacerdotal.
Los discípulos interpretaron la expulsión de los mercaderes del templo como un gesto inequívoco de fervor patriótico. Recordaron inmediatamente el Salmo que dice "la pasión por tu casa me devora" y vieron en Jesús a un nuevo profeta Elías que purificaría por la fuerza la iniquidad de los gobernantes. Las autoridades reaccionan de otra manera. Se incomodan por el gesto de Jesús y le piden que lo justifique, que manifieste alguna señal que lo acredite para emprender ese tipo de acciones.
La respuesta de Jesús es un desafío y una descalificación de las exigencias de las autoridades. Jesús afirma que Él es la nueva pascua, la nueva liberación de Dios. No importa que su existencia histórica sea suprimida, o que el santuario del Templo sea destruido: la nueva Pascua o el nuevo camino hacia Dios ya está realizado en su persona. A partir de Él ya nadie necesitará de las mediaciones institucionales del templo para fundar su relación con Dios. Pero, es forzoso aclarar que esta verdad sólo fue comprendida hasta después de la pascua.
Al igual que los discípulos, otras personas fervorosas y celosas de la religión aprobaron el gesto de Jesús. Veían en Él a un reformador del sistema religioso, a una persona que iba a modificar las cosas que no se ajustaban a la ley. Pero, la intención de Jesús no era la de un simple reformador. Jesús no quería cambiar la situación religiosa de sus contemporáneos sino trasformar la realidad humana de violencia, opresión y engaño. Y para esto, el primer paso era poner al descubierto las manipulaciones que se hacían en nombre de Dios.
La pretensión de Jesús de poner de manifiesto la preeminencia de la dignidad humana sobre la corrupción del sistema social y religioso era mal vista por sus contemporáneos. Ellos no comprendían como un simple campesino quería cambiar el estado de cosas. La osadía de Jesús les parecía, a su modo de ver, inconcebible. Pero, como nos dice Pablo, la sabiduría de la cruz, la sabiduría de Jesús, es escándalo para los judíos y necedad para los paganos. Porque lo necio de Dios es más sabio que la sabiduría de los que se consideran sabios; y la fortaleza de Dios es mas fuerte que la fortaleza de los que se consideran fuertes. La exigencia de Jesús que a sus contemporáneos les parecía una locura, a nosotros nos parece la exigencia fundamental para la historia: el absoluto respeto por la singularidad humana, el inobjetable derecho a la vida. En esto consiste la nueva pascua, en que las personas "tengan vida, y vida en abundancia" (Jn 10, 10).
Datos muy interesantes sobre el movimiento económico del Templo de Jerusalén en los tiempos de las fiestas de pascua pueden ser tomados de "Un tal Jesús", episodio 107, "Con el látigo en la mano", de los hermanos López Vigil, ed. Lóguez, Salamanca (nos referimos al comentario que acompaña a cada episodio). También en el clásico libro de Joaquín Jeremías, "Jerusalén en tiempos de Jesús", ed. Cristiandad, Madrid 1977.
Para la revisión de vida
El Decálogo es la esencia de la Alianza, que en su realidad más profunda es gracia, don y respuesta de amor. ¿Hemos suplido tal vez esa relación amorosa con Dios por un mero cumplimiento de leyes y normas, por una simple acumulación de prácticas externas?
De siempre, el ser humano ha acudido al templo buscando allí una presencia especial de Dios... Nos enseña el mismo Jesús que, por respetable que sea, el templo es lo menos importante. ¿Dónde dice Jesús que hemos de buscar a Dios? ¿Qué es el templo para mi? ¿Dónde busco yo a Dios?
Jesús descalifica radicalmente todo tipo de utilización mercantilista del templo: la casa de Dios ni puede servir para negocios humanos, ni para el "negocio religioso de comprar el cielo". ¿Hemos aprendido la lección o seguimos utilizando los templos para nuestros intereses, en provecho propio, como medio de vida o como tranquilidad de nuestras conciencias?
Para la reunión de grupo
Que el "Templo" pueda convertirse en una "cueva de ladrones" no se refiere sólo a la mercantilización de la religión (hoy más improbable que en el tiempo de Jesús), sino también a su connivencia con el capital. En un sistema capitalista neoliberal como el actual, que reconocidamente produce una concentración de la riqueza y una exclusión creciente de los pobres, ¿qué tendría que hacer la religión para no ser ni parecer legitimadora del desorden económico mundial actual? Si en el mundo 20/80 (el mundo en el que el 20% de la población acapara el 80% de los recursos) ese 20% más rico "es" cristiano, ¿qué pensar del "Templo" cristiano? Si los máximos multimillonarios actuales "son" cristianos, ¿qué decir de sus capellanes?
Decimos que la señal del cristiano es la cruz, pero... ¿qué cruz? ¿La joya de oro que cuelga de nuestro cuello, la obra de arte que preside el altar mayor de nuestra iglesia, el gesto rutinario de santiguarnos en distintas ocasiones, o la cruz que Jesús debió cargar por haber intentado predicar el amor y la libertad? ¿Somos fieles a la cruz de Cristo o la hemos domesticado?
Para la oración de los fieles
Para que la Iglesia, con sus actuaciones liberadoras y de servicio a los pobres, demuestre que adora a Dios en espíritu y en verdad y no al Dios dinero. Oremos.
Para que los derechos humanos no se queden en una hermosa declaración de buenas intenciones, sino que se respeten y sean tenidos en todos los pueblos como una norma fundamental de la convivencia humana. Oremos.
Para que el sostenimiento económico de la comunidad cristiana sea llevada por los mismos creyentes, con su propia contribución, sin vivir de rentas ni de privilegios del Estado. Oremos.
Para que sean muchos los evangelizadores que, como san Pablo, se autofinancien con su propio trabajo, para que resplandezca siempre la evangelización como una tarea gratuita ajena a todo interés lucrativo. Oremos.
Para que cada día prestemos más atención a los templos vivos que son las personas, que a los edificios de piedra. Oremos.
Por los que se declaran cristianos públicamente y están en los puestos donde se toman las decisiones graves sobre la economía del mundo, para que siempre actúen como Dios nos pide: mirando justicia, la fraternidad y la preferencia por los más pobres. Oremos
Para que nuestra asistencia a las celebraciones del templo no sea excusa para declinar nuestro compromiso de trabajar por el bien de las personas. Oremos.
Para la oración comunitaria
Dios de la Vida, Padre todomisericordioso, que nos has señalado como Ley suprema el Amor: ayúdanos construir una comunidad mundial de hermanos y hermanas que, más allá de toda diferencia religiosa o cultural, te den siempre culto en espíritu y en verdad. Por Jesucristo nuestro Señor.
o bien:
Dios de la Vida y del Amor, de quien procede todo don, que has puesto todos los bienes de la Tierra a disposición de toda la Humanidad. No permitas que nadie pase hambre, y haz que todos los que en ti creen sean denodados luchadores contra la corrupción, el acaparamiento y el olvido de los pobres. Como nos enseñó Jesús, tu Hijo, que contigo vive y reina por los siglos de los siglos.
Lunes 27 de marzo de 2000
RUPERTO
2 Re 5, 1-15a: Curación de Naamán, el extranjero.
Salmo responsorial: 41, 2-3; 42, 3-4
Lc 4, 24-30: Ningún profeta es apreciado en su propia tierra
esús proclama su programa misionero basándose en el profeta Isaías. Pero a diferencia del antiguo profeta, Jesús no defiende los métodos violentos para buscar el Reino de Dios. Jesús, por el contrario, habla de un tiempo de gracia de Dios donde las relaciones entre todos los seres humanos son restablecidas y Dios perdona misericordiosamente a todos los pueblos. Esto, por supuesto, no gustó a sus paisanos, que soñaban con un día en que viniera Dios y arrasara a los imperios de turno por medio de la fuerza y con portentos cósmicos.
El descontento hacia Jesús fue creciendo de tal modo que intentaron matarlo. Primero lo sacaron del pueblo, persiguiéndolo y convirtiéndolo en un prófugo o exiliado. Luego, trataron de matarlo como a un hereje despeñándolo por un barranco. Jesús, era visto como un peligroso proscrito y para él ya no había vuelta atrás.
La situación de desprecio, rechazo y burla que Jesús enfrentó en su pueblo lo obligó a abrirse paso entre ellos y alejarse. La distancia que tomó respecto a su propio pueblo le permitió avanzar hacia otras regiones del país e incluso, como lo recalca el texto, ofrecer la salvación a los extranjeros.
Hoy, nosotros debemos abrirnos paso y alejarnos de las expectativas y la ideología que nos impone nuestra sociedad. Como Jesús, debemos abrirnos a horizontes más amplios y cambiar nuestra mentalidad. Sólo de esta manera aprenderemos a vivir "como Dios manda" y a posibilitar que cada día el Reino irrumpa en nuestra vida personal y comunitaria.
Martes 28 de marzo de 2000
OCTAVIO
Dan 3, 25.34-43: Acepta nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde
Salmo responsorial: 24, 4bc-5ab.6-7bc.8-9
Mt 18, 21-35: Perdónanos, como nosotros perdonamos a los que nos ofenden
l relato pone en evidencia dos actitudes completamente opuestas. De un lado, un rey que es capaz de percibir la precaria condición del insolvente empleado y le perdona el enorme monto de la deuda. De otra, la actitud del mismo empleado que es incapaz de comprender la situación del compañero que, aunque le debe una cantidad considerable, es ínfima en comparación con la deuda que le fue perdonada por el rey. La ley que el rey no aplicó al empleado, éste si se la aplicó al compañero. El rey, restablece la situación y pone al empleado en el lugar que le corresponde.
La parábola ilustra muy bellamente una actitud, a veces inconsciente, que asumimos casi todos los seres humanos. La mayor parte de nosotros somos capaces de percibir la gravedad de nuestra propia situación personal, pero somos incapaces de comprender la situación ajena. Estamos dispuestos a acaparar pero no a compartir. Estamos dispuestos a buscar beneficios pero no a otorgarlos. El evangelio cuestiona esta manera de actuar y nos llama a tomar conciencia de nuestras actitudes.
Con esta parábola el evangelio nos recuerda una verdad muy bien expresada en la sentencia popular: "la justicia entra por casa". Mientras no tomemos conciencia de las implicaciones de nuestras actuaciones, difícilmente entenderemos porque con frecuencia procedemos con malos criterios. Si somos cristianos, debemos considerar siempre la situación ajena y a ponernos en el lugar del otro. Y en esto, debemos poner nuestro corazón, porque no es un asunto trivial, sino la cuestión decisiva: sólo la justicia nos salva.
Miércoles 29 de marzo de 2000
GLADYS
Dt 4, 1.5-9: Escucha Israel los mandatos del Señor
Salmo responsorial: 147, 12-13.15-16.19-20
Mt 5, 17-19: No he venido a abolir la ley y los profetas sino a darles plenitud
eneralmente los diez mandamientos son enseñados sin relación con los libros donde están escritos, sin ningún vínculo al contexto que les dio origen. Es más, muchos catequistas no han estudiado en qué situación fueron escritos ni con qué finalidad.
Los diez mandamientos, y otros muchos igualmente importantes, pertenecían a las tradiciones ancestrales de las comunidades de campesinos que conformaban el pueblo de Israel. Estas estaban interesadas en crear unas condiciones mínimas para que los individuos pudieran convivir con dignidad y libertad. Por eso, los diez mandamientos deben ser leídos en su contexto como una ley para un pueblo libre.
Por eso es aconsejable para los catequistas leer el libro del Deuteronomio o el libro del Exodo y comprender que esta ley fue creada para que el pueblo de Dios viviera en paz y justicia. Los mandamientos no eran un asunto trivial o incomprensible; eran leyes que permitían la vida misma del pueblo.
En este mismo sentido, las palabras del evangelio puestas en boca de Jesús nos llaman a comprender el Antiguo Testamento. Se trata de comprender la Biblia para aprender a vivir como pueblo libre y no a repetir de memoria cosas incomprensibles. Nuestras catequesis deben fundamentarse en una lectura comunitaria y pastoral de la Biblia que permita a la comunidad aprender a vivir "como Dios manda".
Jueves 30 de marzo de 2000
AMADEO
Jer 7, 23-28: Aquí está la gente que no escuchó la voz de su Señor
Salmo responsorial: 94, 1-2.6-9
Lc 11, 14-23: El que no está conmigo está contra mí
n una ocasión los discípulos vieron a uno que expulsaba demonios y obraba el bien en nombre de Jesús y trataron de impedírselo porque no pertenecía al grupo. Jesús exhorta a los discípulos para que abandonen esa mentalidad cerrada e intolerante porque a la hora de hacer el bien no existen barreras ni fronteras (Lc 9, 49-50).
En el episodio de hoy ocurre todo lo contrario. Mientras Jesús expulsa a un demonio mudo o, en otras palabras, libera una persona que estaba agobiada por unos temores que le impedían expresarse libremente, algunos de los presentes comienzan a murmurar. Lo descalifican y atribuyen sus gestos liberadores a potencias malignas y malvadas. Jesús, intuyendo las reacciones propias de las mentalidades cerradas, conservadoras y obtusas, encara a sus adversarios y pone al descubierto la mala intención con la que juzgan las acciones ajenas. Y sobre todo, pone al descubierto la incapacidad de este tipo de mentalidad para obrar el bien.
Liberar al ser humano y compadecerse del marginado son expresiones inequívocas de que el Reino de Dios irrumpe en la historia. Manifestarse en contra de la solidaridad con las personas que sufren como lo hicieron aquellos que descalificaron a Jesús es oponerse a la obra de Dios. Porque a la hora de hacer el bien, quien no esté a favor de la humanidad oprimida, está en contra de Jesús: "el que no está conmigo está contra mí; y el que no cosecha conmigo, desparrama".
Hoy, nosotros debemos ser conscientes del peligro que entrañan las mentalidades cerradas. Porque, respetando su particular manera de pensar, nuestro deber es abrir el corazón y el entendimiento del mayor número de personas para que el Reino de Dios siga acercándose -y aconteciendo ya- en la solidaridad, en la tolerancia y en la liberación de todos los que sufren.
Viernes 31 de marzo de 2000
BENJAMÍN
Hos 14, 2-10: No volveremos a divinizar las obras de nuestras manos
Salmo responsorial: 80, 6c-11ab.14.17
Mc 12. 28b-34: Amar al prójimo vale más que todos los sacrificios y holocaustos
l ser humano siempre ha estado en el peligro de divinizar las cosas, los objetos, las instituciones. Tentación que no pocas veces se ha hecho realidad y que hoy continúa desafiando la conciencia humana.
En la antigüedad era corriente que se divinizaran los lugares, los objetos de culto y, sobretodo, las imágenes que representaban a la divinidad. Actitud que aunque parezca ingenua y superada representa un gran peligro: si se divinizan las cosas se olvida que lo más sagrado es la vida del ser humano.
Con el paso del tiempo, se superó la divinización de las cosas y se comenzó a sacralizar las acciones de fuerza, los ejércitos poderosos, los guerreros audaces e, incluso, la guerra misma. Los profetas, como Oseas, estuvieron atentos a denunciar esta actitud y a descubrir el peligro que suponía. Divinizar la guerra y el poder militar es legitimar la muerte de las personas inocentes.
En el tiempo de Jesús estaban sacralizadas las instituciones y, especialmente, las leyes que las sostenían. Por esta razón, Él invita a los juristas a recuperar el valor de la dignidad humana como fundamento del derecho y principio rector de cualquier legislación. Las leyes deben estar al servicio del ser humano y no el ser humano al servicio de la voluntad de los legisladores.
Hoy padecemos una situación similar, pero juntando todas las idolatrías. Se rinde culto a las cosas, a los automóviles lujosos, a los palacios, a las edificaciones suntuosas. Se rinde tributo a la guerra, y se desarrolla, sin el menor escrúpulo, la carrera armamentista. Se persiguen ciertos negocios ilícitos pero se hace la vista gorda frente al lucrativo negocio de la guerra. Se sacraliza instituciones y normas, pero se ignora la voz de la mayoría y de la minoría. En fin, se idolatra la posesión de cosas, poderes, dinero, prestigio e influencia... para ignorar que lo único sagrado es la vida, toda vida, en especial, la vida del ser humano.